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La adolescencia es una etapa de cambios y desafíos tanto para los jóvenes como para sus padres. Establecer una relación sana y estable durante estos años puede marcar la diferencia en el desarrollo de los hijos. La crianza positiva se presenta como una herramienta fundamental para lograr este objetivo.
La crianza positiva se basa en el respeto mutuo, la comunicación abierta y el establecimiento de límites claros y consistentes. No se trata de ser permisivos, sino de guiar a los adolescentes de manera que se sientan apoyados y comprendidos. Uno de los pilares de la crianza positiva es la comunicación. Hablar con los hijos sobre sus inquietudes, sueños y frustraciones crea un ambiente de confianza donde se sienten seguros para compartir sus pensamientos y sentimientos. Escuchar activamente, sin juzgar, es esencial para fortalecer este vínculo.
Establecer límites claros y consistentes es otro aspecto crucial. Los adolescentes necesitan saber cuáles son las expectativas y las consecuencias de sus actos. Estos límites deben ser razonables y explicados, fomentando así la responsabilidad y el respeto por las normas. La flexibilidad también es importante; a medida que los adolescentes demuestran madurez, los límites pueden ajustarse gradualmente.
El apoyo emocional es vital durante la adolescencia. Los jóvenes necesitan sentir que sus padres están ahí para ellos, ofreciéndoles aliento y comprensión. Celebrar sus logros, por pequeños que sean, y brindarles consuelo en los momentos difíciles fortalece su autoestima y resiliencia.
La crianza positiva también implica modelar comportamientos saludables. Los padres que demuestran respeto, empatía y responsabilidad están enseñando a sus hijos valiosas lecciones sobre cómo interactuar con los demás. Además, es importante fomentar la autonomía de los adolescentes, permitiéndoles tomar decisiones y asumir responsabilidades acordes a su edad. Esto les ayuda a desarrollar su identidad y a prepararse para la vida adulta.
La crianza positiva es una herramienta poderosa para construir relaciones sanas y estables con los adolescentes. A través de la comunicación, el establecimiento de límites claros, el apoyo emocional y el modelado de comportamientos saludables, los padres pueden guiar a sus hijos durante esta etapa crucial de sus vidas, fomentando su bienestar y desarrollo integral.
Ejemplo de Cómo Establecer Límites: Uso de Dispositivos Electrónicos
Situación: Tu hijo adolescente pasa demasiado tiempo usando el celular, afectando sus estudios y su descanso.
Pasos para Establecer Límites de Manera Efectiva:
Comunicación Abierta y Diálogo:
Acción: Habla con tu hijo sobre tus preocupaciones de manera calmada y respetuosa.
Ejemplo: "Hijo, he notado que últimamente estás pasando mucho tiempo con el celular. Me preocupa que esto pueda afectar tus estudios y tu descanso. ¿Cómo te sientes al respecto?"
Definir las Preocupaciones:
Acción: Explica claramente por qué te preocupa el uso excesivo del celular.
Ejemplo: "Me preocupa que no estés durmiendo lo suficiente, que estés descuidando tus tareas escolares y que estés perdiendo tiempo para otras actividades importantes como hacer ejercicio o pasar tiempo con amigos y familia."
Establecer Límites Claros y Específicos:
Acción: Define límites concretos y realistas sobre el uso del celular.
Ejemplo:
"Durante la semana, el celular se usará solo para tareas escolares y para comunicarte con nosotros. Después de las 9 PM, el celular se dejará en la sala para asegurar un buen descanso."
"Los fines de semana, tendrás más flexibilidad, pero deberás cumplir con tus responsabilidades y dedicar tiempo a otras actividades."
"Durante las comidas, no se usará el celular para fomentar la conversación familiar."
Explicar las Razones Detrás de los Límites:
Acción: Justifica los límites explicando los beneficios para su bienestar y desarrollo.
Ejemplo: "Estos límites están pensados para ayudarte a concentrarte en tus estudios, asegurar que duermas lo suficiente y fomentar un equilibrio saludable entre la tecnología y otras actividades importantes."
Involucrar al Adolescente en la Creación de los Límites:
Acción: Permite que tu hijo participe en la definición de los límites para que se sienta más comprometido.
Ejemplo: "¿Qué te parece si establecemos juntos un horario de uso del celular que te permita cumplir con tus responsabilidades y disfrutar de tu tiempo libre? ¿Tienes alguna sugerencia?"
Establecer Consecuencias Claras y Consistentes:
Acción: Define qué sucederá si no se cumplen los límites establecidos.
Ejemplo: "Si no cumples con los límites de uso del celular, perderás el privilegio de usarlo durante un día. Si sigues sin cumplir, tendremos que revisar el acuerdo y buscar otras soluciones."
Seguimiento y Revisión:
Acción: Realiza un seguimiento regular para evaluar si los límites están funcionando y ajustarlos si es necesario.
Ejemplo: "Vamos a revisar este acuerdo en dos semanas para ver cómo te sientes y si necesitamos hacer algún ajuste. ¿Te parece bien?"
Refuerzo Positivo:
Acción: Reconoce y elogia los esfuerzos de tu hijo por cumplir con los límites.
Ejemplo: "Estoy muy orgulloso de cómo estás manejando el uso del celular. Veo que estás más concentrado en tus estudios y que estás durmiendo mejor. ¡Sigue así!"
Puntos Clave:
Consistencia: Aplica los límites de manera consistente para que tu hijo entienda que son serios.
Flexibilidad: Ajusta los límites a medida que tu hijo demuestre responsabilidad y madurez.
Comunicación: Mantén una comunicación abierta para abordar cualquier problema o inquietud que surja.
Respeto: Trata a tu hijo con respeto y escucha sus opiniones.
Al seguir estos pasos, puedes establecer límites efectivos que promuevan el bienestar de tu hijo adolescente, fomentando un equilibrio saludable en su vida y fortaleciendo vuestra relación.

