Las láminas del techo crujían como dientes apretados mientras el agua caía a chuzos por segundo día consecutivo. En La Paz, cuando la lluvia no cede, el desierto no absorbe; el agua busca salida y se convierte en una trampa viva.
Esa noche, la angust
tormenta (2)
El agua del golfo se tornaba del color del plomo cada vez que los nubarrones del desierto bajaban a ahogar a La Paz. Para los paceños, la lluvia siempre era un acontecimiento extraño, pero para don Tomás, un anciano que vendía almejas en el Malecón,