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Alivio de semana santa

Hoy desperté con una sensación completamente diferente a la de hace unos días. No había alarma apurándome, ni la presión de tener que llegar temprano a la escuela. Por primera vez en semanas, sentí algo que ya casi había olvidado: tranquilidad.

Es increíble cómo algo tan simple como saber que estás de vacaciones puede cambiarlo todo. Esta semana ha sido un respiro, una pausa necesaria después de tantos días llenos de tareas, exámenes y preocupaciones.

Antes de que empezara Semana Santa, me sentía agotada. No solo físicamente, sino también mentalmente. Era como si mi cabeza no dejara de pensar en pendientes, en responsabilidades, en todo lo que tenía que hacer. Incluso cuando intentaba descansar, no lo lograba del todo.

Pero ahora… es diferente.

Los primeros días de vacaciones fueron raros. Me costaba no hacer nada, como si mi mente estuviera acostumbrada a estar siempre ocupada. Pero poco a poco empecé a soltar esa sensación. Empecé a disfrutar los pequeños momentos: dormir más, ver series sin culpa, pasar tiempo con mi familia.

Algo que me sorprendió fue darme cuenta de cuánto necesitaba este descanso. A veces uno cree que puede con todo, que no pasa nada por seguir y seguir sin parar. Pero no es cierto. Llega un punto en el que necesitas detenerte, aunque sea un poco.

Esta semana también me ha dado tiempo para pensar. No en tareas ni en exámenes, sino en mí. En cómo me he sentido últimamente, en lo que quiero, en lo que me preocupa. Y creo que eso es algo que casi nunca hago.

Salí un par de veces, nada extraordinario, pero suficiente para despejarme. Caminar, sentir el aire, ver el cielo sin estar pensando en la hora… son cosas que parecen pequeñas, pero hacen una gran diferencia.

También he pasado tiempo sola, y lejos de sentirme mal, lo he disfrutado. Es como si poco a poco me estuviera reconectando conmigo misma, recordando quién soy más allá de la escuela y las responsabilidades.

Claro, no todo es perfecto. A veces me acuerdo de que las clases van a volver, de que los pendientes siguen ahí, esperando. Pero esta vez no lo siento igual. No lo veo como algo que me aplasta, sino como algo que puedo manejar.

Semana Santa no solo ha sido descanso, ha sido como volver a respirar.

Me doy cuenta de que necesitaba este tiempo para recargarme, para soltar el estrés acumulado y para recordar que no todo gira alrededor de la escuela. Que también hay momentos para simplemente estar, sin exigencias.

Y aunque sé que pronto todo volverá a la normalidad, quiero guardar esta sensación. Quiero recordar lo bien que se siente estar tranquila, no presionarme tanto, darme permiso de descansar.

Tal vez no pueda evitar el estrés por completo cuando regresen las clases, pero sí puedo intentar manejarlo mejor. Sí puedo recordarme que también necesito pausas, que no tengo que ser perfecta todo el tiempo.

Hoy me siento ligera, como si me hubiera quitado un peso de encima. Y aunque sea por unos días más, quiero disfrutarlo.

Porque este alivio… lo necesitaba más de lo que pensaba.

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El día de entrega de calificaciones

Hoy fue uno de esos días que se sienten más largos de lo normal. Desde que desperté, había algo en el ambiente que me hacía sentir incómoda, como si ya supiera que algo importante iba a pasar. Y sí, hoy fue la entrega de calificaciones.

No es como si no supiera cómo me había ido. Durante las últimas semanas estuve pensando mucho en eso, repasando mentalmente cada examen, cada tarea que hice rápido o incluso aquellas que entregué tarde. Aun así, tener ese papel frente a mí es completamente diferente. Es como si todo se volviera más real, más pesado.

Cuando llegué a la escuela, noté que no era la única que se sentía así. Mis compañeros estaban más callados de lo normal, algunos intentaban hacerse los relajados, otros se reían nerviosamente. Es curioso cómo todos vivimos lo mismo, pero cada quien lo maneja de manera distinta.

Entramos al salón y la maestra empezó a llamar lista. Cada nombre que decía hacía que mi corazón latiera más rápido. Sentía un nudo en la garganta, como si no estuviera lista para ver mis resultados, aunque en el fondo sabía que no podía evitarlo.

Cuando por fin dijo mi nombre, caminé hasta el escritorio tratando de verme tranquila, pero por dentro estaba llena de pensamientos. Tomé la hoja, la miré por unos segundos sin entender nada, como si mis ojos no quisieran procesar la información. Luego respiré profundo y comencé a leer.

No todo fue malo, pero tampoco perfecto. Hubo materias en las que me fue mejor de lo que esperaba, y otras en las que definitivamente pude haber dado más. Y eso fue lo que más me pegó… saber que no siempre se trata de capacidad, sino de esfuerzo.

Regresé a mi lugar con sentimientos encontrados. Por un lado, sentí alivio de que ya había pasado ese momento. Por otro, no podía dejar de pensar en lo que pude haber hecho diferente. Es extraño cómo una simple hoja puede hacerte cuestionar tantas cosas.

Durante el resto del día, no pude concentrarme del todo. Veía a mis compañeros comparar calificaciones, algunos felices, otros decepcionados. Yo decidí guardármelo para mí. No quería que ese momento se volviera una competencia o algo de lo que tuviera que dar explicaciones.

Al salir de la escuela, sabía que lo más difícil aún no pasaba: llegar a casa. Pensar en la reacción de mis papás me tenía nerviosa. No porque fueran estrictos, sino porque sé que esperan mucho de mí… y a veces siento que yo también espero demasiado de mí misma.

Cuando finalmente les mostré mis calificaciones, hubo silencio por unos segundos que se sintieron eternos. Luego comenzaron a hablar conmigo, no con enojo, sino con ese tono que mezcla preocupación y apoyo. Me dijeron que podía hacerlo mejor, pero también que no todo estaba mal.

Y creo que eso fue lo que más necesitaba escuchar.

Ahora, ya en mi cuarto, escribiendo esto, me doy cuenta de que este día no solo se trató de números. Se trató de enfrentarme a mí misma, de aceptar mis errores y reconocer mis logros, aunque sean pequeños.

Tal vez no fue el resultado perfecto, pero fue suficiente para entender algo importante: aún tengo tiempo para mejorar. Y más que nada, tengo la oportunidad de demostrarme a mí misma que puedo hacerlo mejor la próxima vez.

Hoy no fue un día fácil, pero tampoco fue un fracaso. Fue un recordatorio de que estoy en proceso, de que aprender también implica equivocarse.

Y aunque me cueste admitirlo… eso también está bien.

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La promoción de valores que favorezcan la convivencia armónica dentro de la comunidad escolar es una de las tareas31104013871?profile=RESIZE_400x fundamentales de la educación. Con este propósito, en la Escuela Secundaria Humberto Muñoz Zazueta se está llevando a cabo durante esta semana la Exposición de trabajos “Cultura de Paz en la Vida Cotidiana”, una actividad que busca fomentar entre los estudiantes la reflexión sobre la importancia del respeto, el diálogo y la resolución pacífica de los conflictos.
Esta iniciativa se desarrolla con la participación de los grupos de segundo grado, quienes, junto con su maestro de la asignatura de Formación Cívica y Ética, el profesor Ángel Monroy, han trabajado en la elaboración de diversos materiales para explicar y difundir el significado de vivir bajo los principios de una cultura de paz. A través de carteles, reflexiones, presentaciones y materiales visuales, los alumnos muestran cómo las acciones cotidianas pueden contribuir a construir un ambiente de respeto y comprensión entre las personas.
La exposición se realiza en el área del Aula de Medios del plantel, espacio que ha sido adaptado para presentar los trabajos de los estudiantes y permitir que otros grupos puedan conocer las ideas y propuestas que los jóvenes han desarrollado durante el proyecto. En la organización y acompañamiento de esta actividad también participa la maestra Malibe Lucero, quien ha brindado su apoyo para la realización de la exposición y la presentación de los trabajos con laptop y proyector dinamico.
Durante el transcurso de la exposición, los alumnos pueden observar distintos temas relacionados con la cultura de paz, como la importancia del diálogo para resolver conflictos, el valor del respeto entre compañeros, la empatía, la inclusión y la responsabilidad que cada persona tiene para contribuir a una convivencia saludable dentro de la escuela y en la sociedad. Los trabajos elaborados por los alumnos muestran no solo creatividad, sino también un profundo interés por comprender cómo pequeñas acciones diarias pueden ayudar a prevenir la violencia y fortalecer los lazos de convivencia.
La cultura de paz no se limita únicamente a la ausencia de conflictos, sino que implica la construcción constante de relaciones basadas en la justicia, el respeto, la tolerancia y la solidaridad. Por ello, este tipo de actividades educativas permite que los estudiantes reflexionen sobre su propio comportamiento y reconozcan que cada uno de ellos puede convertirse en un promotor de paz dentro de su entorno.
La exposición de trabajos “Cultura de Paz en la Vida Cotidiana” representa, además, una oportunidad para que los estudiantes desarrollen habilidades de expresión, trabajo colaborativo y pensamiento crítico, elementos esenciales para su formación integral. A través de este ejercicio, los jóvenes comprenden que la paz se construye día a día mediante decisiones responsables, actitudes positivas y acciones que favorezcan la convivencia respetuosa.
Con actividades como esta que emprendió el profesor Ángel Monroy, la comunidad educativa de la Escuela Secundaria Humberto Muñoz Zazueta reafirma su compromiso con la formación de ciudadanos conscientes, capaces de valorar el diálogo y el respeto como herramientas fundamentales para vivir en sociedad. La participación activa de los alumnos, así como el acompañamiento de sus docentes, demuestra que la educación puede ser un motor importante para impulsar una cultura de paz que trascienda las aulas y se refleje en la vida cotidiana.