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La IA está transformando rápidamente el mundo educativo que conocemos, y es crucial que tanto docentes como padres de familia comprendan su impacto para preparar a las futuras generaciones. El desarrollo de los niños y jóvenes, y qué medidas podemos tomar para asegurar un futuro positivo y equitativo.
En el ámbito educativo, la IA ofrece herramientas innovadoras que pueden personalizar el aprendizaje y mejorar la eficiencia en el aula. Los sistemas de tutoría inteligente, por ejemplo, pueden adaptarse al ritmo y estilo de aprendizaje de cada estudiante, proporcionando retroalimentación individualizada y apoyo adicional donde sea necesario. Además, la IA puede ayudar a los docentes a automatizar tareas administrativas, como la calificación de exámenes y la gestión de recursos, liberando tiempo para que puedan enfocarse en la enseñanza y el desarrollo socioemocional de los estudiantes.
Sin embargo, es fundamental abordar los desafíos que plantea la IA en la educación. Uno de los principales es la necesidad de desarrollar habilidades que no pueden ser fácilmente automatizadas, como el pensamiento crítico, la creatividad, la colaboración y la resolución de problemas complejos. Los docentes deben integrar estas habilidades en la planeación e clase y fomentar un enfoque de aprendizaje basado en proyectos y experiencias prácticas.
Para los padres de familia, es importante comprender cómo la IA está afectando el desarrollo de sus hijos. Si bien la tecnología puede ofrecer oportunidades de aprendizaje y entretenimiento, también es crucial establecer límites y promover un equilibrio saludable entre el tiempo de pantalla y otras actividades. Además, los padres deben fomentar la curiosidad y el interés por la ciencia y la tecnología, alentando a sus hijos a explorar cómo funciona la IA y cómo pueden utilizarla de manera creativa y responsable.
Es fundamental enseñar a los niños y jóvenes sobre los valores éticos y la importancia de utilizar la tecnología de manera responsable y respetuosa. Los padres y docentes deben fomentar la reflexión crítica sobre los sesgos en los algoritmos y la necesidad de garantizar la privacidad y la seguridad en línea.
La inteligencia artificial ofrece oportunidades emocionantes para mejorar la educación y el desarrollo de los niños y jóvenes. Sin embargo, es fundamental abordar los desafíos y consideraciones éticas que plantea esta tecnología. Trabajando juntos, docentes y padres de familia pueden preparar a las futuras generaciones para prosperar en un mundo cada vez más impulsado por la IA, fomentando habilidades esenciales, valores éticos y un enfoque de aprendizaje continuo.
En este 2026 la IA está transformando el panorama global a una velocidad sin precedentes, y su influencia en la educación y el desarrollo de nuestros jóvenes es innegable. Para docentes y padres de familia, comprender este impacto es esencial para preparar a las futuras generaciones para un mundo cada vez más impulsado por la tecnología. Este ensayo profundiza en cómo la IA está modelando la educación, qué habilidades debemos fomentar y cómo podemos abordar los desafíos éticos y prácticos que surgen.
IA en el Aula: Personalización y Eficiencia
La IA ofrece herramientas revolucionarias que pueden personalizar el aprendizaje y optimizar la gestión del aula. Aquí hay algunos ejemplos concretos:
Sistemas de Tutoría Inteligente: Plataformas como Knewton y ALEKS utilizan algoritmos de IA para adaptar el contenido y la dificultad de las lecciones al nivel de cada estudiante. Estos sistemas identifican las áreas donde un estudiante tiene dificultades y proporcionan ejercicios y explicaciones adicionales para reforzar la comprensión.
Herramientas de Evaluación Automatizada: La IA puede calificar exámenes y tareas de manera eficiente, liberando a los docentes para que se enfoquen en la retroalimentación individualizada y la planificación de lecciones. Por ejemplo, Gradescope utiliza IA para calificar exámenes escritos a mano, proporcionando retroalimentación detallada y ahorrando tiempo a los docentes.
Plataformas de Aprendizaje Adaptativo: DreamBox Learning utiliza IA para personalizar la enseñanza de matemáticas, adaptando el contenido y la dificultad de los problemas al nivel de cada estudiante. Estas plataformas también proporcionan informes detallados a los docentes, permitiéndoles identificar las áreas donde los estudiantes necesitan apoyo adicional.
Asistentes Virtuales para la Educación: Chatbots y asistentes virtuales pueden responder preguntas de los estudiantes, proporcionar información y ayudar con tareas administrativas. Por ejemplo, algunos distritos escolares están utilizando chatbots para responder preguntas frecuentes de los padres y estudiantes, liberando al personal escolar para que se enfoque en tareas más complejas.
Desafíos y Habilidades Clave para el Futuro
A pesar de los beneficios, la IA también plantea desafíos importantes. La automatización puede desplazar ciertos trabajos, lo que significa que debemos preparar a los estudiantes con habilidades que no pueden ser fácilmente replicadas por las máquinas:
Pensamiento Crítico: Enseñar a los estudiantes a analizar información de manera objetiva, evaluar argumentos y tomar decisiones informadas es crucial en un mundo inundado de información.
Creatividad e Innovación: Fomentar la capacidad de generar ideas originales, resolver problemas de manera creativa y adaptarse a nuevas situaciones es esencial para el éxito en el siglo XXI.
Colaboración y Comunicación: Enseñar a los estudiantes a trabajar en equipo, comunicarse eficazmente y construir relaciones interpersonales sólidas es fundamental en un mundo cada vez más conectado.
Alfabetización Digital y Tecnológica: Los estudiantes deben comprender cómo funciona la IA, cómo se utiliza en diferentes contextos y cómo pueden utilizarla de manera ética y responsable.
El Rol de los Padres: Guía y Apoyo
Los padres juegan un papel crucial en la preparación de sus hijos para un mundo impulsado por la IA:
Fomentar la Curiosidad: Anime a sus hijos a explorar la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM). Visiten museos de ciencia, participen en talleres de robótica y programación, y fomenten su interés por aprender cómo funcionan las cosas.
Establecer Límites Saludables: Equilibre el tiempo de pantalla con actividades al aire libre, deportes, lectura y tiempo en familia. Establezca límites claros sobre el uso de dispositivos electrónicos y fomente hábitos saludables.
Promover la Ética Digital: Hable con sus hijos sobre la importancia de la privacidad en línea, el respeto en las redes sociales y la responsabilidad en el uso de la tecnología. Enséñeles a identificar noticias falsas y a evaluar la información de manera crítica.
Apoyar el Aprendizaje Continuo: Anime a sus hijos a seguir aprendiendo a lo largo de toda su vida. La IA está cambiando rápidamente el mundo, y es importante que estén preparados para adaptarse a nuevas tecnologías y desafíos.
Ejemplos Prácticos para Padres:
Code.org: Ofrece cursos gratuitos de programación para niños y adolescentes, desde principiantes hasta niveles avanzados.
Scratch: Una plataforma de programación visual desarrollada por el MIT que permite a los niños crear juegos, animaciones e historias interactivas.
Common Sense Media: Proporciona reseñas y recomendaciones de películas, juegos, aplicaciones y sitios web, ayudando a los padres a tomar decisiones informadas sobre el contenido que consumen sus hijos.
Consideraciones Éticas y el Futuro de la IA
Es fundamental abordar las consideraciones éticas en el desarrollo y uso de la IA. Debemos asegurarnos de que la IA se utilice de manera justa, equitativa y responsable, y que no perpetúe sesgos o discriminaciones. Los docentes y padres deben fomentar la reflexión crítica sobre estos temas y preparar a los estudiantes para ser ciudadanos digitales responsables.
La inteligencia artificial ofrece oportunidades sin precedentes para mejorar la educación y preparar a las futuras generaciones para un mundo en constante cambio. Al comprender su impacto, fomentar habilidades clave y abordar los desafíos éticos, docentes y padres de familia pueden trabajar juntos para asegurar un futuro positivo y equitativo para todos.

 

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La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una de las tecnologías más transformadoras del siglo XXI. Su desarrollo acelerado está revolucionando múltiples sectores, desde la industria y la medicina hasta la educación y el entretenimiento. El impacto de la IA es profundo y multifacético, afectando tanto la economía como la vida cotidiana de las personas. Este ensayo explora los principales efectos de la inteligencia artificial, destacando sus beneficios, desafíos y consideraciones éticas.
En primer lugar, la IA ha impulsado una gran eficiencia en procesos productivos y administrativos. Automatizar tareas repetitivas y análisis de grandes volúmenes de datos permite a las empresas optimizar recursos y tomar decisiones más informadas. Por ejemplo, en el sector salud, los sistemas de IA contribuyen a diagnósticos más precisos y personalizados, mejorando el tratamiento de enfermedades y salvando vidas. Asimismo, en la industria manufacturera, la robótica inteligente ha aumentado la precisión y la velocidad de producción, reduciendo costos y errores humanos.
Sin embargo, este avance tecnológico también presenta desafíos significativos. Uno de los principales es la preocupación por la pérdida de empleos debido a la automatización. Muchas tareas que antes requerían intervención humana están siendo sustituidas por sistemas inteligentes, lo que puede generar desempleo y aumentar la desigualdad social si no se gestionan adecuadamente las transiciones laborales. Además, la dependencia creciente de la IA plantea riesgos en términos de privacidad y seguridad, ya que el manejo de datos personales sensibles puede ser vulnerable a abusos o ciberataques.
Otro aspecto crucial del impacto de la IA es el debate ético. La toma de decisiones automatizada puede involucrar sesgos presentes en los datos con los que se entrenan los algoritmos, lo que podría perpetuar discriminaciones o injusticias. Por ello, es fundamental desarrollar marcos regulatorios y normativas que garanticen la transparencia, la responsabilidad y el respeto por los derechos humanos en el uso de estas tecnologías.
En conclusión, la inteligencia artificial representa una herramienta poderosa que puede transformar positivamente la sociedad si se utiliza con responsabilidad y ética. Sus beneficios en eficiencia y avance científico son innegables, pero también es necesario abordar los retos sociales y éticos que conlleva. Solo así se podrá maximizar su potencial para mejorar la calidad de vida de las personas y construir un futuro más justo e inclusivo.

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Un nuevo comienzo

Hoy empiezo a escribir porque31082694655?profile=RESIZE_400x siento que algo dentro de mí necesita ordenarse. No solo mis apuntes, mis horarios o mis tareas atrasadas, sino también mis pensamientos. Comenzar el segundo semestre de la preparatoria se siente diferente al primero. Ya no es ese inicio lleno de nervios por no conocer a nadie o por no saber dónde están los salones. Ahora es más profundo, más interno. Es como si este semestre no solo fuera una nueva etapa escolar, sino una oportunidad real de mejorar, de demostrarme que puedo hacerlo mejor que antes.

El primer semestre fue un golpe de realidad. Llegué a la prepa con muchas expectativas, creyendo que sería parecido a la secundaria, pero no lo fue. Las materias son más pesadas, los profesores exigen más y nadie te está recordando a cada rato que entregues tareas o estudies para un examen. Al principio me sentí perdida. Hubo días en los que llegaba a casa cansada, con la mochila llena de libros y la cabeza llena de dudas. Me preguntaba si de verdad era capaz, si estaba a la altura, si no me estaba quedando atrás sin darme cuenta.

