En 1971, en un sótano frío de Cambridge, Massachusetts, un hombre se envió a sí mismo un mensaje que nadie recuerda y, sin querer, inventó la forma en que 5.000 millones de personas se comunicarían durante los siguientes cincuenta años.
El lugar era un laboratorio de BBN Technologies. Estaba lleno de máquinas del tamaño de neveras que zumbaban y hacían clic, conectadas por cables a una extraña y nueva red llamada ARPANET.
Allí, sentado solo, estaba Ray Tomlinson.
Era un ingeniero de 29 años trabajando en un problema que nadie le había pedido resolver. En esa época, ya se podían dejar mensajes en computadoras, pero era como dejar una nota en la nevera: solo la veía quien usaba esa misma máquina. Si querías hablar con alguien en otro edificio, no podías.
A Ray le parecía una tontería. Así que empezó a jugar.
No porque su jefe se lo ordenara. No porque hubiera millones de dólares en juego. Solo porque le parecía un reto interesante.
Escribió un programa clandestino llamado SNDMSG. Funcionaba, pero tenía un problema lógico: ¿Cómo le dices a la computadora a quién y dónde enviar el mensaje sin que la máquina se confunda? Necesitaba separar el nombre de la persona del nombre de la computadora.
Ray bajó la mirada a su viejo teclado Teletipo Model 33.
La mayoría de las teclas eran letras o números. Pero allí, olvidada en la fila superior, había una tecla que casi nadie usaba. Un símbolo contable que significaba "a la tasa de".
@
Ray tomó una decisión en segundos que daría forma al próximo medio siglo de la historia humana. Usuuario @ Computadora. (Usuario "en" la computadora).
Simple. Elegante. Permanente.
Tecleó un mensaje de prueba. Probablemente fue "QWERTYUIOP" o alguna tontería al azar. Lo envió de una máquina a otra que estaba en la misma habitación, a solo unos metros de distancia.
Funcionó. Ray acababa de enviar el primer correo electrónico de la historia. A sí mismo. En un laboratorio vacío. Sin aplausos.
De hecho, se giró hacia su compañero Jerry y le dijo: "No se lo digas a nadie. Se supone que no deberíamos estar trabajando en esto".
Lo que pasó después es historia silenciosa.
Ray nunca patentó el correo electrónico. No registró el símbolo @. No se hizo multimillonario ni famoso. Era ingeniero, no empresario. Lo construyó porque el problema estaba ahí y él sabía cómo arreglarlo.
Hoy, cuando envías una carta de amor, una renuncia, una foto a tu familia o una solicitud de trabajo, estás usando el sistema que Ray creó en sus ratos libres.
Vivimos en un mundo que celebra a los fundadores que gritan en escenarios y prometen disrupciones millonarias. Pero Ray nos enseñó que las verdaderas revoluciones a veces ocurren en silencio, en un sótano, con un hombre aburrido resolviendo un problema que nadie más veía.
Ray falleció en 2016 y cincuenta años después, seguimos usando el lenguaje que él inventó: una @ a la vez.
Artículo de Universo Sorprendente basado en fuente: Internet Hall of Fame & BBN Technologies Archives.