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En el marco de las actividades realizadas durante la semana de conmemoración del Día Internacional de la Mujer, en la Escuela31104012275?profile=RESIZE_400x Secundaria Humberto Muñoz Zazueta se llevó a cabo el curso–taller denominado “Análisis y Reflexión del Día de la Mujer, desde la perspectiva de las adolescentes”, una actividad formativa que buscó generar espacios de diálogo, reflexión y aprendizaje entre las estudiantes del plantel.
El taller fue organizado por el personal de Asistencia Educativa de la institución, quienes impulsaron esta iniciativa con el objetivo de fortalecer la conciencia social, el respeto y la comprensión sobre el significado histórico y social del Día Internacional de la Mujer. La actividad fue coordinada por la profesora Silvia Morales Albañez, quien, junto con el equipo de asistencia educativa, dirigió las dinámicas y reflexiones desarrolladas durante la jornada de trabajo.
En total participaron cuarenta alumnas del plantel, quienes fueron invitadas a formar parte de este espacio de aprendizaje enfocado en analizar el papel de la mujer en la sociedad, así como los retos, derechos y oportunidades que enfrentan las mujeres en la actualidad. A través de diversas actividades, ejercicios de reflexión y diálogo grupal, las estudiantes compartieron ideas, experiencias y opiniones sobre la importancia de construir relaciones basadas en el respeto, la igualdad y la valoración del papel de la mujer en distintos ámbitos de la vida social.
Durante el desarrollo del taller se abordaron temas relacionados con la identidad, la autoestima, la participación social de las mujeres y la importancia de reconocer la voz de las adolescentes dentro de los espacios educativos. Este enfoque permitió que las participantes se expresaran con libertad y reflexionaran sobre su propio papel como jóvenes que forman parte de una generación capaz de promover cambios positivos en su entorno.
Uno de los aspectos más significativos de esta actividad fue el compromiso asumido por las alumnas participantes, quienes tendrán la importante tarea de replicar lo aprendido con sus compañeros de grupo. De esta manera, el taller no solo representó una experiencia formativa para quienes participaron directamente, sino que también se convierte en una estrategia educativa que permitirá ampliar el alcance de las reflexiones y aprendizajes dentro de toda la comunidad escolar.
La participación de las alumnas fue altamente gratificante para las organizadoras del taller, ya que demostraron entusiasmo, interés y una actitud reflexiva durante cada una de las actividades realizadas. Su disposición para dialogar, escuchar y compartir puntos de vista evidenció la importancia de generar espacios educativos donde las adolescentes puedan expresar sus ideas y fortalecer su formación como jóvenes conscientes y comprometidas con la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.
Este tipo de iniciativas refuerzan el papel de la escuela como un espacio no solo de aprendizaje académico, sino también de formación humana y social. A través de talleres como este, la comunidad educativa de la Escuela Secundaria Humberto Muñoz Zazueta continúa promoviendo valores de respeto, equidad y participación, contribuyendo a que las nuevas generaciones comprendan la relevancia del Día Internacional de la Mujer y la importancia de reconocer y valorar el papel de las mujeres en la vida social.

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Cada año, al acercarse la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, las escuelas se convierten en espacios privilegiados31104008677?profile=RESIZE_400x para reflexionar, dialogar y reconocer el papel fundamental que las mujeres han desempeñado en la construcción de nuestra sociedad. En la Escuela Secundaria Humberto Muñoz Zazueta esta fecha no pasó desapercibida, pues durante varios días la comunidad escolar vivió una semana llena de actividades educativas, culturales y reflexivas que permitieron a estudiantes, docentes y personal del plantel comprender con mayor profundidad la importancia de esta conmemoración.
A lo largo de la semana del 8M  se desarrollaron diversas dinámicas orientadas a fomentar la conciencia y el respeto hacia la mujer y su papel en la historia y en la vida cotidiana. Entre las actividades destacaron las lecturas de libros y textos que abordan la vida, los logros y las luchas de mujeres que han marcado el rumbo de la humanidad en diferentes ámbitos. Estas lecturas se realizaron tanto dentro de las aulas como en espacios colectivos, permitiendo que los estudiantes compartieran ideas, reflexiones y comentarios sobre la relevancia de reconocer la igualdad, el respeto y la dignidad de las mujeres.
Asimismo, se llevaron a cabo pláticas con alumnos en las que se abordaron temas relacionados con la igualdad de género, los derechos de las mujeres y la importancia de construir una sociedad basada en el respeto mutuo. Estas conversaciones permitieron que los jóvenes expresaran sus opiniones y comprendieran que el papel de la mujer en la sociedad es esencial en ámbitos como la educación, la ciencia, la política, el arte, el deporte y la vida familiar. Los estudiantes pudieron reconocer que muchas de las libertades y derechos actuales han sido posibles gracias  a la lucha constante de mujeres valientes que buscaron abrir caminos para las nuevas generaciones.
Como parte de esta jornada conmemorativa también se realizó una exposición de trabajos elaborados por los propios alumnos del plantel. En carteles, murales, dibujos, escritos y reflexiones, los estudiantes plasmaron su visión sobre la importancia de la mujer en la sociedad, destacando su papel como madres, profesionistas, científicas, artistas, deportistas y líderes sociales. Cada trabajo reflejó creatividad, sensibilidad y respeto, mostrando cómo las nuevas generaciones comprenden cada vez más el valor de la igualdad y la justicia.
Uno de los momentos más significativos de esta semana de actividades del 8M fue la realización de una asamblea escolar dedicada a homenajear a la mujer y reconocer las múltiples actividades que desempeña dentro de la sociedad. Durante este acto, se resaltó la importancia de valorar el trabajo que millones de mujeres realizan diariamente, muchas veces con esfuerzo silencioso pero con un impacto profundo en la vida de las comunidades. La asamblea se convirtió en un espacio de reflexión colectiva en el que se destacó que el respeto, la equidad y la inclusión deben ser principios que guíen la convivencia dentro y fuera de la escuela.
Como parte central de esta conmemoración, se llevó a cabo también la inauguración de un espacio simbólico y permanente dentro del plantel: el Muro de la Mujer, un lugar destinado a reconocer y honrar la presencia mediante fotografías, la historia y las contribuciones de las mujeres en nuestras escuelas y en nuestra sociedad. Este muro fue acompañado por trabajos realizados por alumnos de la escuela, quienes aportaron mensajes, ilustraciones y reflexiones que invitan a valorar el papel de la mujer en la construcción de un mundo más justo y humano.
El momento inaugural se realizó el viernes 6 de marzo, cuando el director Profesor Ramón Magno Villa Bastida del plantel llevó a cabo el corte del listón que marcó oficialmente la apertura de este espacio conmemorativo. Con este gesto simbólico, la comunidad educativa reafirmó su compromiso de mantener viva la reflexión sobre la igualdad, el respeto y la dignidad de las mujeres, no solo en fechas conmemorativas, sino como parte de la formación integral de los estudiantes.
La creación del Muro de la Mujer representa más que una obra física dentro de la escuela; es un recordatorio permanente de que la educación también tiene la misión de formar ciudadanos conscientes, respetuosos y comprometidos con los valores de justicia e igualdad. En cada uno de los trabajos expuestos se refleja la voz de los jóvenes, quienes reconocen que el progreso de una sociedad está estrechamente ligado al respeto y reconocimiento de las mujeres.
De esta manera, la semana de actividades organizada por el personal de la Escuela Secundaria Humberto Muñoz Zazueta se convirtió en una experiencia educativa significativa que permitió fortalecer valores, generar reflexión y promover una cultura de igualdad entre los estudiantes. Más allá de los actos simbólicos, estas actividades dejan una huella en la conciencia de quienes participaron, recordando que el respeto y la valoración de la mujer deben construirse todos los días desde la educación, el diálogo y la convivencia.