Reconozco que no di lo mejor de mí en el semestre pasado. Me confié. Dejé trabajos para después, estudié a medias y muchas veces preferí el celular o dormir en lugar de repasar. No fue que no me importara la escuela, sino que no supe organizarme ni manejar la presión. Cuando llegaron las calificaciones, sentí una mezcla de alivio y decepción. Pasé, sí, pero sabía que podía haberlo hecho mucho mejor. Y eso fue lo que más me dolió: no haber dado todo.

Ahora, al iniciar el semestre dos, siento una especie de compromiso conmigo misma. No es solo “echarle más ganas”, como dicen los adultos, sino entender que mi esfuerzo tiene consecuencias reales. Quiero mejorar escolarmente porque quiero sentir orgullo de mí, no solo cumplir. Quiero abrir mis libretas y saber que ahí está reflejado mi esfuerzo, mis desvelos, mis intentos, incluso mis errores, pero sobre todo mi crecimiento.

El primer día de clases de este semestre me senté en el salón con otra actitud. Observé a mis compañeros, a los mismos de siempre, pero algo era distinto. Algunos hablaban de las materias que reprobaron, otros de lo poco que durmieron en vacaciones. Yo, en silencio, pensé en mis metas. No son metas imposibles ni exageradas. No quiero ser perfecta ni sacar puros dieces, solo quiero mejorar, entender más, participar sin miedo y dejar de subestimarme.

Una de las cosas que más quiero cambiar es mi forma de estudiar. Antes lo hacía solo cuando ya no había opción, cuando el examen estaba encima. Ahora quiero intentar algo diferente: repasar poco a poco, preguntar cuando no entienda y no quedarme con la duda por vergüenza. Me cuesta aceptar que no entiendo algo, porque siento que eso me hace ver menos inteligente, pero estoy aprendiendo que preguntar también es una forma de ser valiente.

También quiero mejorar mi organización. Tener una agenda, anotar fechas importantes y no confiar solo en mi memoria. Parece algo simple, pero para mí es un reto. A veces mi mente está tan llena de pensamientos que se me olvidan las cosas más básicas. Quiero aprender a darme tiempo, a no saturarme y a entender que descansar también es parte del proceso, pero sin caer en la procrastinación.

Este semestre también quiero trabajar en mi confianza. Muchas veces sé la respuesta, pero no levanto la mano. Tengo miedo de equivocarme, de que se rían o de sonar tonta. Pero he entendido que equivocarse es parte del aprendizaje. Nadie nace sabiendo y la prepa no es solo para memorizar, sino para aprender a pensar, a cuestionar y a crecer. Quiero atreverme más, hablar más, creer más en mí.

A veces siento presión, no solo por la escuela, sino por el futuro. Todos preguntan qué quiero estudiar, qué quiero ser, qué voy a hacer después. La verdad es que no siempre lo sé. Hay días en los que tengo todo claro y otros en los que me siento completamente perdida. Pero he aprendido que no tener todas las respuestas no significa que esté fallando. Significa que estoy en proceso, y eso también vale.

Mis ganas de mejorar escolarmente no vienen solo de las calificaciones, sino de lo que quiero construir para mí. Quiero demostrarme que puedo ser constante, responsable y disciplinada. No porque alguien me obligue, sino porque yo lo decido. Quiero dejar atrás la versión de mí que se rendía fácil y darle espacio a una versión más fuerte, más segura y más comprometida.

Sé que no será fácil. Habrá días en los que me sienta cansada, desmotivada o frustrada. Habrá exámenes difíciles, tareas largas y momentos en los que quiera tirar la toalla. Pero esta vez quiero recordarme por qué empecé. Quiero recordar esta sensación de inicio, de esperanza, de ganas de hacerlo mejor. Quiero volver a este diario cuando dude de mí y leer estas palabras como un recordatorio de que sí me importa y de que sí puedo.

El semestre dos representa para mí una segunda oportunidad. No para borrar errores, sino para aprender de ellos. Para crecer no solo como estudiante, sino como persona. Quiero aprender a ser más responsable, más paciente conmigo misma y más consciente de mis capacidades. No sé exactamente cómo terminará este semestre, pero sí sé cómo quiero vivirlo: con esfuerzo, con intención y con ganas reales de mejorar.

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¿Qué hace realmente la UNESCO?

Tal vez conozcas el nombre, pero ¿conoces el alcance completo de nuestra misión? Desde 1945, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha estado a la vanguardia de la cooperación internacional en los ámbitos de la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación. Desde la protección de los sitios del Patrimonio Mundial hasta el impulso de la educación inclusiva, la promoción de la libertad de expresión y el apoyo a la innovación científica, trabajamos con países y comunidades para construir un futuro más sostenible. Descubra un vistazo de nuestro impacto global y por qué nuestro trabajo es más importante que nunca. Más información: https://www.unesco.org/es

 

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Aunque muchas veces se normaliza, deja huellas profundas en el cuerpo y en la mente. Una de sus manifestaciones más frecuentes31079189685?profile=RESIZE_400x es la cefalea tensional o cefalea temporal, ese dolor persistente que aparece en las sienes, rodea la cabeza como una banda apretada y acompaña las jornadas largas frente al grupo, la presión administrativa y la carga emocional que implica educar. No se trata únicamente de un malestar físico aislado, sino de una señal clara de que algo en el equilibrio entre las exigencias laborales y el bienestar personal se está rompiendo.
La labor docente exige una atención constante, una vigilancia emocional permanente y una capacidad de respuesta inmediata ante múltiples estímulos. Planear clases, evaluar, atender a estudiantes con diversas necesidades, cumplir con informes, reuniones y capacitaciones, todo en un contexto donde el tiempo parece nunca alcanzar, genera una tensión acumulada que el cuerpo termina expresando. La cefalea temporal suele aparecer al final del día o en momentos de mayor presión, cuando los músculos del cuello, los hombros y la mandíbula se mantienen rígidos durante horas, reflejando un estado de alerta continua que no encuentra descanso.
A este desgaste físico se suma el peso emocional del trabajo educativo. Los docentes no solo transmiten conocimientos, también contienen emociones, escuchan problemas familiares, enfrentan conflictos escolares y, muchas veces, lidian con la falta de reconocimiento social. Esta carga emocional, cuando no se canaliza adecuadamente, se convierte en estrés crónico. El dolor de cabeza entonces deja de ser ocasional y se vuelve recurrente, afectando la concentración, el estado de ánimo y la calidad de vida, tanto dentro como fuera del aula.
La cefalea temporal en los docentes también está relacionada con hábitos que se van deteriorando conforme avanza el ciclo escolar. Horas prolongadas frente a pantallas, mala postura al calificar o preparar materiales, escasa hidratación y pocas pausas reales de descanso intensifican el problema. El cuerpo, sometido a estas condiciones, responde con dolor como una forma de advertencia. Sin embargo, muchos maestros continúan trabajando a pesar del malestar, minimizando los síntomas y postergando el cuidado personal en favor de las responsabilidades escolares.
Hablar del estrés y de la cefalea temporal en los docentes es reconocer que la educación no solo se construye con vocación, sino también con condiciones humanas y saludables de trabajo. Atender estas señales implica promover una cultura escolar que valore el bienestar docente, fomente espacios de descanso, autocuidado y apoyo emocional, y reconozca que un maestro saludable física y emocionalmente enseña mejor. Ignorar estos síntomas no los hace desaparecer; al contrario, los profundiza. Escuchar al cuerpo, nombrar el cansancio y buscar equilibrio no es una debilidad, sino un acto de responsabilidad profesional y personal.

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¿De dónde viene la creatividad?

