En San Antonio hay una iglesia que nadie usa para bodas después de las seis de la tarde. No es una regla escrita. Es algo que todos saben.
Dicen que hace muchos años, una novia llegó vestida de blanco, con flores frescas y música de órgano. El novio
terror (11)
La tienda ocupaba toda una manzana. Desde fuera parecía un centro comercial común, pero por dentro era un laberinto interminable de estéticas, peluquerías para mujeres y pasillos repletos de productos de belleza: perfumes dulces, cremas milagrosas, t
Clara compró la casa porque era barata. Demasiado barata para ser una vivienda colonial en el centro de la ciudad de La Paz BCS, con jardines amplios y techos altos. El agente inmobiliario mencionó algo de "problemas previos con inquilinos", pero ell
En el pueblo de San Isidro, enclavado entre cerros que siempre parecían cubiertas de niebla, vivía la familia Alcántara. Todos los que conocían su historia susurraban lo mismo: los Alcántara llevaban una maldición desde hacía siglos. Nadie sabía exac
Vives en una casa antigua, heredada de tu abuela, que murió sola hace años. La casa es grande, con pasillos largos y techos altos que crujen por las noches. Pero lo que más te inquieta desde que te mudaste es el espejo del pasillo principal. Es un es
La tarde se deslizaba hacia la noche cuando la familia llegó al panteón. Las sombras se alargaban entre las lápidas, y un viento frío susurraba historias olvidadas. Ana, una joven curiosa, se separó del grupo, atraída por las antiguas criptas cubiert
En el corazón de Cabo San Lucas, a unas calles de la marina donde el mar golpea con suavemente los muelles, existe un restaurante antiguo de esos que dicen since y que antes era una casa de huéspedes. Los lugareños lo conocen, pero nadie habla de lo
Entre los cerros polvorientos que separan a San Evaristo del olvido, se levanta una casa vieja, de madera reseca y ventanas sin vidrio. Los pescadores y rancheros del rumbo la conocen bien: el Rancho El Mal de Orín. Nadie se atreve a pasar por ahí cu
Era una noche de lluvia espesa, de esas en las que el agua golpea las ventanas como si quisiera entrar. En el pequeño pueblo de San Domingo, todos dormían… excepto Lucía, una joven que acababa de mudarse a una vieja casa heredada de su abuela.
La cas
El pueblo de San Pedro vivía con la certeza de que la lluvia no era solo agua. Cuando el cielo se abría en tormenta, los más viejos cerraban puertas, apagaban luces y rezaban en voz baja. No lo llamaban superstición, lo llamaban prudencia. Porque en
Basado en un recuerdo de Leticia, de San Juan Huetamo, Michoacán.
Allá en mi pueblo, cuando yo tenía entre cinco años, vivíamos tranquilos. Éramos muchos hermanos jugando en la tierra, corriendo entre las casas, trepándonos a los árboles de guayaba y