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En cada ciudad existen lugares que guardan historias que no aparecen en los mapas, pero que viven profundamente en la31103686079?profile=RESIZE_400x memoria de sus habitantes. Son espacios donde transcurre la vida cotidiana, donde se forman amistades, donde se descubren talentos y donde muchas veces comienza a construirse el destino de una persona. En la ciudad de La Paz, uno de esos lugares es la Escuela Secundaria José Vasconcelos, una institución que a lo largo de los años se ha convertido en un punto de encuentro para generaciones de jóvenes que han encontrado entre sus aulas algo más que educación: han encontrado una comunidad. La historia de esta secundaria no comienza únicamente con la construcción de un edificio o con la colocación de los primeros ladrillos, varillas o concreto. Su historia empieza con una necesidad colectiva, con el crecimiento de una ciudad que buscaba abrir más caminos para la educación de sus jóvenes. A finales del siglo pasado, La Paz vivía un proceso de expansión. Nuevas colonias surgían en distintos sectores Olas Altas, Diana Laura, La Phitaya, La Fuente Tabachines, Camino Real, El Progreso, Miramar y las familias que llegaban buscaban un lugar donde sus hijos pudieran estudiar, crecer y prepararse para el futuro.

Fue entonces cuando surgió la idea de crear una nueva secundaria que atendiera a los adolescentes de esa zona en crecimiento. El proyecto comenzó a tomar forma con la selección de un terreno amplio, un espacio que con el tiempo se convertiría en un lugar lleno de voces, risas, aprendizajes y recuerdos. Durante el año 2000 comenzaron los trabajos de construcción. Quienes pasaban por el lugar veían cómo, poco a poco, el terreno se transformaba. Primero llegaron las máquinas, luego los cimientos, después las paredes y los techos. Lo que antes era un espacio vacío comenzó a convertirse en una escuela. El plantel fue construido por el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPECE), la propiedad está a cargo de la Secretaria de Educación Pública y se entregó el 14 de junio del 2001; el terreno consta de 14,858 metros cuadrados. Alrededor del mes de septiembre del 2001, se empezó la construcción del aula didáctica, laboratorio, una cancha de usos múltiples techumbre metálica y el portón de acceso.

Al principio el plantel contaba con algunas aulas, sanitarios, áreas exteriores, un laboratorio y una cancha de usos múltiples. No era una escuela grande todavía, pero tenía algo que sería fundamental para su futuro: el entusiasmo de quienes creían en el proyecto educativo. Ese 2001 marcó el nacimiento formal de la secundaria, aunque su verdadera historia comenzaría meses después, cuando los estudiantes cruzaran por primera vez la puerta del plantel. Siendo inaugurado el ciclo escolar 2003 por el Licenciado Leonel Cota Montaño, las autoridades que participaron en la intervención fueron: Profesor Víctor Manuel Lizárraga Peraza, como Secretario de Educación Pública, Antonio Fonseca Amador como director y Renato Vázquez como encargado de la obra en la dirección de CAPECE. Por órdenes del Prof. José Antonio Flores Cota, Jefe del Departamento de Secundarias Generales. Les solicito a trabajadores de distintas instituciones que se unieran al cuerpo de una nueva Escuela Secundaria. Aquella primera generación estaba formada únicamente por tres grupos de primer grado: primero “A”, primero “B” y primero “C”. Para esos jóvenes, la secundaria era una experiencia nueva y emocionante. Dejaban atrás la primaria para iniciar una etapa que marcaría profundamente su adolescencia. Los primeros maestros también recuerdan ese momento con claridad. Algunos llegaron al plantel cuando todavía faltaban detalles por terminar en las instalaciones. Sin embargo, eso no impidió que las clases comenzaran con entusiasmo. Había energía, compromiso y una fuerte convicción de que la educación podía transformar la vida de los estudiantes.

El 15 de agosto del 2000, se presenta a trabajar el director de nombre: Prof. Héctor Medina Castro, quince Docentes, cinco del personal administrativo y 118 alumnos, 65 hombres y 53 mujeres de nuevo ingreso a la educación secundaria. El personal estuvo integrado por; Los profesores del equipo de Docente; Profesor Héctor Medina Castro, Profesor José Alfredo Arce Rubio, Profesora Doraliz Chollet Rochin, Profesor Francisco Javier Zúñiga, Profesor Alberto Winkler Cota, Profesor José Vega Hernández, Profesor Rene Magadan Toribio, Profesora Yolanda Armenta Villegas, Profesora Selene Guadalupe Luna Ochoa, Profesora Lorena Guadalupe Carmona Güido, Profesor Norberto Castro Zazueta, Profesora María Victoria Cota Talamantes, Profesor Jesús Alfredo Torres, Profesor Gerardo Geraldo Cota. Equipo administrativo. Conformado por: Alma Consuelo González Olachea, María Teresa Orozco E., Marisela García Sánchez, Ana María Avilés Lizardi, Joel Espinoza Piñuelas.

Se convocó a toda la comunidad escolar, maestros y padres de familia, para elegir el nombre de la escuela, de la cual hubo varias propuestas, como; Jaime Torres Bodet, Francisco Villa, José Vasconcelos siendo esta última la ganadora, propuesta del Profesor Gerardo Geraldo, el 12 de diciembre del 2002; como también la convocatoria del escudo que representaría a la escuela, siendo ganador el profesor Alfredo Arce Rubio. El nombre elegido para la institución también tenía un significado profundo. La secundaria fue nombrada en honor a José Vasconcelos, uno de los pensadores y educadores más influyentes en la historia de México. Vasconcelos fue un gran promotor de la cultura, la lectura y la educación como herramientas para construir una sociedad más justa y más consciente.

Su visión educativa defendía la idea de que las escuelas debían ser espacios donde los estudiantes no sólo aprendieran materias académicas, sino también desarrollaran sensibilidad cultural, pensamiento crítico y valores humanos. Ese espíritu inspiró desde el inicio el trabajo educativo de la secundaria.

Con el paso de los primeros ciclos escolares, la escuela comenzó a crecer. Nuevos estudiantes se inscribían cada año y poco a poco la matrícula aumentaba. Fue necesario ampliar las instalaciones, agregar más aulas y fortalecer las áreas de trabajo académico y administrativo. Pero más allá del crecimiento físico del plantel, lo que realmente comenzó a consolidarse fue su identidad como comunidad educativa.

En el mes de agosto del 2002, llega como Director el Profesor Armando Ramírez Villalobos.
Para el ciclo 2003-2004 ya se contaba con los tres grados con un total de 315 alumnos
Viendo la necesidad de ampliar la escuela a un turno vespertino en este ciclo escolar 2006- 2007 con tres grupos “F, G, y H”.
En este periodo se realizó la oficina de USAER y prefectura al lado izquierdo de la entrada al pórtico para mayor visibilidad de los trabajos ante los grupos que se apoyan. Para el día 11 de marzo del 2009 llego a la institución escolar el Profesor Antonio Bareño Arce, como director del plantel.

En este periodo se realizó la Plaza Cívica y asta Bandera. El 21 de septiembre del 2010 se presenta como Directora la Profesora María de los Ángeles Contreras Verdugo; por licencia de salud se ausento en julio del 2013. El 22 de agosto de 2013 llega de Director interino el Profesor Placido Félix Cota Peralta, hasta el mes de mayo 2014 que regresa la Directora María de los Ángeles Contreras Verdugo; hasta el 28 de octubre del mismo año, presentándose como Director el Profesor Alberto Javier González Pérez.

La vida escolar continua año tras año y con ello, los subdirectores del turno matutino; El primero fue el Profesor Juan Manuel Martínez Castro, en el año 2004, el Profesor Mario Chavira Romero, en el año 2005 hasta el 2011, La Profesora María del Jesús Castro Moller, el 22 de agosto del 2011 llega la Subdirectora Profesora Judith Grijalva Rivera, del 15 de octubre del 2016 al 15 de agosto del 2017 Profesora María Vitoria Cota Talamantes, en el periodo 2017 hasta 2023 la Profesora Karina Elizabeth Susarrey. Actualmente la Profesora Alejandra Abaroa Camacho en agosto 2023 llega a nuestra institución. Los Subdirectores del turno vespertino; el Profesor Marco Antonio Villegas Ibarra, Profesor José Hernández Zúñiga, Profesora María Guadalupe Alemán González, Profesor Martin Hipólito Sánchez Escopinichi, Profesor Alfredo Arce Rubio, Profesora Zaira Inclán Angulo, Profesora María Victoria Cota Talamantes del 01 de marzo al 14 de octubre 2016, actualmente se encuentra Profesor Rumualdo Gutiérrez Ramírez.