La creatividad ha sido, desde siempre, una de las capacidades humanas más fascinantes y difíciles de encasillar. No surge de un31065475253?profile=RESIZE_400x solo lugar ni responde a una fórmula única, pues es el resultado de una compleja interacción entre la mente, la experiencia, la emoción y el entorno. Preguntarse de dónde viene la creatividad implica reconocer que no es un don exclusivo de unos cuantos, sino una posibilidad presente en todas las personas, aunque se manifieste de formas distintas y en momentos diferentes de la vida.
En su origen, la creatividad nace de la curiosidad y del asombro. Desde la infancia, el ser humano observa el mundo con ojos nuevos, pregunta sin temor y juega con ideas, objetos y palabras. Ese impulso natural por explorar y experimentar es una de las raíces más profundas de la creatividad. Cuando una persona se permite cuestionar lo establecido y mirar la realidad desde otras perspectivas, comienza a gestarse el pensamiento creativo. La imaginación, lejos de ser una evasión de la realidad, es una manera de reinterpretarla y transformarla.
La experiencia también juega un papel fundamental en el desarrollo de la creatividad. Todo lo que una persona vive, lee, escucha y siente se convierte en material disponible para crear. Las ideas no aparecen de la nada; se construyen a partir de recuerdos, conocimientos previos y vivencias acumuladas. Incluso los errores, los fracasos y las dificultades alimentan la creatividad, ya que obligan a buscar nuevas soluciones y caminos alternativos. En este sentido, la creatividad surge muchas veces de la necesidad, del conflicto o del deseo de cambiar una situación.
Las emociones son otro origen esencial de la creatividad. La alegría, la tristeza, el miedo, el amor o la frustración pueden convertirse en motores creativos cuando se transforman en expresión. Muchas obras artísticas, innovaciones y propuestas educativas nacen de una intensa carga emocional que encuentra salida a través de la creación. La creatividad permite dar forma a lo que se siente, comunicar lo que a veces no puede decirse con palabras directas y encontrar sentido a las experiencias humanas.
El entorno social y cultural también influye de manera decisiva. La creatividad se fortalece en espacios donde se valora la libertad de pensamiento, la diversidad de ideas y el respeto por la diferencia. Por el contrario, se debilita en contextos rígidos, donde el error es castigado y la repetición es más importante que la exploración. La escuela, la familia y la sociedad tienen la responsabilidad de crear ambientes que estimulen la creatividad, promoviendo la pregunta, el diálogo y la experimentación como parte natural del aprendizaje.
Finalmente, la creatividad se alimenta de la práctica y la perseverancia. No es un acto aislado ni un momento de inspiración repentina, sino un proceso que se construye con el tiempo. Crear implica observar, intentar, equivocarse, reflexionar y volver a intentar. Cuando una persona se da permiso para crear sin miedo al juicio, descubre que la creatividad no llega de fuera, sino que se activa desde dentro, a partir de su capacidad de pensar, sentir y transformar la realidad.
La creatividad viene de múltiples fuentes que se entrelazan: la curiosidad, la experiencia, la emoción, el entorno y la práctica constante. Es una capacidad profundamente humana que se desarrolla cuando se cultiva con libertad y confianza. Reconocer su origen nos permite entender que todos podemos ser creativos y que, al fomentar la creatividad, no solo generamos ideas nuevas, sino también formas más humanas y conscientes de habitar el mundo.

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Hablemos de las rutinas del pensamiento

Las rutinas del pensamiento son estrategias pedagógicas diseñadas para hacer visible el pensamiento de los estudiantes y31065474068?profile=RESIZE_400x promover una comprensión profunda del aprendizaje. Más que actividades aisladas, constituyen prácticas constantes que ayudan a los alumnos a organizar sus ideas, reflexionar, cuestionar, argumentar y construir significado a partir de la información que reciben. Su valor radica en que colocan al pensamiento en el centro del proceso educativo, desplazando la enseñanza basada únicamente en la memorización hacia una educación que fomenta la comprensión, la metacognición y el aprendizaje consciente.
Estas rutinas parten de la idea de que pensar no es un acto automático ni espontáneo en todos los casos, sino una habilidad que puede enseñarse, practicarse y fortalecerse. Cuando un estudiante aprende a observar con atención, a preguntarse por qué ocurren las cosas, a relacionar conocimientos previos con nuevos aprendizajes y a expresar sus ideas con claridad, está desarrollando una forma de pensar más estructurada y profunda. Las rutinas del pensamiento ofrecen un marco sencillo y repetible que guía este proceso, permitiendo que los alumnos se acostumbren a pensar de manera reflexiva y crítica en diferentes contextos.
Uno de los aspectos más relevantes de las rutinas del pensamiento es su carácter cotidiano. No se trata de ejercicios complejos ni de estrategias exclusivas para ciertos niveles educativos, sino de prácticas breves y accesibles que pueden integrarse de manera natural en cualquier asignatura. Al repetirse con frecuencia, estas rutinas se convierten en hábitos mentales que acompañan al alumno dentro y fuera del aula. De esta forma, el pensamiento deja de ser algo implícito o invisible y se transforma en un proceso explícito que puede compartirse, discutirse y enriquecerse colectivamente.
En el aula, las rutinas del pensamiento favorecen un clima de participación activa y respeto por las ideas de los demás. Al invitar a los estudiantes a expresar lo que piensan, lo que saben, lo que se preguntan o lo que descubren, se reconoce la diversidad de perspectivas y se fortalece el diálogo. El error deja de verse como un fracaso y se entiende como una oportunidad para aprender, ya que el énfasis no está en la respuesta correcta, sino en el proceso de razonamiento que conduce a ella. Esto contribuye a que los alumnos desarrollen confianza en sus propias ideas y se atrevan a participar sin temor.
Desde el punto de vista del aprendizaje significativo, las rutinas del pensamiento permiten que el conocimiento se construya de manera más sólida. Al reflexionar sobre lo aprendido, establecer conexiones y profundizar en los conceptos, los estudiantes logran una comprensión más duradera. Estas rutinas ayudan a evitar el aprendizaje superficial, en el que la información se memoriza solo para ser olvidada poco después. En cambio, promueven un aprendizaje que se integra a la experiencia personal del alumno y puede aplicarse en nuevas situaciones.
El papel del docente es fundamental en la implementación de las rutinas del pensamiento. Más que transmitir contenidos, el maestro se convierte en un mediador que guía, escucha y plantea preguntas que estimulan la reflexión. Esto implica un cambio en la práctica educativa tradicional, ya que el docente debe estar dispuesto a ceder protagonismo al pensamiento del alumno y valorar sus procesos, incluso cuando estos no sean inmediatos o perfectamente estructurados. Al modelar el pensamiento reflexivo y utilizar un lenguaje que invite a cuestionar y analizar, el docente contribuye de manera decisiva a la formación de estudiantes autónomos y críticos.
Las rutinas del pensamiento también tienen un impacto significativo en el desarrollo del aprendizaje permanente. Al acostumbrarse a reflexionar sobre lo que aprenden, los alumnos adquieren herramientas que les serán útiles a lo largo de toda su vida. Aprenden a hacerse preguntas, a analizar información, a tomar decisiones fundamentadas y a adaptarse a contextos cambiantes. En una sociedad donde el acceso a la información es constante, estas habilidades resultan esenciales para discernir, comprender y actuar de manera responsable.
Además, estas rutinas favorecen la equidad educativa, ya que brindan a todos los estudiantes la oportunidad de expresar su pensamiento, independientemente de su nivel académico o estilo de aprendizaje. Al centrarse en el proceso y no solo en el resultado, se reconocen los avances individuales y se fortalece la inclusión. Cada alumno encuentra un espacio para pensar, compartir y aprender a su propio ritmo, lo que contribuye a una educación más humana y justa.
Las rutinas del pensamiento representan una poderosa herramienta para transformar la enseñanza y el aprendizaje. Al hacer visible el pensamiento, promueven la reflexión, la comprensión profunda y el desarrollo de habilidades cognitivas y emocionales esenciales. Su integración en el aula no solo mejora el aprendizaje académico, sino que forma personas capaces de pensar críticamente, dialogar con respeto y aprender de manera permanente. En un mundo que exige cada vez más pensamiento autónomo y consciente, las rutinas del pensamiento no son una opción secundaria, sino una necesidad educativa fundamental.

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La curiosidad del alumno y su aprendizaje permanente

La curiosidad es una de las fuerzas más poderosas en el proceso educativo y, al mismo tiempo, una de las más frágiles si no se cuida31065473055?profile=RESIZE_400x adecuadamente. En el alumno, la curiosidad nace de manera natural: es ese impulso interno que lo lleva a preguntar, a explorar, a querer comprender el porqué de las cosas. Desde la infancia, el aprendizaje surge como una consecuencia directa de la curiosidad; el estudiante aprende no solo porque se le enseña, sino porque desea saber. Cuando esta curiosidad se estimula, el aprendizaje deja de ser una obligación y se transforma en una experiencia significativa y duradera.
El aprendizaje permanente encuentra en la curiosidad su principal motor. Un alumno curioso no se conforma con memorizar respuestas, sino que busca entender, relacionar y aplicar lo aprendido a nuevas situaciones. Esta actitud lo acompaña más allá del aula, pues aprende a aprender, a cuestionar la información y a mantenerse abierto al cambio. En un mundo que se transforma constantemente, donde el conocimiento se renueva a gran velocidad, la curiosidad permite que el estudiante continúe aprendiendo a lo largo de toda su vida, adaptándose a nuevos retos personales, académicos y profesionales.
Sin embargo, la curiosidad puede verse afectada por prácticas educativas rígidas que privilegian la repetición, la evaluación punitiva o la respuesta única correcta. Cuando el alumno siente que preguntar es molesto, equivocarse es un fracaso o pensar diferente no es bien recibido, su curiosidad se debilita. En cambio, cuando el entorno escolar valora las preguntas, promueve la exploración y reconoce el error como parte del aprendizaje, el estudiante desarrolla confianza para investigar y profundizar en su conocimiento. El papel del docente es fundamental en este proceso, ya que su actitud puede abrir o cerrar las puertas a la curiosidad del alumno.
La curiosidad también está estrechamente ligada a la motivación y a la autonomía. Un alumno curioso asume un rol activo en su aprendizaje, se involucra, busca información por iniciativa propia y establece conexiones entre lo que aprende y su realidad. Este tipo de aprendizaje no se olvida con facilidad, porque tiene sentido y propósito. Además, fomenta habilidades como el pensamiento crítico, la creatividad y la resolución de problemas, indispensables para una formación integral.
En definitiva, la curiosidad no es un rasgo menor ni una simple característica infantil, sino la base del aprendizaje permanente. Cuidarla y fortalecerla es una responsabilidad compartida entre la escuela, la familia y la sociedad. Educar alumnos curiosos es formar personas capaces de seguir aprendiendo siempre, de cuestionar el mundo que los rodea y de transformarlo con conocimiento, conciencia y compromiso. Cuando la curiosidad se mantiene viva, el aprendizaje no termina con un ciclo escolar: se convierte en un camino que acompaña al ser humano durante toda su vida.

