Las láminas del techo crujían como dientes apretados mientras el agua caía a chuzos por segundo día consecutivo. En La Paz, cuando la lluvia no cede, el desierto no absorbe; el agua busca salida y se convierte en una trampa viva.
Esa noche, la angust
lluvia (2)
El pueblo de San Pedro vivía con la certeza de que la lluvia no era solo agua. Cuando el cielo se abría en tormenta, los más viejos cerraban puertas, apagaban luces y rezaban en voz baja. No lo llamaban superstición, lo llamaban prudencia. Porque en