Cada lunes por la mañana, estudiantes y maestros se reunían en la cancha para realizar los honores a la bandera. Bajo el cielo azul característico de La Paz, la comunidad escolar se formaba en filas para iniciar la semana con un acto cívico que recordaba la importancia de la identidad nacional, el respeto y la responsabilidad. En esos momentos se escuchaban discursos, se reconocían logros académicos y se motivaba a los estudiantes a continuar esforzándose en sus estudios. Para muchos jóvenes, esos actos formaban parte de la rutina escolar, pero con el tiempo se convertirían en recuerdos imborrables.

Las aulas, por su parte, comenzaron a llenarse de historias. Cada salón tenía su propio ambiente: estudiantes que participaban activamente, otros más reservados, algunos que descubrían su talento para las matemáticas, otros que encontraban en la lectura o la escritura una forma de expresarse. En el ciclo escolar 2016-2017 se empezó el proyecto de la Biblioteca comunitaria por un grupo de alumnos asesorados por la Profesora Manuela Ávila Espinoza; los alumnos que representaron al grupo fueron: Alvares Maldonado Francisco Javier, García Cervantes Luis Alberto, Ortega Sánchez Julián Gabriel, Sánchez Reyes Andrómeda Jazel, Núñez Mexia Noelia Adahy y Moreno Vázquez Francisco Emiliano este último con discapacidad, por tal motivo se hizo énfasis en que fuera una biblioteca inclusiva, así en este proyecto se involucró a toda la comunidad escolar como a la vecinal se llevó a cabo su inauguración el 15 de marzo del 2018 por el gobernador Carlos Mendoza Davis. En el 2019 como acto de memoria de una muy querida Directora de nuestra escuela se le puso el nombre de Profesora María de los Ángeles Contreras Verdugo.

Los maestros desempeñaban un papel fundamental en ese proceso. No sólo impartían conocimientos; también escuchaban, orientaban y acompañaban a los estudiantes en una etapa de la vida llena de cambios. Muchas veces, detrás de una clase de historia o de ciencias, existía también una conversación sobre los sueños de los alumnos, sus preocupaciones o sus metas para el futuro. Con el tiempo, las actividades culturales comenzaron a ocupar un lugar importante en la vida escolar. Festivales, presentaciones artísticas y celebraciones tradicionales se convirtieron en momentos de convivencia que fortalecían el sentido de pertenencia.

Uno de los eventos más esperados por los estudiantes era el festival de Día de Muertos. Durante esa celebración, los alumnos elaboraban altares, presentaban bailables y compartían con orgullo una de las tradiciones culturales más importantes de México. La escuela se llenaba de colores, flores de cempasúchil, música y creatividad. También los eventos deportivos se volvieron parte esencial de la vida del plantel. En la cancha de usos múltiples se realizaban torneos de fútbol, básquetbol y voleibol donde los estudiantes demostraban su energía y espíritu competitivo. Para muchos jóvenes, esas actividades deportivas eran una oportunidad para fortalecer amistades y aprender valores como el trabajo en equipo, la disciplina y la perseverancia.

A lo largo de los años, las primeras generaciones comenzaron a egresar. Aquellos estudiantes que llegaron cuando la escuela apenas comenzaba terminaron su educación secundaria y siguieron su camino en preparatorias, universidades o en el mundo laboral. Sin embargo, muchos de ellos nunca olvidaron su paso por la secundaria. Algunos regresaban tiempo después para visitar a sus maestros, recorrer los pasillos o recordar anécdotas con antiguos compañeros.

Con cada generación que pasaba por sus aulas, la escuela acumulaba nuevas historias. Historias de amistad, de superación, de descubrimientos personales y de sueños que comenzaban a tomar forma. Como toda institución educativa, la secundaria también enfrentó desafíos. Cambios en los programas educativos, nuevas exigencias académicas, necesidades de infraestructura y transformaciones sociales que impactaban la vida de los estudiantes. Pero en cada uno de esos momentos la comunidad escolar buscó mantenerse unida, recordando siempre el propósito fundamental de la escuela: formar jóvenes con conocimiento, valores y sentido de responsabilidad social.

Hoy, después de más de dos décadas y media desde su fundación, la Escuela Secundaria José Vasconcelos sigue siendo un espacio lleno de vida. En la actualidad cuenta con una matrícula de 932 alumno de ambos turnos, 512 alumnos turno matutino 281 hombres, 231 mujeres y 410 alumnos turno vespertino 210 hombres y 200 mujeres. Nuestra Escuela ha sobresalido en actividades deportivas, culturales, cívicas y académicas tanto que ha pasado que en un ciclo escolar no existieron reprobados por el gran compromiso que cuenta los Docentes como todo el personal, es un orgullo para la comunidad y para todos los que de alguna forma participamos para lograrlo.

Cada inicio de ciclo escolar, nuevos estudiantes cruzan por primera vez la puerta del plantel. Algunos llegan con nervios, otros con entusiasmo, pero todos comparten la misma expectativa: comenzar una nueva etapa en su formación. Los pasillos vuelven a llenarse de conversaciones juveniles, los salones se convierten nuevamente en espacios de aprendizaje y la cancha vuelve a reunir a estudiantes y maestros en ceremonias y actividades escolares. La escuela continúa escribiendo su historia día tras día. Cada clase impartida, cada generación que se gradúa, cada actividad cultural o deportiva forma parte de una memoria colectiva que pertenece a toda la comunidad.

En el corazón de La Paz, esta secundaria permanece como un símbolo del valor de la educación y del compromiso de una comunidad, de los maestros y personal que labora ahí, que cree en el poder del conocimiento para transformar vidas. Y mientras nuevas generaciones sigan llegando a sus aulas, la historia de la Secundaria José Vasconcelos seguirá creciendo, manteniendo vivo el espíritu educativo que inspiró su nombre: el legado de José Vasconcelos, quien soñó con un país donde la educación fuera el camino para construir una sociedad más libre, más consciente y más humana.

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La lectura compartida entre padres e hijos se ha convertido en una de las herramientas más poderosas para fortalecer el aprendizaje infantil y superar barreras educativas. En un contexto donde muchos estudiantes enfrentan dificultades para comprender textos, seguir instrucciones escolares o desarrollar hábitos de estudio, el acompañamiento familiar a través de la lectura puede marcar una diferencia decisiva en su desarrollo académico y personal. Más allá de ser una actividad recreativa, leer juntos abre un espacio de aprendizaje, diálogo y crecimiento que impacta directamente en el rendimiento escolar de los niños.

Cuando los padres dedican tiempo a leer con sus hijos, se crea un ambiente de confianza que facilita el proceso de aprendizaje. Los niños se sienten acompañados y apoyados mientras descubren nuevas palabras, historias e ideas. Este acompañamiento les permite preguntar, expresar dudas y construir significados de manera más segura, algo que muchas veces no ocurre en el aula debido al número de estudiantes o al tiempo limitado de las clases. De esta manera, la lectura en casa se convierte en una extensión del aprendizaje escolar que fortalece lo aprendido en la escuela.

Uno de los principales beneficios de la lectura compartida es el desarrollo del lenguaje. Los niños que crecen escuchando historias y leyendo con sus padres suelen ampliar su vocabulario con mayor rapidez y mejorar su capacidad para expresar pensamientos y emociones. Esta habilidad lingüística es fundamental para comprender textos escolares, participar en clase y resolver actividades académicas. Con el tiempo, estas ventajas se traducen en mayor seguridad para aprender y enfrentar retos educativos que podrían resultar más difíciles para otros estudiantes.

Además, la lectura fomenta habilidades cognitivas esenciales como la concentración, la memoria y el pensamiento crítico. Al seguir una historia, interpretar personajes o anticipar lo que ocurrirá después, los niños ejercitan su mente de manera constante. Estas capacidades son clave para superar dificultades académicas, especialmente en áreas donde la comprensión de textos es fundamental, como ciencias, historia o matemáticas. Un niño que comprende lo que lee tiene mayores herramientas para aprender en distintas asignaturas.

La lectura también ayuda a reducir desigualdades educativas. En muchos casos, los niños enfrentan obstáculos relacionados con el acceso limitado a recursos educativos, diferencias en el ritmo de aprendizaje o dificultades escolares tempranas. Sin embargo, cuando en casa existe un acompañamiento lector, se crean oportunidades para reforzar conocimientos y fortalecer habilidades que pueden compensar estas desventajas. Un simple momento de lectura diaria puede convertirse en una estrategia efectiva para apoyar el proceso educativo desde el hogar.