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Las Habilidades blandas

Las habilidades blandas son un conjunto de capacidades personales, sociales y emocionales que influyen en la forma en que una31065467466?profile=RESIZE_400x persona se relaciona con los demás, enfrenta problemas, toma decisiones y se adapta a distintos entornos, especialmente en la escuela, el trabajo y la vida cotidiana. A diferencia de las habilidades técnicas o “duras”, no se refieren a conocimientos específicos de una profesión, sino a la manera en que una persona actúa, comunica y colabora.
Estas habilidades están estrechamente ligadas a la inteligencia emocional y a los valores. Incluyen aspectos como la comunicación efectiva, la empatía, el trabajo en equipo, la responsabilidad, la capacidad para resolver conflictos, la adaptabilidad al cambio, el pensamiento crítico, la creatividad, la autogestión emocional y el liderazgo. Son habilidades que se reflejan en el trato diario con otras personas y en la forma de responder ante retos o situaciones de presión.
En el ámbito educativo, las habilidades blandas ayudan a los estudiantes a convivir mejor, expresar sus ideas con respeto, manejar la frustración, trabajar en grupo y desarrollar una actitud positiva hacia el aprendizaje. En el mundo laboral, son altamente valoradas porque favorecen ambientes de trabajo sanos, mejoran la productividad y fortalecen las relaciones profesionales, incluso más que algunos conocimientos técnicos.
Lo más importante es que las habilidades blandas se pueden aprender y fortalecer a lo largo de la vida mediante la práctica, la reflexión y la convivencia diaria. La escuela, la familia y la comunidad juegan un papel clave en su desarrollo, ya que no solo forman personas capacitadas, sino también seres humanos íntegros, empáticos y comprometidos con su entorno.

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La Inteligencia Artificial (IA) y el costo ambiental

La IA también tiene un costo31045421859?profile=RESIZE_400x ambiental y no es pequeño.
Un análisis reciente señala que, para 2025, el funcionamiento de los sistemas de inteligencia artificial han consumido cientos de miles de millones de litros de agua, en gran parte para enfriar centros de datos mediante sistemas de refrigeración evaporativa, esenciales para evitar el sobrecalentamiento de los servidores.
A este impacto se suma una huella de carbono significativa, estimada en decenas de millones de toneladas de CO₂, asociada al elevado consumo energético necesario para entrenar y operar modelos avanzados. No obstante, el impacto real puede variar dependiendo de la eficiencia de cada centro de datos, la tecnología de enfriamiento utilizada y el tipo de energía que los abastece.
Los expertos advierten que, si el crecimiento de la IA continúa sin mejoras importantes, una tecnología diseñada para optimizar recursos podría terminar incrementando la presión ambiental. Por eso, recomiendan apostar por energías renovables, sistemas de enfriamiento más eficientes y una gestión más responsable del consumo energético.
Nota: Las cifras presentadas provienen de estimaciones y análisis basados en estudios recientes. No representan un valor único y pueden variar según la fuente, la metodología y los avances tecnológicos.

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El primer correo electrónico (@)

En 1971, en un sótano frío de31045326057?profile=RESIZE_400x Cambridge, Massachusetts, un hombre se envió a sí mismo un mensaje que nadie recuerda y, sin querer, inventó la forma en que 5.000 millones de personas se comunicarían durante los siguientes cincuenta años.
El lugar era un laboratorio de BBN Technologies. Estaba lleno de máquinas del tamaño de neveras que zumbaban y hacían clic, conectadas por cables a una extraña y nueva red llamada ARPANET.
Allí, sentado solo, estaba Ray Tomlinson.
​Era un ingeniero de 29 años trabajando en un problema que nadie le había pedido resolver. En esa época, ya se podían dejar mensajes en computadoras, pero era como dejar una nota en la nevera: solo la veía quien usaba esa misma máquina. Si querías hablar con alguien en otro edificio, no podías.
A Ray le parecía una tontería. Así que empezó a jugar.
No porque su jefe se lo ordenara. No porque hubiera millones de dólares en juego. Solo porque le parecía un reto interesante.
Escribió un programa clandestino llamado SNDMSG. Funcionaba, pero tenía un problema lógico: ¿Cómo le dices a la computadora a quién y dónde enviar el mensaje sin que la máquina se confunda? Necesitaba separar el nombre de la persona del nombre de la computadora.
Ray bajó la mirada a su viejo teclado Teletipo Model 33.
La mayoría de las teclas eran letras o números. Pero allí, olvidada en la fila superior, había una tecla que casi nadie usaba. Un símbolo contable que significaba "a la tasa de".
​@
​Ray tomó una decisión en segundos que daría forma al próximo medio siglo de la historia humana. Usuuario @ Computadora. (Usuario "en" la computadora).
Simple. Elegante. Permanente.
​Tecleó un mensaje de prueba. Probablemente fue "QWERTYUIOP" o alguna tontería al azar. Lo envió de una máquina a otra que estaba en la misma habitación, a solo unos metros de distancia.
Funcionó. Ray acababa de enviar el primer correo electrónico de la historia. A sí mismo. En un laboratorio vacío. Sin aplausos.
​De hecho, se giró hacia su compañero Jerry y le dijo: "No se lo digas a nadie. Se supone que no deberíamos estar trabajando en esto".
​Lo que pasó después es historia silenciosa.
Ray nunca patentó el correo electrónico. No registró el símbolo @. No se hizo multimillonario ni famoso. Era ingeniero, no empresario. Lo construyó porque el problema estaba ahí y él sabía cómo arreglarlo.
Hoy, cuando envías una carta de amor, una renuncia, una foto a tu familia o una solicitud de trabajo, estás usando el sistema que Ray creó en sus ratos libres.
Vivimos en un mundo que celebra a los fundadores que gritan en escenarios y prometen disrupciones millonarias. Pero Ray nos enseñó que las verdaderas revoluciones a veces ocurren en silencio, en un sótano, con un hombre aburrido resolviendo un problema que nadie más veía.
Ray falleció en 2016 y cincuenta años después, seguimos usando el lenguaje que él inventó: una @ a la vez.

Artículo de Universo Sorprendente basado en fuente: Internet Hall of Fame & BBN Technologies Archives.

