Para 2025, la vida emocional de los maestros en México se presenta como un mosaico complejo, tejido con hilos de desafíos persistentes y brotes de esperanza. Imagina un aula donde la tecnología, aunque omnipresente, no ha logrado disipar la niebla del estrés administrativo que pesa sobre los hombros de los educadores. Cada día, estos profesionales se enfrentan a la ardua tarea de equilibrar la enseñanza con la documentación exhaustiva que exige el sistema, una carga que, en lugar de aligerarse, parece haberse intensificado con el tiempo. La presión por obtener resultados, medida a través de exámenes estandarizados, sigue siendo una espada de Damocles que pende sobre sus cabezas, limitando su creatividad y sofocando la alegría de enseñar por el mero placer de transmitir conocimiento.
Pero no todo es sombrío. En este futuro cercano, la conciencia sobre la salud mental ha florecido, como un jardín que se abre paso entre el concreto. Las escuelas, convertidas en santuarios de bienestar, ofrecen programas de apoyo emocional que brindan a los maestros las herramientas necesarias para navegar las turbulentas aguas del estrés y el agotamiento. Comunidades de aprendizaje, tejidas con hilos de colaboración y empatía, se han fortalecido, permitiendo a los educadores compartir experiencias, estrategias y recursos, creando un sentido de pertenencia que antes era solo un anhelo.
Sin embargo, la tecnología, esa herramienta de doble filo, ha añadido nuevas capas de complejidad a la ecuación. La sobrecarga digital, con su constante flujo de información y la necesidad de dominar nuevas plataformas, amenaza con sumir a los maestros en un laberinto de pantallas y notificaciones. La desigualdad digital, una cicatriz persistente en el tejido social, sigue dividiendo a los educadores, dejando a algunos varados en la orilla de la brecha tecnológica, mientras que otros navegan con soltura por las autopistas de la información.
En medio de este panorama desafiante, los maestros han demostrado una resiliencia admirable. Han aprendido a cultivar la autocompasión, a practicar el mindfulness y a gestionar el estrés con una determinación inquebrantable. Buscan el apoyo de sus colegas, amigos y familiares, compartiendo sus alegrías y tristezas, encontrando consuelo en la compañía de quienes comprenden su vocación. Establecen límites claros entre su vida personal y profesional, reservando tiempo para actividades que nutren su alma y les permiten recargar energías.
Pero la violencia escolar, un espectro que acecha en los pasillos y las aulas, sigue siendo una preocupación latente. Los maestros, convertidos en guardianes de la paz, se enfrentan a situaciones de acoso, intimidación y agresión, que dejan cicatrices emocionales difíciles de borrar. La falta de reconocimiento, un eco constante en el vacío de la valoración social, sigue minando la moral de los educadores, quienes a menudo sienten que su arduo trabajo pasa desapercibido.
En 2025, la situación emocional de los maestros en México es un crisol de emociones, un campo de batalla donde la esperanza y la desesperación se entrelazan en una danza constante. Es imperativo que las autoridades educativas, las escuelas y la sociedad en su conjunto unan fuerzas para apoyar a estos héroes anónimos, brindándoles las herramientas, el reconocimiento y el apoyo emocional que necesitan para seguir iluminando el camino de las futuras generaciones. Solo así podremos garantizar que la llama de la educación siga ardiendo con fuerza en el corazón de México.
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Es una evaluación que realiza la Secretaría de Educación Pública (SEP) en coordinación con Mejoredu (Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación).
Su objetivo es identificar al inicio del ciclo escolar cómo van los aprendizajes de los estudiantes, qué saben y qué necesitan reforzar, para poder planear estrategias de apoyo pedagógico. No se trata de calificar para “pasar o reprobar”, sino de diagnosticar fortalezas y áreas de oportunidad.
Se dirige a estudiantes de 1°, 2° y 3° de secundaria.
Se usan los llamados Ejercicios Integradores del Aprendizaje (EIA), que son tareas más abiertas, contextualizadas. Es decir, no solo memorizar, sino aplicar lo que se ha aprendido en situaciones que reflejen problemas reales o del entorno.