Otro aspecto importante es el vínculo emocional que se fortalece durante estos momentos. Leer juntos permite a padres e hijos compartir tiempo de calidad, conversar sobre temas importantes y explorar emociones a través de las historias. Esta conexión emocional favorece un ambiente positivo para el aprendizaje, donde el niño se siente motivado y acompañado en su desarrollo. Cuando el aprendizaje se vive en un entorno afectivo, los niños muestran mayor interés por descubrir, preguntar y seguir aprendiendo.

En un mundo donde las pantallas y el entretenimiento digital ocupan gran parte del tiempo familiar, recuperar el hábito de leer con los hijos puede ser una decisión transformadora. No se requiere una gran biblioteca ni largos periodos de tiempo; basta con dedicar algunos minutos al día para abrir un libro y compartir una historia. Ese pequeño gesto cotidiano puede convertirse en una herramienta poderosa para fortalecer el aprendizaje, desarrollar habilidades clave y ayudar a los niños a superar barreras educativas que podrían limitar su futuro.

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La lectura en casa junto a los padres se ha convertido en uno de los factores más influyentes en el desarrollo académico de los niños, especialmente en lo que respecta a la comprensión lectora. Diversos estudios educativos coinciden en que los niños que comparten momentos de lectura con sus padres adquieren una ventaja significativa frente a aquellos que no tienen este hábito. De acuerdo con especialistas en educación, esta diferencia puede equivaler aproximadamente a medio curso escolar en términos de comprensión de textos, vocabulario y capacidad de interpretación.

Leer en familia no solo implica pronunciar palabras de un libro; es un proceso que fortalece múltiples habilidades cognitivas. Cuando un padre o una madre lee con su hijo, se genera un espacio de diálogo donde el niño puede hacer preguntas, imaginar escenarios y relacionar lo que escucha con su propia experiencia. Este intercambio estimula el pensamiento crítico, la curiosidad y la capacidad de comprender ideas más complejas. Además, el acompañamiento adulto ayuda a que el niño entienda palabras nuevas y estructuras de lenguaje que quizás no encontraría en conversaciones cotidianas.

Especialistas señalan que el entorno familiar juega un papel clave en la formación del hábito lector. Los niños tienden a imitar lo que observan en casa, por lo que cuando los padres integran la lectura en la rutina diaria, los libros dejan de verse como una obligación escolar y pasan a convertirse en una actividad natural y placentera. Incluso sesiones breves de lectura, de diez o quince minutos al día, pueden tener efectos importantes en el desarrollo lingüístico y en la capacidad de concentración.

El impacto de este hábito se vuelve más evidente con el paso de los años escolares. Los niños que crecen escuchando historias y leyendo con sus padres suelen llegar a la escuela con un vocabulario más amplio y una mayor facilidad para entender instrucciones escritas. Esto les permite avanzar con mayor seguridad en asignaturas que dependen de la lectura, como historia, ciencias o literatura. En contraste, quienes no tienen este estímulo temprano pueden enfrentar mayores dificultades para comprender textos largos o interpretar información escrita.

A pesar de sus beneficios, la lectura en familia no siempre forma parte de la vida cotidiana en muchos hogares. Las jornadas laborales extensas, el uso constante de dispositivos electrónicos y la falta de materiales de lectura en casa pueden limitar estos momentos compartidos. Sin embargo, educadores y especialistas coinciden en que no se necesita una biblioteca extensa para comenzar. Un solo libro, una historia corta o incluso la lectura de cuentos antes de dormir pueden marcar una diferencia importante en el desarrollo educativo de los niños.

Más allá del rendimiento académico, la lectura compartida también fortalece los vínculos familiares. Sentarse juntos a leer crea un espacio de cercanía emocional donde los padres y los hijos comparten historias, emociones e ideas. En una época marcada por la rapidez de la vida cotidiana y la presencia constante de pantallas, recuperar estos momentos de lectura puede convertirse no solo en una herramienta educativa, sino también en una forma de fortalecer la comunicación y la relación dentro del hogar.

Los expertos coinciden en que fomentar la lectura desde casa es una de las estrategias más simples y efectivas para mejorar la educación infantil. Un hábito tan cotidiano como abrir un libro y leer juntos puede representar, en el largo plazo, una ventaja significativa para los niños, ayudándolos a desarrollar mejores habilidades de comprensión, mayor confianza en su aprendizaje y una relación más cercana con el conocimiento.

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La falta de lectura en los hogares mexicanos se ha convertido en una preocupación creciente para educadores, especialistas y para la sociedad en general, ya que refleja no solo un problema educativo, sino también cultural y social. En muchos hogares, los libros han dejado de ser parte de la vida cotidiana y han sido sustituidos por pantallas, redes sociales y contenidos audiovisuales de consumo rápido. Esta transformación en los hábitos familiares ha provocado que las nuevas generaciones crezcan con un contacto cada vez más limitado con la lectura, lo que repercute directamente en su desarrollo intelectual, su capacidad de análisis y su formación crítica.

Uno de los factores que explican esta situación es el ritmo de vida actual. Muchas familias enfrentan jornadas laborales largas, tiempos de traslado extensos y preocupaciones económicas que reducen el tiempo disponible para actividades culturales dentro del hogar. En ese contexto, la lectura suele percibirse como una actividad secundaria o incluso como un lujo, en lugar de considerarse una práctica esencial para el desarrollo personal y familiar. Cuando los adultos no tienen el hábito de leer o no encuentran momentos para hacerlo, es menos probable que los niños adopten ese comportamiento como parte natural de su vida diaria.

A esto se suma el impacto de la tecnología digital. Los teléfonos inteligentes, las plataformas de video y los videojuegos ofrecen entretenimiento inmediato y constante, lo que compite directamente con el tiempo que antes podía dedicarse a los libros. Muchos niños y jóvenes pasan varias horas al día frente a una pantalla, lo que reduce su disposición a concentrarse en textos más largos o complejos. La lectura requiere paciencia, imaginación y atención sostenida, habilidades que se debilitan cuando predominan los estímulos rápidos y fragmentados que caracterizan al entorno digital.

Otro elemento importante es el acceso desigual a materiales de lectura dentro de los hogares. Aunque existen bibliotecas públicas y programas de fomento a la lectura, en muchas casas simplemente no hay libros disponibles. La ausencia de una pequeña biblioteca familiar o de espacios destinados a la lectura limita la posibilidad de que los niños exploren los libros por curiosidad. Cuando el único contacto con la lectura ocurre en la escuela y se asocia exclusivamente con tareas o evaluaciones, los estudiantes pueden percibirla como una obligación académica y no como una actividad placentera.

También influye la forma en que culturalmente se valora la lectura. En algunos contextos sociales, leer no siempre se considera una actividad relevante para la vida cotidiana o para el éxito laboral inmediato. Esto puede generar la idea de que la lectura es poco útil fuera del ámbito escolar. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que el hábito lector fortalece el pensamiento crítico, mejora la comprensión del mundo y amplía las oportunidades educativas y profesionales.

La falta de lectura en los hogares mexicanos no es un fenómeno aislado, sino el resultado de múltiples factores que se entrelazan: condiciones económicas, cambios tecnológicos, hábitos familiares y acceso desigual a la cultura escrita. Por ello, enfrentar este problema requiere no solo políticas educativas, sino también una transformación en la manera en que las familias se relacionan con los libros. Fomentar momentos de lectura compartida, regalar libros desde la infancia, visitar bibliotecas y mostrar con el ejemplo que leer es una actividad valiosa pueden ser pequeños pasos que, con el tiempo, contribuyan a reconstruir una cultura lectora dentro del hogar. Cuando la lectura vuelve a ocupar un lugar en la vida familiar, no solo se fortalece el aprendizaje escolar, sino también la capacidad de imaginar, reflexionar y comprender la realidad que nos rodea.

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Presión bajo presión by Tina

Hoy finalmente terminó la semana de exámenes. Si alguien me hubiera preguntado hace unos días cómo me sentía,31103875662?profile=RESIZE_400x probablemente habría dicho que estaba cansada, estresada y con la cabeza llena de fechas, fórmulas y conceptos que intentaba memorizar a toda prisa. Pero ahora que todo terminó, lo único que siento es una mezcla muy rara entre alivio y un nuevo tipo de presión que no esperaba sentir tan pronto.

Durante toda la semana viví prácticamente pensando en los exámenes. Cada día despertaba con la sensación de que tenía algo importante que recordar. Antes de salir de casa repasaba mis apuntes una y otra vez, como si con leerlos por última vez fuera a asegurar que todo se quedara en mi mente. En la escuela, el ambiente se sentía diferente. Todos hablaban de lo mismo: qué iba a venir en el examen, qué temas estaban más difíciles o qué profesor era más estricto al calificar. Era como si toda la preparatoria estuviera respirando el mismo nerviosismo.