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El equipo de USAER 22 y la Escuela Secundaria Humberto Muñoz Zazueta se unen con profundo compromiso para conmemorar en31007395491?profile=RESIZE_400x sus instalaciones el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, una fecha proclamada en 1992 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y que hoy continúa teniendo un significado esencial para nuestra sociedad. Cada 3 de diciembre, esta conmemoración nos invita a abrir la reflexión, el corazón y la conciencia para reconocer la dignidad, los derechos y las valiosas aportaciones de millones de personas en el mundo.
Este día nos recuerda que la discapacidad no limita el potencial humano; lo que verdaderamente limita son las barreras físicas, sociales, actitudinales y culturales que aún persisten y que, como sociedad,  tenemos la responsabilidad de identificar y eliminar. Desde esta mirada, la inclusión deja de ser solo un concepto y se convierte en un compromiso activo, en un trabajo constante que nos convoca a todos: estudiantes, docentes, familias, instituciones y comunidad.
Al conmemorar esta fecha, reafirmamos la importancia de promover una cultura del respeto, del reconocimiento a la diversidad, y de la igualdad de oportunidades para que cada persona pueda desarrollarse con libertad y dignidad. La accesibilidad universal, el diseño incluyente y la creación de entornos empáticos no solo benefician a quienes viven con alguna discapacidad, sino que enriquecen y fortalecen a toda la comunidad escolar y social.
Es también un día para reconocer los avances y esfuerzos de quienes trabajan incansablemente por una inclusión real: docentes, especialistas, madres, padres, organizaciones y, especialmente, las propias personas con discapacidad, quienes cada día demuestran que la resiliencia, la creatividad y la determinación son fuerzas transformadoras. Sin embargo, también es un recordatorio de los desafíos que aún persisten: garantizar el acceso pleno a la educación, a la salud, al empleo digno, a la movilidad segura y a la participación social sin discriminación.
La verdadera inclusión no se declama; se practica. Se manifiesta en lo cotidiano: en una actitud de apertura, en escuchar con empatía, en adaptar nuestros entornos, en romper prejuicios y en caminar juntos para que nadie quede fuera. Cada gesto, cada ajuste, cada decisión que favorece la igualdad se convierte en un paso hacia un futuro más justo y accesible.
Hoy, USAER 22 y la Secundaria Humberto Muñoz Zazueta reafirman su compromiso con la educación inclusiva, con el acompañamiento respetuoso y con la construcción de espacios que abracen la diversidad. Porque cuando la escuela se convierte en un lugar donde todas las personas pueden aprender, convivir y desarrollarse, se transforma también en un faro de esperanza para nuestra sociedad.
Que este 3 de diciembre nos inspire a seguir trabajando unidos, desde nuestras aulas, oficinas, hogares y comunidades, para construir un entorno donde cada persona pueda ejercer su derecho a ser, a aprender, a participar y a soñar sin barreras.
La inclusión se construye todos los días. Hoy renovamos ese compromiso.

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La Revolución Mexicana, que estalló en 1910 como un trueno que sacudió la calma del país, tardó un tiempo en llegar hasta los confines del Territorio Sur de la Baja California. Desde el principio, el desierto, las montañas rocosas y el mar azul profundo parecían aislados de los conflictos del continente. Sin embargo, en esa aparente lejanía nacía también una inquietud, un rumor que viajaba escondido entre cartas, periódicos y marineros que desembarcaban en los puertos de La Paz, Santa Rosalía y Mulegé. La península, con sus poblaciones dispersas, estaba a punto de entrar en un tiempo de cambios inesperados.
En La Paz, sentado frente al malecón mientras observaba los barcos procedentes de Guaymas y Mazatlán, el maestro Alfredo Green González leía con seriedad las noticias que llegaban del centro del país. Los periódicos hablaban de Francisco I. Madero, del movimiento antirreeleccionista y de los abusos del régimen porfirista. Green, conocido por su carácter pacífico y comprometido con la educación, comenzó a compartir aquellas ideas entre otros maestros y vecinos de confianza. Mientras tanto, el jefe político del territorio, el general Manuel Gordillo Escudero, vigilaba con firmeza cualquier ruido de oposición. Era un militar disciplinado, fiel a Díaz, y sabía que esas noticias podían encender la chispa de un cambio que él no estaba dispuesto a permitir.
Muy al sur, en los pueblos mineros de San Antonio y El Triunfo, los obreros trabajaban bajo el sol inclemente y la vigilancia de los capataces. El estruendo constante de los molinos, el crujido de las carretillas cargadas de mineral y el olor metálico de las vetas marcaban el día a día. Muchos de estos trabajadores habían estado en Sonora o Sinaloa, y traían consigo historias de injusticias, abusos laborales y esperanzas de un futuro más digno. Allí, hombres como Nicolás Castillo Vázquez se reunían por las noches, armados no con fusiles, sino con sus herramientas de trabajo: la barreta de mina, el marro, el pico. No poseían rifles modernos, pero ya discutían sobre el Plan de San Luis y lo que significaría una revolución para ellos y sus familias.
El 1911 llegó con la renuncia de Díaz y el triunfo maderista. Muchos en el territorio pensaron que por fin vivirían una transformación real. Sin embargo, la realidad fue más compleja. En La Paz se vivieron roces políticos entre los funcionarios porfiristas que no querían perder sus privilegios y los partidarios de Madero que exigían reformas. Las tensiones crecieron entre los burócratas leales a Gordillo Escudero y los empleados, maestros y comerciantes que querían un gobierno más justo. También en los pueblos del interior se respiraba un aire nuevo. Mujeres y hombres se atrevían a opinar sobre la política nacional, algo impensable durante el porfiriato.
Pero nada agitó tanto la península como el golpe de Victoriano Huerta en 1913 y el asesinato de Madero. Cuando la noticia llegó en un barco carguero al puerto de La Paz, el pueblo entró en shock. Hubo quienes lloraron abiertamente; otros, incrédulos, leían una y otra vez las líneas que confirmaban el crimen. Ese acto de traición provocó que muchos sudcalifornianos se alinearan con los constitucionalistas liderados por Venustiano Carranza. Los maestros paceños organizaron reuniones secretas, los trabajadores se armaron con lo que tenían a la mano, y algunos rancheros de los pueblos cercanos ofrecieron caballos y víveres a los revolucionarios.
Desde Sonora llegó Esteban Cantú, un militar decidido a asegurar el territorio para la causa constitucionalista. Junto con él venían soldados portando fusiles Mauser, rifles Winchester y carabinas 30-30, armas más modernas de las que la mayoría de los sudcalifornianos había visto. Su presencia provocó inquietud entre los huertistas locales, quienes se atrincheraron brevemente en La Paz, mientras que en el norte la agitación crecía en Santa Rosalía. En esa ciudad minera, dominada por la compañía francesa El Boleo, los obreros comenzaron a mostrar simpatía por los constitucionalistas. La empresa, temerosa de perder el control, trató de evitar que los trabajadores se organizaran, pero las ideas revolucionarias ya circulaban por los campamentos y los túneles de la mina.
En las calles polvorientas de Santa Rosalía, algunas noches podían verse grupos de obreros practicando con viejos rifles Remington, heredados de familiares o comprados en el mercado negro. Otros se organizaban para controlar la entrada y salida de cargamentos que la empresa enviaba al puerto, sospechando que podrían contener armas o recursos destinados al bando contrario. La tensión entre la compañía francesa y los trabajadores llegó a momentos críticos en los que se suspendió la extracción por días, no por falta de mineral, sino por falta de paz.
Mientras las fuerzas constitucionalistas avanzaban, en La Paz la situación se volvió insostenible para los simpatizantes de Huerta. Tras varios días de enfrentamientos breves pero intensos en las afueras de la ciudad, especialmente en zonas como El Centenario y El Carrizal, el control quedó en manos de los revolucionarios. Los huertistas huyeron por mar hacia otros puertos del Pacífico, llevando consigo documentos y pertenencias, pero dejando atrás un pueblo decidido a reconstruir su gobierno local.
En los ranchos de Santiago, Miraflores y Todos Santos, la llegada de tropas de uno u otro bando solía significar la obligación de entregar ganado, caballos o alimentos. Los rancheros, acostumbrados a depender únicamente de su propio trabajo, se vieron forzados a participar en una guerra que no habían pedido, pero que terminó formando parte de su vida. Algunos jóvenes se unieron a las fuerzas constitucionalistas, atraídos por la promesa de un país más justo; otros simplemente se escondían en los cerros cada vez que escuchaban que un grupo armado se acercaba.
Las mujeres desempeñaron un papel crucial. Mercedes Arce, figura representativa de muchas mujeres sudcalifornianas, se convirtió en enlace entre grupos de simpatizantes, llevando mensajes ocultos en dobladillos de faldas, cestas de tortillas o dentro de paños de cocina. Algunas mujeres ofrecían posada a soldados heridos; otras organizaban colectas de alimentos o mantenían escondidas pequeñas reservas de municiones. A falta de grandes batallas, la Revolución en Baja California Sur fue un movimiento de resistencia silenciosa, donde cada gesto contaba.
Para 1915, el territorio estaba casi totalmente bajo control constitucionalista. Con la victoria de Carranza en el escenario nacional, se enviaron delegados federales para reorganizar el territorio. Estos funcionarios impulsaron reformas educativas, modernizaron algunos servicios y buscaron integrar más a la península con el resto del país. Los cacicazgos locales perdieron fuerza, las escuelas comenzaron a multiplicarse y los trabajadores mineros obtuvieron mejoras en las condiciones laborales gracias a la presión ejercida durante los años de conflicto.
En 1917, la promulgación de la nueva Constitución simbolizó el inicio de un nuevo capítulo para Baja California Sur. Aunque geográficamente distantes, sus habitantes empezaron a sentir que formaban parte plena del país, no solo como observadores, sino como participantes activos en la construcción de un México distinto. La Revolución había cambiado la estructura del gobierno local, la organización del trabajo y, sobre todo, la manera en que los sudcalifornianos entendían la política y la justicia.
Con los años, las heridas de aquel periodo fueron cerrando. Las minas siguieron funcionando, los ranchos volvieron a la calma y la vida cotidiana se reanudó con la misma serenidad que siempre había caracterizado a la península. Sin embargo, quedaron historias que los abuelos contarían a sus descendientes: relatos de barcos que traían armas clandestinas, de maestros que se atrevieron a desafiar al gobierno, de mineros que empuñaron herramientas como armas, de mujeres que arriesgaron su vida en nombre de un ideal, y de soldados que cruzaron el desierto llevando la bandera de una revolución que, poco a poco, transformó la identidad de la región.
La Revolución Mexicana no incendió la península con grandes batallas, pero sí dejó una huella profunda. En Baja California Sur, la revolución fue un despertar: una llamada a participar, a exigir justicia y a imaginar un futuro diferente en medio del desierto y el mar. Su impacto, aunque silencioso y pausado, fue tan real como el viento que sopla entre los cardones o como las olas que golpean eternamente la costa. Fue una revolución de ideas, de dignidad y de resistencia, vivida en el extremo más remoto del país, pero sentida con la misma fuerza que en el resto de México.

