Febrero me sonríe

Si tuviera que elegir un mes para quedarme a vivir para siempre, sin duda sería febrero. No es el más largo, ni el más frío, ni el más31087788477?profile=RESIZE_400x soleado, pero para mí tiene algo que ningún otro mes posee: magia. Febrero es mi cumpleaños, es el mes en que el mundo parece pintarse de colores con el Carnaval de La Paz y es, sin exagerar, mi mes de la suerte. Desde que empieza, siento que algo dentro de mí se enciende, como si el calendario me guiñara el ojo y me dijera: “Este es tu momento”.

Desde el primer día, todo cambia. Enero siempre se me hace pesado, lleno de propósitos que todavía no sé si podré cumplir. Pero febrero llega ligero, como si trajera alas. Me despierto con más ganas, sonrío más fácil y hasta los problemas parecen pequeños. No sé si es psicológico, pero juro que en febrero las cosas me salen mejor. Me va bien en la escuela, mis amistades se sienten más fuertes y hasta mi familia está de mejor humor. Es como si el universo conspirara un poquito a mi favor.

Mi cumpleaños es el corazón de todo. No es solo una fiesta o los regalos, aunque no voy a mentir: me encanta sentirme especial por un día. Lo que más me gusta es esa sensación de empezar de nuevo. Cada año, cuando soplo las velas, cierro los ojos y pido un deseo que casi nunca le cuento a nadie. Es un momento muy mío. Siento que dejo atrás lo que me dolió, lo que me dio miedo o lo que no salió como esperaba. Cumplir años en febrero me hace sentir que comienzo el año cuando yo quiero, no cuando lo dice el calendario.

Además, mi cumpleaños siempre tiene algo diferente. A veces lo celebro con una reunión pequeña, otras con una salida a la playa, y otras simplemente con mi familia, comiendo pastel y riéndonos hasta tarde. Pero sin importar cómo sea, febrero me recuerda que estoy creciendo. Y aunque a veces me asusta pensar en el futuro, en este mes el miedo se transforma en emoción. Es como si cada vela apagada me dijera que tengo otra oportunidad para ser quien quiero ser.

Y luego está el carnaval. El Carnaval de La Paz no es solo una fiesta; es una tradición que siento en el pecho. Desde pequeña, ir al malecón y ver las luces, los carros alegóricos y la música me hacía sentir que vivía en el lugar más bonito del mundo. Ahora que soy adolescente, lo vivo diferente, pero con la misma intensidad. Ir con mis amigas, arreglarnos, caminar entre la gente y sentir la música vibrar en el suelo es algo que espero todo el año.

El carnaval representa libertad. Es como si durante esos días nadie se preocupara demasiado por nada. Todo se llena de colores, risas y sonidos. Me encanta ver los trajes brillantes, escuchar los gritos de emoción y sentir el aire fresco de la noche. En esos momentos me siento parte de algo grande, de una tradición que ha pasado por generaciones. Me gusta pensar que algún día recordaré estos carnavales como uno de los mejores recuerdos de mi adolescencia.

Febrero también tiene algo que no se puede explicar fácilmente: suerte. No es que me gane la lotería ni que todo sea perfecto, pero pasan pequeñas cosas que me hacen creer que es mi mes favorito por algo. Encuentro dinero olvidado en un pantalón, me toca participar en clase justo cuando estudié el tema, alguien me escribe cuando más lo necesito. Son detalles pequeños, pero juntos forman una sensación enorme de bienestar.

Creo que también es el mes en que me siento más yo. Tal vez porque celebro mi existencia, porque me rodeo de gente que quiero o porque la ciudad se llena de vida. Me siento más segura, más valiente. Incluso cuando algo sale mal, no me afecta tanto. Es como si febrero me diera un escudo invisible contra la tristeza.

A veces me pongo a pensar qué pasará cuando crezca más, cuando ya no espere mi cumpleaños con la misma emoción o cuando el carnaval no sea tan impresionante. Pero luego me doy cuenta de que cada etapa tiene su propia manera de sentirse especial. Y sé que, sin importar la edad que tenga, febrero siempre será ese mes que me recuerda quién soy y de dónde vengo.

Para muchos, febrero es solo otro mes corto entre enero y marzo. Para mí es el mes en que el mundo parece alinearse con mi corazón. Es cumpleaños, es carnaval, es suerte, es familia, es amistad. Es risas en la noche, deseos susurrados frente a un pastel, luces brillando sobre el malecón y abrazos que duran un poquito más.

Si algún día olvido lo que se siente esta emoción, quiero volver a leer estas palabras. Quiero recordar que hubo una etapa en mi vida en la que febrero era sinónimo de felicidad pura. Y aunque la vida cambie, aunque crezca y enfrente cosas más difíciles, siempre guardaré este mes como mi refugio favorito.

Porque febrero no solo es el mejor mes del año.

Es mi mes.

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