Entre la prisa y el cansancio

Esta semana se me está pasando increíblemente rápido, como si los días se deslizaran uno tras otro sin avisar. Pero lo extraño es que,31000356087?profile=RESIZE_400x aunque todo parece ir a una velocidad que casi no puedo seguir, yo me siento cada vez más agobiada. Es una sensación curiosa: la semana corre, pero yo voy cargando una mochila llena de tareas, trabajos de recuperación y pendientes que aparecen por todos lados. A veces siento que no hay un solo rincón donde pueda voltear sin toparme con algo más que “tengo que hacer”.

Desde que empezó la semana me dije a mí misma que iba a organizarme mejor, pero honestamente, no sabía que me esperaba una avalancha de actividades. En cada clase algún profesor recordaba una tarea pendiente o entregaba otra nueva, y mi lista se hacía más larga sin que yo terminara nada. Me doy cuenta de que la escuela no es solo estudiar; también es aprender a sobrevivir a estos momentos donde parece que todo se junta y no hay escapatoria. Y aunque trato de mantener la calma, no puedo evitar sentir que estoy corriendo detrás del tiempo, intentando alcanzarlo sin éxito.

Lo que más me desespera es que, a pesar de que la semana va volando, yo no avanzo tan rápido como quisiera. Me estreso pensando en los trabajos de recuperación, porque sé que dependen de ellos mis calificaciones finales. A veces me pregunto cómo le hacen los demás para no sentirse tan saturados. ¿Será que todos están igual y simplemente lo disimulan? ¿O será que yo soy la única que siente que está navegando en un mar lleno de pendientes?

Pero entre todo este caos también me doy cuenta de algo importante: estoy aprendiendo a ser más fuerte. Cada tarea entregada, cada trabajo que termino aunque esté cansada, me demuestra que puedo con más de lo que creo. Tal vez la semana vaya demasiado rápido y tal vez yo esté demasiado ocupada, pero sigo avanzando. Y aunque me cueste, aunque a veces quiera llorar del estrés, sigo aquí, escribiendo, respirando, y tratando de poner en orden este torbellino que parece no terminar.

Supongo que así es crecer: sentirse saturada, perdida, apurada y, aun así, seguir adelante. Y aunque esta semana haya sido una mezcla de prisa y cansancio, sé que cuando termine me sentiré orgullosa de haberla sobrevivido. Porque, al final, cada día que pasa rápido también me acerca a momentos más tranquilos, y cada tarea que termino me demuestra que, incluso en las semanas más pesadas, no estoy derrotada. Estoy aprendiendo. Y eso también cuenta.

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