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La educación en México en 2025 muestra luces y sombras

La educación en México en 2025 se encuentra en un punto de inflexión que refleja tanto los avances impulsados en la última década como los desafíos persistentes que continúan afectando al sistema. Este año representa un momento clave para evaluar el rumbo de las políticas educativas, la incorporación de nuevas tecnologías y la manera en que la sociedad mexicana concibe la formación de niñas, niños y jóvenes en un contexto de constante transformación económica, social y cultural.
Uno de los aspectos más visibles es la ampliación del acceso a herramientas digitales y la consolidación de modelos híbridos de enseñanza. Después de los aprendizajes derivados de la pandemia, muchas escuelas han mantenido estrategias que combinan clases presenciales con recursos en línea, lo cual ha permitido flexibilizar procesos, diversificar materiales didácticos y fomentar la autonomía del estudiantado. Sin embargo, estas ventajas también evidencian desigualdades: no todas las regiones del país cuentan con la infraestructura tecnológica necesaria, y las brechas de conectividad continúan afectando principalmente a las comunidades rurales y zonas marginadas. Así, el avance tecnológico convive con la urgencia de políticas que garanticen condiciones equitativas para que nadie quede rezagado.
Otro reto fundamental en 2025 es la formación y el acompañamiento del personal docente. La actualización pedagógica se ha vuelto indispensable frente a nuevos programas de estudio, enfoques basados en competencias y la integración de plataformas digitales. Aunque existe un esfuerzo institucional por ofrecer capacitación continua, las maestras y los maestros todavía demandan mejores condiciones laborales, reconocimiento profesional y espacios de participación en la construcción de políticas públicas. La calidad educativa no puede entenderse sin el fortalecimiento del trabajo docente, que es el núcleo del proceso de aprendizaje.
La educación básica sigue enfrentando problemas estructurales como el rezago, la deserción y los bajos niveles de comprensión lectora y razonamiento matemático. En este sentido, 2025 ha enfatizado la importancia de estrategias de recuperación y acompañamiento personalizado, especialmente para estudiantes que arrastran dificultades desde años anteriores. Programas de tutorías, intervenciones comunitarias y nuevas metodologías buscan atender estas problemáticas, aunque su éxito depende de una adecuada coordinación entre escuelas, familias y autoridades.
Por otro lado, la educación media superior y superior se encuentran cada vez más vinculadas con las demandas del mercado laboral. La formación técnica, la innovación académica y el impulso al emprendimiento se han convertido en ejes prioritarios, en un intento por preparar a los jóvenes para un entorno económico globalizado y competitivo. No obstante, también surge el debate sobre la necesidad de equilibrar estas orientaciones con una formación humanista que promueva el pensamiento crítico, la ética y la participación ciudadana.
Finalmente, en 2025 la educación en México sigue siendo un espacio donde convergen visiones diversas sobre el futuro del país. La escuela continúa siendo un lugar de encuentro social, de construcción de identidad y de desarrollo de capacidades que trascienden lo académico. Para que el sistema educativo cumpla con su misión transformadora, es indispensable que las políticas públicas, la participación social y la inversión gubernamental se mantengan alineadas con la idea de garantizar una educación inclusiva, pertinente y de calidad para todas y todos.
En conjunto, la educación en México en 2025 muestra luces y sombras: avances significativos en innovación y acceso, pero también desafíos profundos en equidad y calidad. El rumbo que se tome en los próximos años será determinante para asegurar que cada persona tenga la oportunidad de desarrollar su potencial y contribuir al bienestar colectivo.

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Entre la prisa y el cansancio

Esta semana se me está pasando increíblemente rápido, como si los días se deslizaran uno tras otro sin avisar. Pero lo extraño es que,31000356087?profile=RESIZE_400x aunque todo parece ir a una velocidad que casi no puedo seguir, yo me siento cada vez más agobiada. Es una sensación curiosa: la semana corre, pero yo voy cargando una mochila llena de tareas, trabajos de recuperación y pendientes que aparecen por todos lados. A veces siento que no hay un solo rincón donde pueda voltear sin toparme con algo más que “tengo que hacer”.

Desde que empezó la semana me dije a mí misma que iba a organizarme mejor, pero honestamente, no sabía que me esperaba una avalancha de actividades. En cada clase algún profesor recordaba una tarea pendiente o entregaba otra nueva, y mi lista se hacía más larga sin que yo terminara nada. Me doy cuenta de que la escuela no es solo estudiar; también es aprender a sobrevivir a estos momentos donde parece que todo se junta y no hay escapatoria. Y aunque trato de mantener la calma, no puedo evitar sentir que estoy corriendo detrás del tiempo, intentando alcanzarlo sin éxito.

Lo que más me desespera es que, a pesar de que la semana va volando, yo no avanzo tan rápido como quisiera. Me estreso pensando en los trabajos de recuperación, porque sé que dependen de ellos mis calificaciones finales. A veces me pregunto cómo le hacen los demás para no sentirse tan saturados. ¿Será que todos están igual y simplemente lo disimulan? ¿O será que yo soy la única que siente que está navegando en un mar lleno de pendientes?

Pero entre todo este caos también me doy cuenta de algo importante: estoy aprendiendo a ser más fuerte. Cada tarea entregada, cada trabajo que termino aunque esté cansada, me demuestra que puedo con más de lo que creo. Tal vez la semana vaya demasiado rápido y tal vez yo esté demasiado ocupada, pero sigo avanzando. Y aunque me cueste, aunque a veces quiera llorar del estrés, sigo aquí, escribiendo, respirando, y tratando de poner en orden este torbellino que parece no terminar.

Supongo que así es crecer: sentirse saturada, perdida, apurada y, aun así, seguir adelante. Y aunque esta semana haya sido una mezcla de prisa y cansancio, sé que cuando termine me sentiré orgullosa de haberla sobrevivido. Porque, al final, cada día que pasa rápido también me acerca a momentos más tranquilos, y cada tarea que termino me demuestra que, incluso en las semanas más pesadas, no estoy derrotada. Estoy aprendiendo. Y eso también cuenta.

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Una semana pesada, pero con pequeñas victorias

Esta semana ha sido una de las más pesadas que recuerdo30987681664?profile=RESIZE_400x desde que entré a la preparatoria. No sé si es por el cansancio acumulado o porque los exámenes de periodo me tienen con los nervios de punta, pero cada día se ha sentido eterno. Me he pasado horas estudiando, repasando apuntes, tratando de entender temas que todavía me confunden un poco. A veces me da miedo no poder con todo, como si por más que me esfuerce, nunca fuera suficiente.

El lunes empezó con el examen de matemáticas, y aunque al principio pensé que me iba a ir fatal, al final sentí que respondí mejor de lo esperado. Eso me dio un poco de confianza, pero luego vino historia, y ahí sí sentí que mi cabeza no daba para más. A mitad de la semana ya estaba agotada, indecisa entre seguir estudiando o darme un descanso. Me preguntaba si realmente valía la pena tanto esfuerzo, pero luego recordé lo mal que me sentí la última vez que bajé mi promedio. No quiero volver a pasar por eso.

Lo bueno es que hoy me entregaron algunos resultados y, para mi sorpresa, mis calificaciones van mejorando. Tal vez no tengo dieces en todo, pero ver que mi trabajo está dando frutos me hizo sentir orgullosa. Me di cuenta de que, aunque me queje y dude de mí, sí puedo con esto. Solo necesito organizarme mejor y no rendirme cuando las cosas se ponen difíciles.

