A Diego su abuela lo escogía entre los casi quince nietos que tenía. Siempre a él.
Cuando todos estaban sentados frente al televisor viendo caricaturas, cinco minutos antes de las ocho de la noche, su abuela lo llamaba con esa voz suave y gastada:
—D
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La primera vez que escucharon el llanto, pensaron que era un gato atrapado en la basura.
Ocurrió a las 2:46 de la madrugada.
Un llanto agudo.
De bebé.
Provenía del pasillo del hospital viejo.
El Hospital Salvatierra llevaba quince años abandonado. De
En el edificio 14, departamento 302, todas las noches a las 3:17 a.m., algo golpeaba la pared.
Tres golpes.
Pausa.
Tres golpes más.
Clara pensó que era el vecino. Un anciano solitario que casi no salía. Intentó ignorarlo. Pero el cuarto día, los golp