El lunes tuve mi primer examen. Recuerdo perfectamente cómo sentía el corazón latiendo más rápido cuando el profesor repartió las hojas. En ese momento, el salón se quedó en silencio. Solo se escuchaban las hojas moverse y los lápices escribiendo. Al principio siempre pasa lo mismo: leo la primera pregunta y siento que mi mente se queda en blanco por unos segundos. Después, poco a poco, todo empieza a acomodarse y las respuestas van apareciendo. No siempre con seguridad, pero al menos con la sensación de que algo sé.

Así fue pasando cada día. Un examen tras otro. Algunos me parecieron más fáciles, otros definitivamente me hicieron dudar de si estudié lo suficiente. Hubo momentos en los que salía del salón pensando que me había ido muy bien, y otros en los que sentía que tal vez pude haberlo hecho mejor. Pero aun así, cada examen terminado era como quitarme una pequeña piedra de encima.

El viernes llegó más rápido de lo que esperaba. Era el último examen de la semana, y aunque estaba cansada, también tenía muchas ganas de terminar. Cuando entregué mi hoja y salí del salón, sentí algo parecido a libertad. Era como si mi mente pudiera descansar por fin después de varios días de estar pensando en lo mismo.

Sin embargo, esa sensación no duró tanto como imaginaba.

Hoy en la escuela nos recordaron algo que, honestamente, había olvidado por completo mientras estaba concentrada en estudiar: la próxima semana empiezan las exposiciones. Apenas escuché eso, sentí cómo regresaba esa presión en el pecho, pero ahora de una forma diferente.

Los exámenes son difíciles, sí, pero al menos son silenciosos. Solo estás tú, tu hoja y lo que sabes. Las exposiciones son otra cosa completamente distinta. Significan pararte frente a todo el grupo, hablar en voz alta, explicar un tema y esperar que todo salga bien mientras todos te están viendo.

Solo de pensarlo siento un peso enorme.

No es que no me guste participar, pero hay algo en las exposiciones que me pone muy nerviosa. Tal vez es el miedo a equivocarme o a quedarme en blanco. A veces imagino ese momento en el que estás hablando y de repente olvidas lo que sigue. Ese silencio incómodo donde todos esperan a que continúes. Esa es una de las cosas que más me preocupa.

Además, esta vez siento que las exposiciones son más importantes. Estamos en la preparatoria y todo parece tener más peso que antes. Los profesores esperan más de nosotros, los temas son más largos y las presentaciones tienen que estar mejor preparadas. Ya no es solo leer algo en voz alta; ahora tenemos que explicar, analizar y hasta responder preguntas.

Cuando pienso en todo eso, siento que mi mente vuelve a llenarse de preocupaciones. Es como si la semana de exámenes hubiera sido una montaña que logré subir con mucho esfuerzo, pero justo al llegar a la cima me doy cuenta de que hay otra montaña esperando enfrente.

A veces me pregunto si todos mis compañeros sienten lo mismo. Algunos parecen muy tranquilos, incluso emocionados por exponer. Otros hacen bromas diciendo que improvisarán todo el mismo día. Yo no sé cómo logran tomárselo tan a la ligera.

En mi caso, lo único que puedo pensar es en todo lo que tengo que preparar. Investigar el tema, organizar la información, hacer diapositivas, practicar lo que voy a decir y tratar de que todo tenga sentido. Solo imaginar la cantidad de cosas que debo hacer me hace sentir ese peso otra vez.

Pero al mismo tiempo, intento recordarme algo importante: ya pasé por la semana de exámenes. Hubo momentos en los que pensé que no podría con tanto estrés, y aun así lo logré. Tal vez con las exposiciones pase lo mismo. Tal vez ahora parece algo enorme, pero poco a poco se irá resolviendo.

También pienso que, de alguna forma, estas cosas son parte de crecer. La preparatoria se siente diferente a la secundaria. Todo es más rápido, más exigente, más serio. A veces eso asusta un poco, porque parece que siempre hay algo nuevo que enfrentar.

Hoy, mientras escribo esto, sigo sintiendo ese peso en los hombros. No es un miedo enorme, pero sí una presión constante que me recuerda que la próxima semana será importante. Supongo que así es la escuela muchas veces: cuando termina un reto, otro ya está esperando.

Aun así, trato de quedarme con una pequeña sensación de orgullo. Sobreviví a la semana de exámenes. Tal vez no fue perfecta, tal vez en algunos me equivoqué, pero hice lo mejor que pude en ese momento.

Ahora solo queda prepararme para lo que sigue.

La semana de exposiciones está a punto de comenzar, y aunque siento que es una carga pesada, también sé que eventualmente pasará, igual que pasaron los exámenes. Quizá dentro de unos días vuelva a escribir en este diario diciendo que todo terminó y que no era tan terrible como parecía.

 

Por ahora, lo único que puedo hacer es respirar hondo, organizar mis ideas y empezar a prepararme. Porque aunque el peso se siente grande, también sé que soy capaz de cargarlo.

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El Día Internacional de la Mujer

El Día Internacional de la Mujer, que se conmemora cada 8 de marzo, es una fecha dedicada a reconocer la lucha histórica de las31096144256?profile=RESIZE_400x mujeres por la igualdad de derechos, la justicia social y la participación plena en todos los ámbitos de la vida. Esta conmemoración no surge como una simple celebración, sino como el resultado de décadas de movimientos sociales, protestas y esfuerzos colectivos de mujeres que, a lo largo del tiempo, alzaron la voz para exigir condiciones más justas en el trabajo, la educación, la política y la vida cotidiana. Recordar este día es también reflexionar sobre los avances logrados y sobre los desafíos que aún persisten en muchas partes del mundo.
El origen de esta fecha está ligado a las luchas de las mujeres trabajadoras a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, especialmente en un contexto de grandes cambios sociales provocados por la industrialización. En muchas fábricas, miles de mujeres laboraban en condiciones muy duras: largas jornadas de trabajo, salarios muy bajos y ausencia de derechos laborales básicos. Ante estas injusticias comenzaron a surgir movimientos organizados que exigían mejores condiciones laborales, el derecho al voto, igualdad salarial y reconocimiento de su dignidad como personas. Estas demandas marcaron el inicio de una lucha que con el paso del tiempo se extendió a diferentes países y contextos sociales.
Uno de los momentos más importantes en la consolidación de esta conmemoración ocurrió en 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, donde la activista alemana Clara Zetkin propuso establecer un día internacional dedicado a la lucha por los derechos de las mujeres. La propuesta fue aceptada por numerosas representantes de distintos países y, a partir de entonces, comenzó a celebrarse en diferentes lugares del mundo con marchas, reuniones y actividades orientadas a promover la igualdad. Con el paso de los años, esta fecha fue adquiriendo mayor reconocimiento hasta que en 1975 la Organización de las Naciones Unidas oficializó la conmemoración del 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.
La importancia de este día radica en que recuerda que muchos de los derechos que hoy se consideran fundamentales fueron conquistados gracias a la lucha constante de millones de mujeres. El acceso a la educación, la participación en la vida política, el derecho al voto, la posibilidad de desempeñarse en distintos campos profesionales y la defensa de la igualdad de oportunidades son resultado de procesos históricos en los que las mujeres han desempeñado un papel central. Sin embargo, la conmemoración también invita a reconocer que todavía existen desigualdades, discriminación y violencia de género que afectan a mujeres y niñas en diversas partes del mundo.
El Día Internacional de la Mujer también busca visibilizar las aportaciones que las mujeres han realizado en todos los ámbitos de la sociedad: en la ciencia, la cultura, la educación, la política, la economía y el desarrollo social. A lo largo de la historia, muchas de sus contribuciones fueron invisibilizadas o minimizadas, por lo que esta fecha sirve para reconocer su trabajo, su liderazgo y su capacidad de transformar las comunidades y el mundo. Además, promueve la reflexión colectiva sobre la necesidad de construir sociedades más justas, equitativas y respetuosas de la dignidad humana.
Más que una celebración tradicional, el 8 de marzo es un día de memoria, reflexión y compromiso. Es una oportunidad para recordar a las mujeres que lucharon por abrir caminos, para reconocer a quienes continúan trabajando por la igualdad y para educar a las nuevas generaciones en valores de respeto, equidad y justicia. En este sentido, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer representa un llamado a seguir avanzando hacia un mundo donde todas las personas, sin importar su género, puedan vivir con los mismos derechos, oportunidades y libertades.