Ahora que lo pienso, esta semana tan pesada también me enseñó algo importante: el esfuerzo sí vale la pena. No todo tiene que salir perfecto, pero cada mejora cuenta. A veces no se trata de ser la mejor, sino de ser mejor que ayer. Y aunque sigo sintiéndome un poco indecisa sobre cómo manejar tanto estrés, saber que estoy avanzando, aunque sea despacio, me da esperanza. Creo que eso ya es una pequeña victoria.

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La Escuela Secundaria Humberto Muñoz Zazueta celebró con gran orgullo y emoción el Festival del Día de Muertos, la tarde del13770277265?profile=RESIZE_400x jueves 30 de octubre, en un ambiente lleno de color, tradición y sentimiento. Este evento fue posible gracias al esfuerzo conjunto del personal administrativo, las maestras y maestros, el alumnado y la Sociedad de Padres de Familia, quienes unieron talentos y voluntades para rendir homenaje a una de las costumbres más representativas del pueblo mexicano.
La coordinación del festival estuvo a cargo de la profesora Dunia Montaño, profesor Ricardo Cervera, profesor Ángel Monroy y el profesor Francisco Zúñiga, quienes guiaron con entusiasmo las actividades que dieron vida a esta conmemoración. Entre altares, catrinas, flores de cempasúchil, veladoras y papel picado, se recordó con respeto y alegría a quienes ya no están físicamente, pero permanecen vivos en la memoria y el corazón. El atar estuvo dedicado en memoria a David Reyes Murillo quién fue trabajador de la institución.
El Día de Muertos no es solo una fecha en el calendario; es una celebración que fortalece los lazos familiares, el sentido de pertenencia y el orgullo de ser mexicanos. Esta tradición, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, representa la fusión entre el pasado indígena y las creencias contemporáneas, simbolizando el amor, la esperanza y la continuidad de la vida.
En la secundaria Humberto Muñoz Zazueta, se busca que las y los estudiantes comprendan la profundidad de esta festividad, que aprendan a valorar las raíces culturales que nos identifican como nación y que reconozcan en el arte, la música y la convivencia comunitaria, una forma de mantener viva la historia.
La finalidad de esta conmemoración es transmitir, promover y preservar nuestras raíces culturales, reafirmando que el Día de Muertos es una de las expresiones más bellas de México 🇲🇽 y un testimonio de cómo nuestro pueblo transforma el dolor en memoria, la ausencia en presencia, y la muerte en celebración de la vida.
En el altar elaborado, en cada ofrenda colocada, en cada canto y representación, se percibió el amor, la creatividad y el respeto de los jóvenes hacia sus tradiciones. Este festival no solo rindió homenaje a los difuntos, sino también a la identidad mexicana, a los valores de unidad, gratitud, respeto y solidaridad que caracterizan a nuestra comunidad educativa.

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Los monstruos de la docencia en 2025

En el corazón de cada aula habitan seres invisibles que acompañan al maestro todos los días. No son alumnos ni autoridades,13769991882?profile=RESIZE_400x tampoco son fantasmas en el sentido literal, pero pesan, se sienten y dejan huellas profundas. Son los monstruos de la docencia: el cansancio emocional, la carga mental, la autoexigencia, la culpa y la frustración invisible.
Cada uno tiene su forma, su voz y su momento para aparecer. El cansancio emocional es el más silencioso. Se instala despacio, entre reuniones interminables, tareas pendientes y la constante atención que demanda el grupo. No es solo agotamiento físico; es el desgaste de dar tanto, de contener, de escuchar, de resolver lo que muchas veces escapa a la propia fuerza del docente.
La carga mental es un monstruo que nunca duerme. Mientras el maestro intenta descansar, ella susurra recordatorios: planear la clase de mañana, llenar formatos, pensar cómo ayudar a ese alumno que no avanza, o cómo explicar mejor ese tema que nadie entendió. Es el ruido permanente de quien trabaja incluso cuando su jornada terminó.
La autoexigencia es el monstruo más exigente. Habita en los ideales del buen docente: innovar, motivar, comprender, lograr resultados. Pero cuando no se alcanza la perfección, la autoexigencia se convierte en juez implacable. Nunca es suficiente, siempre se puede hacer más, siempre se puede ser mejor.
Luego llega la culpa, disfrazada de responsabilidad. Culpa por no poder con todo, por enfermarse, por necesitar un descanso, por llegar tarde 15 minutos y que te lo señale un inexperto, por no cumplir con cada expectativa. La culpa se alimenta del compromiso, y cuanto más ama el docente su labor, más se deja devorar por ella.
Finalmente, está la frustración invisible, aquella que nadie ve porque el docente sonríe, sigue adelante, aparenta fortaleza. Es la tristeza callada de quien da lo mejor y a veces recibe indiferencia, incomprensión o crítica. Es la sensación de que el esfuerzo se diluye, de que los logros no siempre se reconocen, de que la pasión se enfrenta a muros burocráticos.
Pero incluso rodeado de monstruos, el docente sigue. Porque también existen otras presencias: la sonrisa de un alumno, el agradecimiento de un padre, la chispa en los ojos de quien por fin entendió. Esos son los antídotos invisibles, los que mantienen viva la vocación.
Reconocer estos monstruos no es rendirse ante ellos, sino nombrarlos para poder enfrentarlos. La docencia necesita espacios de cuidado, de apoyo emocional, de descanso y de reconocimiento. Solo así los monstruos pierden fuerza, y el maestro puede volver a ser lo que siempre fue: un faro que, aun cansado, sigue iluminando.

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En una época en la que los dispositivos digitales dominan la vida cotidiana y el aprendizaje escolar, la escritura a mano sigue13761680256?profile=RESIZE_400x siendo una habilidad fundamental e insustituible. Aunque hoy en día los estudiantes se acostumbran a escribir en teclados, pantallas táctiles y procesadores de texto, la ciencia ha demostrado que el simple acto de mover un lápiz o una pluma sobre el papel tiene efectos profundos en el cerebro y en el desarrollo cognitivo. Escribir a mano no solo mejora la motricidad y la ortografía, sino que también activa zonas cerebrales relacionadas con la memoria, la comprensión y la creatividad, lo que hace de esta práctica una herramienta básica para el aprendizaje.
Los estudios realizado en diversas Universidades, revelaron que cuando los niños escriben a mano se activa una mayor cantidad de conexiones neuronales en comparación con cuando utilizan un teclado. Los investigadores demostraron que el movimiento físico de formar letras con la mano estimula áreas del cerebro vinculadas con el pensamiento, la atención y la memoria. Escribir con pluma o lápiz no es un acto mecánico; es una experiencia neurológica compleja que involucra la coordinación de los ojos, la mano y el cerebro, generando una sinergia que fortalece las funciones cognitivas. En cambio, al teclear, los movimientos son automáticos y repetitivos, lo que limita la estimulación cerebral.
Este hallazgo cobra especial relevancia en el contexto educativo actual, donde la tecnología se ha convertido en un recurso imprescindible. Si bien las computadoras, tabletas y dispositivos digitales pueden facilitar el acceso a la información y ampliar las formas de aprender, su uso excesivo puede debilitar ciertas habilidades esenciales. La clave, por tanto, no es rechazar la tecnología, sino encontrar un equilibrio que permita aprovechar sus ventajas sin renunciar a los beneficios del cuaderno y la pluma. Los alumnos que escriben a mano suelen tener una mejor comprensión lectora, retienen más información y desarrollan un pensamiento más estructurado. Además, la escritura manual favorece la concentración y la reflexión, elementos que muchas veces se pierden en el ritmo acelerado del entorno digital.
El cuaderno sigue siendo un espacio íntimo donde el estudiante organiza sus ideas, reflexiona y construye conocimiento. La pluma o el lápiz se convierten en extensiones del pensamiento, instrumentos que no solo sirven para registrar, sino también para comprender. Escribir a mano implica detenerse, pensar antes de trazar, corregir, volver a escribir; es un proceso más lento, pero profundamente formativo. Por el contrario, el teclado favorece la rapidez y la inmediatez, pero reduce la conexión emocional con lo que se escribe. Numerosos docentes coinciden en que los alumnos que conservan el hábito de escribir a mano desarrollan mayor claridad mental y capacidad crítica.
Preservar la escritura manual en la escuela no es una nostalgia del pasado, sino una necesidad del presente. En un mundo digitalizado, donde la atención es fragmentada y la información fluye sin pausa, escribir a mano representa un acto de resistencia intelectual, un ejercicio que fortalece la mente. Cuaderno y pluma deben seguir siendo aliados esenciales del aprendizaje, no como sustitutos de la tecnología, sino como complementos que garantizan un desarrollo cognitivo integral. La educación del futuro requiere equilibrio: aprovechar la tecnología para expandir horizontes, pero mantener viva la escritura manual como una práctica que protege el cerebro, enriquece el pensamiento y forma mejores estudiantes.

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