Se acompañan con rúbricas, para que los maestros puedan valorar de forma clara qué criterios usar para medir los aprendizajes, tanto lo que se espera que los alumnos sepan como lo que puedan mostrar.
Aquí algunas de las características importantes que definen esta Evaluación Diagnóstica:
Enfoque formativo
Más que medir para clasificar, busca apoyar el aprendizaje. Que los resultados sirvan para planear lo que viene.
Flexibilidad y adaptación
Se reconoce que cada docente, grupo y escuela tiene condiciones distintas, por lo que la evaluación puede adaptarse a esas condiciones.
Cualitativa más que cuantitativa
En esta edición se enfatiza en valorar no solo si se acertó o no, sino cómo piensa el estudiante, cómo resuelve, qué procesos de aprendizaje utiliza.
Para estudiantes, maestros, directivos, padres. Hay rúbricas, guías de aplicación, tutoriales, formatos para capturar los resultados, para interpretar los reportes.
A los alumnos al inicio del año escolar les harán actividades diagnósticas que pueden implicar resolver ejercicios más complejos o integradores, más que solo preguntas directas.
Que estas actividades sirven para que el maestro sepa en qué estás fuerte y en qué necesitas apoyo, para ajustar sus clases, para darte refuerzo donde haga falta.
Que no deberías sentir presión de “que si te va a reprobación”: la idea es apoyarte, no castigar.
Que quizá en casa los docentes o la escuela compartan resultados, explicándoles qué entendieron bien y qué deben practicar más.
Ventajas
Permite que los profesores sepan de entrada qué necesitas para aprender mejor.
Favorece que la enseñanza sea más personalizada, tomando en cuenta lo que saben y no saben los alumnos.
Genera mayor claridad sobre lo que se espera aprender, gracias a las rúbricas.
Promueve que los alumnos reflexionen sobre su propio aprendizaje: qué saben, qué les falta, cómo mejorar.
Retos o cosas que podrían dificultar
Que algunos ejercicios sean difíciles al principio si no se ha reforzado anteriormente lo que se pide.
Que si no hay seguimiento ni apoyo, los resultados solo queden ahí sin mejorar realmente.
Que la escuela tenga recursos limitados (por ejemplo personal, materiales) para aplicar los apoyos que los resultados sugieren.
Que la comunicación entre maestros, alumnos y padres no siempre sea clara respecto a lo que los resultados implican.
El aprendizaje es un proceso diverso y multifactorial. No todos los estudiantes avanzan al mismo ritmo, lo que genera diferencias significativas en el aula. Mientras algunos asimilan los contenidos con rapidez, otros requieren más tiempo para comprender, practicar y consolidar lo aprendido. Este fenómeno, conocido como aprendizaje lento, no debe entenderse como una falta de capacidad, sino como una manifestación de la diversidad cognitiva, emocional y social de los estudiantes.
Factores cognitivos y neurobiológicos
Algunos alumnos aprenden lentamente debido a diferencias en sus procesos cognitivos: atención, memoria y velocidad de procesamiento de la información. La neurociencia educativa ha demostrado que cada cerebro aprende de manera única. Por ejemplo, los estudiantes con dificultades específicas de aprendizaje —como dislexia, discalculia o déficit de atención— necesitan más tiempo y apoyos diferenciados para lograr los mismos objetivos.
Factores emocionales
Las emociones influyen directamente en el ritmo de aprendizaje. Un alumno que experimenta ansiedad, miedo al error o baja autoestima suele bloquearse, lo que ralentiza la asimilación de contenidos. Por el contrario, cuando se siente seguro y apoyado, su ritmo mejora significativamente. El clima escolar y la relación con los docentes son determinantes para que los estudiantes aprendan sin presión excesiva.
Factores pedagógicos
El método de enseñanza también impacta en la velocidad de aprendizaje. Cuando las estrategias son rígidas, homogéneas o centradas solo en la memorización, muchos alumnos quedan rezagados. En cambio, el uso de metodologías activas (aprendizaje basado en proyectos, resolución de problemas, trabajo colaborativo) permite que los estudiantes construyan conocimientos a su propio ritmo y de manera significativa.