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Foros Juveniles por La Paz y contra las Adicciones

Esta mañana del 17 de febrero 2026 se llevó a cabo uno la primera fase de los Foros Juveniles por La Paz y contra las Adicciones en31096088455?profile=RESIZE_400x la Escuela Secundaria General No. 5 Humberto Muñoz Zazueta, un espacio de diálogo y reflexión en el que participaron estudiantes, docentes y miembros de la comunidad educativa con el objetivo de fortalecer valores, fomentar la cultura de la prevención y promover una convivencia sana entre las y los jóvenes.
El proyecto del Foro Juvenil en fase de zona escolar tuvo como sede esta institución educativa, donde se aprovechó el Aula de Medios y el uso de 21 computadoras, donadas en el año 2025 por el Club Rotario Bahía de La Paz. Este importante apoyo ha permitido impulsar la innovación tecnológica dentro del plantel, brindando a las y los estudiantes nuevas herramientas para el desarrollo de proyectos, investigaciones y actividades formativas dirigidas a niñas, niños y adolescentes (NNA) de la comunidad escolar.
Gracias a este equipamiento tecnológico, la escuela fortalece su compromiso con la educación integral y la participación juvenil, ofreciendo espacios donde las y los estudiantes pueden expresar sus ideas, reflexionar sobre los riesgos de las adicciones y construir propuestas que contribuyan a una sociedad más pacífica y consciente.
La comunidad escolar expresó su profundo agradecimiento al presidente del Club Rotario Bahía de La Paz, Juan Francisco Irizar López, por su valioso apoyo y compromiso con la educación, el cual se ve reflejado en la donación del equipo de cómputo que hoy fortalece los procesos educativos y las iniciativas juveniles dentro del plantel.
Durante el evento se realizó también una entrevista con la profesora Malibé Lucero Villalobos, quien compartió su visión sobre la importancia de generar espacios de participación para las y los estudiantes, resaltando que estos foros permiten escuchar la voz de la juventud, reflexionar sobre los desafíos que enfrentan y fortalecer la cultura de la prevención.
Todas las actividades se desarrollaron en las instalaciones del Aula de Medios y Biblioteca de la Secundaria General No. 5 Humberto Muñoz Zazueta, consolidando a esta institución como un espacio educativo que impulsa la formación integral, el uso responsable de la tecnología y la participación activa de las y los jóvenes en la construcción de una cultura de paz.

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Un lunes sin nudos en el estómago

Hoy empezó mi semana de exámenes y, por primera vez en mucho tiempo, no siento ese nudo apretándome el estómago desde31096083478?profile=RESIZE_400x que abro los ojos. Me desperté antes de que sonara la alarma, pero no porque estuviera nerviosa, sino porque dormí bien. Eso ya es raro en mí cuando hay evaluaciones. Normalmente paso la noche repasando fórmulas en mi cabeza como si mi cerebro fuera una pizarra que no se apaga nunca. Pero ayer decidí cerrar el cuaderno a las nueve, preparar mi mochila y confiar en lo que estudié durante los últimos días. Tal vez crecer también significa aprender a soltar.

Esta semana tengo exámenes de matemáticas, historia, química y español. Solo escribirlo suena pesado, pero no se siente así. En otras ocasiones habría hecho una lista interminable de todo lo que podría salir mal: olvidar una fecha importante, confundir una fórmula, quedarme en blanco frente al examen. Sin embargo, ahora lo veo diferente. Me he dado cuenta de que los exámenes no son enemigos, sino oportunidades para demostrar lo que ya sé. No definen quién soy, solo miden lo que he aprendido hasta ahora. Y eso cambia mucho las cosas.

Creo que esta tranquilidad tiene que ver con cómo me organicé. El fin de semana hice un horario realista, no uno imposible donde pretendía estudiar seis horas seguidas sin descanso. Dividí los temas por bloques pequeños y dejé espacios para descansar, escuchar música o salir un rato al patio. Antes pensaba que estudiar significaba sufrir, pero ahora entiendo que mi mente funciona mejor cuando no la presiono demasiado. Me preparé con tiempo, resolví ejercicios, hice resúmenes y hasta le expliqué algunos temas a una amiga por videollamada. Enseñar me ayudó a entender mejor.

También influyó algo más profundo: mi manera de hablarme a mí misma. Siempre he sido muy exigente. Si sacaba nueve, me preguntaba por qué no era diez. Si me equivocaba en una pregunta, sentía que todo el examen estaba arruinado. Pero estas últimas semanas he intentado cambiar esa voz crítica por una más comprensiva. Cuando me equivoco, me digo: “Está bien, estás aprendiendo”. Puede sonar simple, pero cambia mi respiración, mi postura y hasta mi forma de enfrentar el siguiente ejercicio.

Hoy presenté el primer examen, el de matemáticas. Antes, el simple hecho de ver tantas hojas con números me aceleraba el corazón. Esta vez respiré hondo antes de empezar. Leí todas las preguntas con calma y comencé por las que me parecían más fáciles. Hubo un momento en el que dudé en un procedimiento, pero no entré en pánico. Lo dejé para el final y seguí con lo demás. Al regresar a esa pregunta, la resolví con la mente más clara. Salí del salón sintiéndome satisfecha, no porque esté segura de que todo está perfecto, sino porque di lo mejor de mí.

Me sorprende darme cuenta de que la tensión no desapareció sola; la fui transformando poco a poco. Recuerdo otras semanas de exámenes en las que me dolía la cabeza, me temblaban las manos y hasta discutía en casa sin razón. El estrés se convertía en enojo o en lágrimas. Ahora, en cambio, he aprendido a reconocer cuando empiezo a saturarme. Si siento que la información ya no entra, cierro el cuaderno y doy una vuelta. A veces me preparo un té, otras veces solo me acuesto cinco minutos mirando el techo. Descansar dejó de ser una pérdida de tiempo.

Algo que también me ayuda es pensar en todo lo que he logrado hasta ahora. No soy la misma de primer año, la que se sentía pequeña frente a cada reto. He superado exposiciones, proyectos en equipo, tareas acumuladas y hasta días en los que pensé que no podría con todo. Si pude con eso, también puedo con esta semana. Ver mi propio progreso me da confianza.

Mis amigas también influyen mucho. En lugar de competir por quién estudió más, nos apoyamos. Nos enviamos audios explicando temas, compartimos apuntes y hasta memes sobre lo cansadas que estamos. Reírnos del estrés lo hace más ligero. Me doy cuenta de que no estoy sola en esto. Todas sentimos presión, pero también todas estamos creciendo juntas.

Mañana tengo historia. Antes me abrumaba memorizar fechas y nombres, pero ahora intento entender los procesos, imaginar las épocas y conectar los acontecimientos con el presente. Estudiar así lo vuelve más interesante y menos mecánico. Ya no estudio solo para pasar, sino para comprender. Y cuando el aprendizaje tiene sentido, la ansiedad disminuye.

Esta nueva forma de vivir los exámenes no significa que me dé igual el resultado. Claro que quiero buenas calificaciones. Claro que me importa mi promedio. Pero ya no permito que eso determine mi valor. Soy más que un número en una boleta. Soy esfuerzo, constancia, sueños y metas. Y eso ningún examen puede medirlo completamente.

A mitad de la tarde, mientras organizaba mis apuntes para mañana, me di cuenta de algo importante: estoy orgullosa de mí. No porque todo sea perfecto, sino porque estoy aprendiendo a manejar la presión. La tranquilidad no llegó porque la semana sea más fácil, sino porque yo soy más fuerte y más consciente de cómo enfrentarla.

Todavía faltan varios exámenes, y sé que puede haber momentos de cansancio. Tal vez algún día me sienta más abrumada que hoy. Pero ahora sé que tengo herramientas: organización, respiración, descanso, apoyo y una voz interna más amable. Eso me da seguridad.

Si alguien me hubiera dicho hace un año que empezaría una semana de exámenes sintiéndome ligera, no lo habría creído. Pensaba que la tensión era inevitable, que ser buena estudiante significaba vivir estresada. Hoy entiendo que no tiene que ser así. Puedo ser responsable sin dejar de estar en paz.

Termino este lunes con una sensación nueva: confianza serena. No es euforia ni exceso de optimismo; es una calma que viene de saber que hice lo que estaba en mis manos. Pase lo que pase en los resultados, ya gané algo importante: la capacidad de enfrentar mis retos sin perderme en el miedo.

Y eso, vale más que cualquier diez.

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Paso a Paso: Aprendiendo a respirar en medio del estrés

Apenas va empezando la31093346264?profile=RESIZE_400x semana y ya siento que estoy corriendo una carrera que no sé si voy a poder terminar. Es lunes y desde que abrí los ojos tuve esa sensación rara en el pecho, como si algo me estuviera recordando que tengo demasiadas cosas por hacer. La alarma sonó a las 6:00 a.m., pero yo ya estaba despierta desde antes, pensando en la tarea de matemáticas, en la exposición de historia, en el uniforme que tenía que lavar y en el mensaje que todavía no contesto. A veces creo que mi cabeza nunca descansa.

