Hoy empiezo a escribir porque siento que algo dentro de mí necesita ordenarse. No solo mis apuntes, mis horarios o mis tareas atrasadas, sino también mis pensamientos. Comenzar el segundo semestre de la preparatoria se siente diferente al primero. Ya no es ese inicio lleno de nervios por no conocer a nadie o por no saber dónde están los salones. Ahora es más profundo, más interno. Es como si este semestre no solo fuera una nueva etapa escolar, sino una oportunidad real de mejorar, de demostrarme que puedo hacerlo mejor que antes.
El primer semestre fue un golpe de realidad. Llegué a la prepa con muchas expectativas, creyendo que sería parecido a la secundaria, pero no lo fue. Las materias son más pesadas, los profesores exigen más y nadie te está recordando a cada rato que entregues tareas o estudies para un examen. Al principio me sentí perdida. Hubo días en los que llegaba a casa cansada, con la mochila llena de libros y la cabeza llena de dudas. Me preguntaba si de verdad era capaz, si estaba a la altura, si no me estaba quedando atrás sin darme cuenta.
Reconozco que no di lo mejor de mí en el semestre pasado. Me confié. Dejé trabajos para después, estudié a medias y muchas veces preferí el celular o dormir en lugar de repasar. No fue que no me importara la escuela, sino que no supe organizarme ni manejar la presión. Cuando llegaron las calificaciones, sentí una mezcla de alivio y decepción. Pasé, sí, pero sabía que podía haberlo hecho mucho mejor. Y eso fue lo que más me dolió: no haber dado todo.
Ahora, al iniciar el semestre dos, siento una especie de compromiso conmigo misma. No es solo “echarle más ganas”, como dicen los adultos, sino entender que mi esfuerzo tiene consecuencias reales. Quiero mejorar escolarmente porque quiero sentir orgullo de mí, no solo cumplir. Quiero abrir mis libretas y saber que ahí está reflejado mi esfuerzo, mis desvelos, mis intentos, incluso mis errores, pero sobre todo mi crecimiento.
El primer día de clases de este semestre me senté en el salón con otra actitud. Observé a mis compañeros, a los mismos de siempre, pero algo era distinto. Algunos hablaban de las materias que reprobaron, otros de lo poco que durmieron en vacaciones. Yo, en silencio, pensé en mis metas. No son metas imposibles ni exageradas. No quiero ser perfecta ni sacar puros dieces, solo quiero mejorar, entender más, participar sin miedo y dejar de subestimarme.
Una de las cosas que más quiero cambiar es mi forma de estudiar. Antes lo hacía solo cuando ya no había opción, cuando el examen estaba encima. Ahora quiero intentar algo diferente: repasar poco a poco, preguntar cuando no entienda y no quedarme con la duda por vergüenza. Me cuesta aceptar que no entiendo algo, porque siento que eso me hace ver menos inteligente, pero estoy aprendiendo que preguntar también es una forma de ser valiente.
También quiero mejorar mi organización. Tener una agenda, anotar fechas importantes y no confiar solo en mi memoria. Parece algo simple, pero para mí es un reto. A veces mi mente está tan llena de pensamientos que se me olvidan las cosas más básicas. Quiero aprender a darme tiempo, a no saturarme y a entender que descansar también es parte del proceso, pero sin caer en la procrastinación.
Este semestre también quiero trabajar en mi confianza. Muchas veces sé la respuesta, pero no levanto la mano. Tengo miedo de equivocarme, de que se rían o de sonar tonta. Pero he entendido que equivocarse es parte del aprendizaje. Nadie nace sabiendo y la prepa no es solo para memorizar, sino para aprender a pensar, a cuestionar y a crecer. Quiero atreverme más, hablar más, creer más en mí.
A veces siento presión, no solo por la escuela, sino por el futuro. Todos preguntan qué quiero estudiar, qué quiero ser, qué voy a hacer después. La verdad es que no siempre lo sé. Hay días en los que tengo todo claro y otros en los que me siento completamente perdida. Pero he aprendido que no tener todas las respuestas no significa que esté fallando. Significa que estoy en proceso, y eso también vale.
Mis ganas de mejorar escolarmente no vienen solo de las calificaciones, sino de lo que quiero construir para mí. Quiero demostrarme que puedo ser constante, responsable y disciplinada. No porque alguien me obligue, sino porque yo lo decido. Quiero dejar atrás la versión de mí que se rendía fácil y darle espacio a una versión más fuerte, más segura y más comprometida.
Sé que no será fácil. Habrá días en los que me sienta cansada, desmotivada o frustrada. Habrá exámenes difíciles, tareas largas y momentos en los que quiera tirar la toalla. Pero esta vez quiero recordarme por qué empecé. Quiero recordar esta sensación de inicio, de esperanza, de ganas de hacerlo mejor. Quiero volver a este diario cuando dude de mí y leer estas palabras como un recordatorio de que sí me importa y de que sí puedo.
El semestre dos representa para mí una segunda oportunidad. No para borrar errores, sino para aprender de ellos. Para crecer no solo como estudiante, sino como persona. Quiero aprender a ser más responsable, más paciente conmigo misma y más consciente de mis capacidades. No sé exactamente cómo terminará este semestre, pero sí sé cómo quiero vivirlo: con esfuerzo, con intención y con ganas reales de mejorar.
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