Factores sociales y contextuales
El contexto familiar y social influye de manera decisiva. Los estudiantes con poco acceso a recursos educativos en casa, falta de acompañamiento familiar o condiciones socioeconómicas adversas pueden presentar mayor lentitud en su aprendizaje. La desigualdad de oportunidades genera brechas en la adquisición de conocimientos y habilidades.
Ritmos de aprendizaje y diversidad
Es importante comprender que aprender lento no significa aprender mal. Cada alumno tiene un ritmo particular que debe ser respetado. La escuela, en lugar de homogenizar, debe ofrecer espacios de aprendizaje diferenciados, apoyos individualizados y estrategias inclusivas que permitan a cada estudiante avanzar de acuerdo con sus posibilidades.
Entonces, los alumnos aprenden lento por una combinación de factores cognitivos, emocionales, pedagógicos y sociales. Lejos de considerarse un déficit, el aprendizaje lento debe entenderse como una manifestación de la diversidad humana. Reconocer estos ritmos y atenderlos con estrategias pedagógicas flexibles es un reto y una oportunidad para lograr una educación inclusiva, equitativa y significativa.
La lectura de la realidad implica reconocer que la infancia y la adolescencia no son homogéneas...
“Leer la realidad no es solo un ejercicio pedagógico, sino un acto político: reconocer en la vida cotidiana de los alumnos las marcas de la historia y de la sociedad.” Adriana Puiggrós
En los centros educativos se desarrollan múltiples estrategias que, lejos de ser visibles de manera inmediata para la sociedad, son fundamentales para la formación de las niñas, niños y adolescentes. Una de ellas es la lectura de la realidad, una práctica pedagógica que no se limita a leer palabras escritas en un libro, sino que consiste en interpretar las condiciones concretas que rodean la vida de cada estudiante, comprender sus contextos y transformarlos en oportunidades de aprendizaje. Este enfoque permite que lo que ocurre fuera y dentro de las aulas se convierta en un punto de partida para reflexionar, dialogar y construir saberes que tienen sentido en la vida cotidiana.
La lectura de la realidad implica reconocer que la infancia y la adolescencia no son homogéneas, que cada estudiante enfrenta circunstancias distintas que impactan en su manera de aprender. Situaciones de desigualdad, violencia, abandono, falta de recursos o problemas emocionales forman parte del entorno en el que se desenvuelven, y el personal educativo debe estar preparado para identificar y atender estas realidades. No se trata de un ejercicio improvisado, sino de una tarea que requiere conocimientos teóricos, metodológicos y experiencia acumulada, que les permite diseñar actividades que vinculan la reflexión crítica con la acción.
Muchas veces, fuera de la escuela se piensa que la educación se limita a transmitir información o a seguir un plan de estudios. Sin embargo, el trabajo docente va mucho más allá: se trata de un proceso en el que la observación constante, la escucha atenta y la capacidad de problematizar son esenciales para guiar a sus estudiantes en la construcción de su propia visión del mundo. Esto exige no solo preparación académica, sino también sensibilidad, creatividad y compromiso con el bienestar integral de las y los alumnos.
La práctica de leer la realidad se convierte en una herramienta poderosa porque coloca al estudiante en el centro, reconociendo su contexto y dándole voz dentro del aula. Al problematizar lo que ocurre en su entorno, las y los jóvenes descubren que sus experiencias y emociones son válidas y que forman parte del proceso educativo. Al mismo tiempo, el personal docente aprende a adaptar sus métodos, reorganizar dinámicas de aula y generar espacios en los que cada voz tenga un lugar, sin necesidad de recurrir a la imposición.
Esta labor, aunque muchas veces pasa inadvertida para quienes no están dentro de las escuelas, constituye uno de los aportes más significativos de la Nueva Escuela Mexicana. Es una tarea silenciosa, pero con profundo impacto social, porque forma estudiantes críticos, capaces de interpretar su mundo y transformarlo. Detrás de cada actividad, de cada diálogo y de cada reflexión guiada, se encuentra la experiencia, el conocimiento y la capacidad del personal docente para reconocer el momento exacto en que estas herramientas deben aplicarse.
Por ello, valorar el trabajo que se realiza en las aulas implica comprender que la educación no se reduce a contenidos académicos, sino que integra la vida misma. La lectura de la realidad enseña a ver más allá de lo evidente, a descubrir la complejidad del entorno y a buscar respuestas colectivas que fortalezcan a la comunidad. Reconocer este esfuerzo es reconocer la importancia de quienes, día a día, construyen desde la escuela un futuro más justo y consciente para las nuevas generaciones. Porque la educación es el camino…
El Consejo Técnico Escolar (CTE) es un espacio colegiado de diálogo, análisis y toma de decisiones pedagógicas, fundamentales para el desarrollo de prácticas educativas contextualizadas y efectivas. En el marco del ciclo escolar 2025-2026, el CTE de agosto de 2025 tuvo un papel estratégico, al llevarse a cabo la Fase Intensiva, del 25 al 29 de agosto, justo antes del inicio oficial del ciclo el 1 de septiembre.
Este periodo nos permitió al colectivo docente reflexionar sobre la práctica educativa, analizar los elementos curriculares de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), y diseñar acciones que responden al contexto específico de cada comunidad escolar.
Propósitos generales de la Fase Intensiva
Durante esta semana de trabajo, el colectivo docente tuvo como principales objetivos:
Fortalecer la lectura crítica de la realidad de las escuelas, para comprender las condiciones sociales, culturales y académicas del alumnado.
* Elaborar un Programa Analítico, como parte del proceso de apropiación curricular y planeación didáctica.
* En colectivo se diseñaron mes por mes estrategias para el inicio del ciclo escolar, que favorezcan la integración, el bienestar y el sentido de comunidad estudiantil y docente.
* Se construyó un Proceso de Mejora Continua, como eje articulador de las acciones pedagógicas durante el ciclo escolar.
Estos propósitos se alinean con la visión humanista, integral, incluyente y crítica de la Nueva Escuela Mexicana, que busca transformar la educación en una herramienta de justicia social y desarrollo colectivo.
Desarrollo de las actividades
1. Lectura de la realidad escolar
Este primer momento fue dedicado al análisis de las condiciones internas y externas que inciden en la vida escolar.
Los docentes:
* Reflexionaron sobre el contexto social, económico y cultural de los estudiantes.
* Identificaron las fortalezas y desafíos del ciclo escolar anterior.
* Recopilaron información relevante sobre el rendimiento académico, asistencia, participación familiar, infraestructura y recursos disponibles.
Se analizaron los desafíos educativos específicos del entorno local. Este análisis no se enfocó únicamente en datos cuantitativos, sino también en la escucha activa, la observación, la experiencia docente y el conocimiento profundo de la comunidad. La lectura de la realidad permitió tomar decisiones más pertinentes para atender las necesidades reales del alumnado.
2. Construcción del Programa Analítico
Una parte medular de esta fase intensiva fue el diseño del Programa Analítico, documento clave que representa una adaptación contextualizada del Plan y Programas de Estudio 2022 de la NEM. En este proceso:
Se revisaron los campos formativos, sus propósitos y contenidos.
Se identificaron contenidos que respondan a las características del grupo, considerando nivel de desarrollo, diversidad lingüística y cultural, estilos de aprendizaje, etc.
Se incorporaron temas de relevancia local, así como proyectos integradores que articulan el conocimiento con el entorno social.
Se fortaleció la interdisciplinariedad, para ofrecer una experiencia de aprendizaje más significativa y cercana a la vida del estudiante.
El Programa Analítico no se concibe como un producto terminado, sino como un documento vivo que se enriquece continuamente, especialmente durante los primeros meses del ciclo escolar, con base en la práctica y el análisis colectivo.
3. Planeación del inicio del ciclo escolar
El tercer momento se centró en el diseño de acciones específicas para el inicio del ciclo escolar, reconociendo que los primeros días y semanas son cruciales para establecer un ambiente de confianza, respeto y colaboración. Entre las acciones destacadas estuvieron:
Planeación de actividades de bienvenida que generen sentido de pertenencia.
Organización de jornadas de integración entre alumnos, docentes y familias.
Preparación de materiales y espacios escolares para propiciar una convivencia armónica.
Revisión y fortalecimiento de los protocolos de seguridad y salud escolar.
Asignación de responsabilidades y coordinación de comisiones docentes.
Este momento también contempló la reflexión sobre cómo abordar la diversidad del grupo desde el inicio, y cómo establecer un vínculo afectivo y pedagógico con cada estudiante.
4. Diseño del Proceso de Mejora Continua
Finalmente, se elaboró el Proceso de Mejora Continua, entendido como una ruta flexible y contextualizada para fortalecer el trabajo educativo. Este proceso incluyó:
Establecimiento de metas claras y alcanzables para el ciclo escolar.
Identificación de acciones estratégicas, con responsables y tiempos definidos.
Planeación de mecanismos de seguimiento y evaluación, desde una perspectiva formativa.
Articulación de este proceso con los ejes de formación docente, participación comunitaria, equidad, inclusión y excelencia.
Este componente no debe entenderse como una carga administrativa, sino como una herramienta práctica de organización, reflexión y mejora de la práctica docente. La SEP enfatizó que su elaboración debe tener sentido para el colectivo, no ser un simple requisito burocrático.
La Fase Intensiva del Consejo Técnico Escolar de agosto de 2025 representó un momento estratégico para resignificar el papel del docente como agente de transformación. Las actividades realizadas permitieron fortalecer la planeación desde lo colectivo, promover una práctica educativa más reflexiva, y preparar a las escuelas para enfrentar los retos del nuevo ciclo escolar con claridad, propósito y compromiso social.
Bajo el enfoque de la Nueva Escuela Mexicana, se reafirma que el CTE no es únicamente un espacio de planeación técnica, sino un espacio ético, político y pedagógico, donde se construye una escuela más humana, justa y transformadora.
La Fase Intensiva del Consejo Técnico Escolar CTE será del 25 al 29 de agosto.
La Secretaría de Educación Pública (SEP) pidió a supervisores y directores de educación básica evitar que el Programa Analítico y el Programa de Mejora Continua se conviertan en instrumentos de control administrativo dentro de las escuelas.
Y es que subrayó que ambos documentos son herramientas de trabajo pedagógico, cuya finalidad es apoyar los procesos de enseñanza y aprendizaje, y no representar una carga burocrática para los colectivos docentes.
En el documento ‘Orientaciones para la Preparación de la Fase Intensiva del Consejo Técnico Escolar (CTE) 2025-2026’ dirigido a Supervisores y Directivos, la SEP recordó que durante el primer mes del ciclo escolar las comunidades educativas seguirán recabando e interpretando información para la construcción de estos programas, por lo que no deberán solicitarse al término de dicha fase del Consejo Técnico Escolar.
Asimismo, la institución enfatizó que tanto el Programa Analítico como el de Mejora Continua son documentos “abiertos, flexibles, vivos e inacabados”, lo que permite que se ajusten y enriquezcan de manera constante a lo largo del ciclo escolar, en función de las necesidades de cada plantel.
Cabe señalar que, según el Calendario Escolar 2025-2026, la Fase Intensiva del CTE será del 25 al 29 de agosto, en donde los temas a tratar son:
La lectura de la realidad
El Programa Analítico
El Programa de mejora continua
Actividades de organización de la escuela para recibir a niñas, niños y adolescentes.
En ese sentido, la SEP explicó a Supervisores y directivos que “los procesos que inician los colectivos docentes y de agentes educativos en la Fase Intensiva: lectura de la realidad, codiseño del Programa Analítico y Proceso de Mejora Continua, no se concluyen en esta semana de trabajo, sino que podrán concretarse en los primeros meses del ciclo escolar”.