Hoy en la escuela todo parecía normal, pero para mí no lo fue. En la primera clase nos recordaron que el miércoles tenemos examen, y sentí cómo mi estómago se hacía chiquito. Después, la maestra pidió el avance del proyecto que apenas empecé ayer en la noche. Me di cuenta de que no es que tenga mil pendientes enormes, sino que todos se juntan al mismo tiempo y eso me abruma. Es como si cada responsabilidad fuera una gota de agua, y juntas se convierten en una tormenta.

Lo peor del estrés es que no se ve. Nadie nota cuando por dentro estoy haciendo listas mentales interminables. Nadie escucha el ruido que hacen mis pensamientos cuando me repiten: “No se te puede olvidar”, “Hazlo perfecto”, “No te equivoques”. A veces soy yo misma la que más presión se pone. Quiero que todo me salga bien, quiero cumplir, quiero demostrar que puedo con todo… pero no siempre sé cómo.

El martes no fue muy diferente. Desperté cansada aunque dormí ocho horas. Me miré al espejo y pensé que tengo ojeras de adulta atrapada en cuerpo de adolescente. En la escuela intenté organizarme mejor. Saqué mi libreta y anoté todas las tareas de la semana. Al verlas escritas me dio más miedo al principio, pero después entendí que al menos ya no estaban flotando en mi cabeza sin orden. Hice una lista por días y decidí empezar por lo más urgente.

Me di cuenta de que el estrés también me afecta físicamente. Me duele un poco la cabeza, me cuesta concentrarme y a veces estoy más sensible. Hoy casi lloro porque no encontraba un archivo en mi celular. Me sentí exagerada, pero creo que no era por el archivo, sino por todo lo acumulado. Es como si cualquier cosa pequeña se volviera enorme cuando ya estoy saturada.

Sin embargo, algo diferente está pasando esta semana. En lugar de ignorar lo que siento, estoy tratando de escucharlo. Ayer, cuando llegué a casa, en vez de acostarme con el celular durante horas, me senté diez minutos en silencio. Respiré profundo. Inhalé contando hasta cuatro y exhalé contando hasta cuatro. Parece algo muy simple, pero me ayudó a sentir que al menos tenía control sobre mi respiración, aunque no sobre todo lo demás.

También hablé con mi mamá. No le conté todo con drama, solo le dije que me sentía un poco abrumada. Me escuchó y me dijo que es normal, que todas las semanas no son iguales y que aprender a organizarme también es parte de crecer. Sus palabras no borraron mis pendientes, pero sí me hicieron sentir acompañada. A veces el estrés se hace más grande cuando creemos que estamos solas.

Hoy miércoles, aunque sigo teniendo muchas cosas por hacer, decidí cambiar mi forma de pensar. En vez de repetirme que “no puedo”, estoy intentando decirme “voy paso por paso”. Después de la escuela hice primero la tarea más difícil. Me costó empezar, pero una vez que avancé la mitad, sentí un pequeño orgullo. No era perfecta, pero estaba hecha. Y eso ya era suficiente.

Me di cuenta de que muchas veces el estrés viene de querer hacerlo todo perfecto y de inmediato. Pero soy humana. Soy adolescente. Estoy aprendiendo. No tengo que resolver mi vida entera en una semana. Pensar eso me quitó un poco de peso de los hombros.

Aprendí que organizarme me da claridad. Que respirar me calma. Que pedir apoyo no me hace débil. Que descansar también es productivo. Y, sobre todo, que no tengo que ser perfecta para estar haciendo las cosas bien.

Tal vez la próxima semana vuelva a sentir que todo se junta. Tal vez haya días en que quiera rendirme. Pero ahora sé que puedo dividir los problemas en partes más pequeñas. Sé que puedo hablarlo. Sé que puedo darme permiso de fallar y volver a intentar.

Ser adolescente no es fácil. Estamos creciendo, cambiando, intentando descubrir quiénes somos mientras cumplimos con tareas, exámenes y expectativas. A veces pesa. A veces cansa. Pero también me estoy conociendo más en medio de todo esto.

Por ahora, cierro esta semana con una lista menos larga y un corazón un poco más tranquilo. Y eso, aunque parezca pequeño, para mí es un gran logro.

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Aunque no quiera

Hoy no pasó nada extraordinario, y aun así siento que mi31084045062?profile=RESIZE_400x cabeza está llena. Tal vez eso sea parte de crecer: no necesitan pasar grandes cosas para sentirse cansada. Basta con pensar. Basta con observar. Basta con empezar a entender. Antes creía que la vida adulta era solo levantarse temprano, trabajar y tener dinero propio. Ahora sé que es mucho más que eso, y la verdad… solo imaginarlo ya me deja agotada.

Últimamente me descubro prestando atención a cosas que antes ignoraba. Escucho conversaciones de adultos sin querer, veo sus caras cuando creen que nadie los está mirando, noto los silencios incómodos, las preocupaciones que se esconden detrás de un “todo está bien”. Y entonces me cae el veinte: crecer no es solo ganar libertad, también es aprender a cargar cosas invisibles. Responsabilidades, miedos, decisiones que no tienen una respuesta correcta. Pensar en eso me pesa, como si alguien hubiera puesto una mochila enorme sobre mis hombros sin avisarme.

Me doy cuenta de que el mundo no funciona como pensaba cuando era más pequeña. No todo es justo, no todo se arregla pidiendo perdón, y no siempre gana el que se esfuerza más. Hay adultos cansados que hicieron todo “bien” y aun así parecen perdidos. Eso me asusta. Me asusta pensar que puedes seguir todas las reglas y aun así terminar sintiéndote vacío. Me pregunto si algún día yo también miraré el techo por la noche preguntándome si esta es la vida que quería.

Lo más raro es que nadie te explica cuándo empieza este proceso. No hay una fecha exacta, no hay una alarma que diga “felicidades, ahora empiezas a entender la vida adulta”. Simplemente pasa. Un día te preocupa no entregar una tarea, y al siguiente te preocupa qué vas a hacer con tu futuro. Un día lloras porque alguien no te contestó un mensaje, y otro porque sientes que el tiempo se te está yendo demasiado rápido. Todo se vuelve más profundo, más serio, más cansado.

A veces observo a los adultos de mi familia y pienso que están sobreviviendo más que viviendo. Corren todo el tiempo, se estresan por dinero, por trabajo, por problemas que parecen no tener fin. Me pregunto en qué momento dejaron de soñar como lo hacían antes. En qué momento aceptaron que estar cansados era normal. Y lo peor es que empiezo a entenderlos. Entiendo por qué están de mal humor, por qué llegan sin ganas de hablar, por qué a veces se sienten solos incluso estando rodeados de gente.

Eso es lo que más me pesa: comprender. Porque cuando no entiendes, te quejas. Pero cuando entiendes, te callas. Empiezas a justificar, a aguantar, a decirte “es parte de la vida”. Y aunque suene maduro, también es triste. No quiero perder tan rápido la parte de mí que se sorprende, que se ilusiona, que cree que todo puede mejorar. Pero tampoco puedo evitar crecer. Es como estar parada en una escalera que sigue subiendo aunque yo no quiera moverme.

Pensar en el futuro me cansa. Elegir una carrera, un trabajo, una vida. Decidir quién quiero ser cuando ni siquiera sé bien quién soy ahora. Me abruma la idea de equivocarme y cargar con esa decisión durante años. Nadie habla suficiente de lo agotador que es tener que decidir todo el tiempo. Los adultos siempre dicen que somos jóvenes y que no tenemos preocupaciones reales, pero no se dan cuenta de que estamos cansados de pensar en todo lo que viene.

Hay días en los que solo quiero quedarme aquí, en este punto exacto de mi vida. No ser una niña, pero tampoco una adulta. Un lugar donde todavía puedo equivocarme sin que el error sea definitivo. Donde aún tengo permiso de no saber. Porque la vida adulta parece no darte tregua: si no sabes, te exigen que aprendas; si te cansas, te dicen que así es la vida. Y aunque lo entiendo cada vez más, no significa que me guste.

También he notado que crecer implica despedidas silenciosas. Despedirte de versiones tuyas que ya no encajan. De ideas ingenuas, de certezas simples. Antes pensaba que los adultos lo tenían todo resuelto; ahora sé que solo aprendieron a disimular mejor el caos. Eso me tranquiliza un poco, pero también me asusta. Porque si nadie lo tiene claro, entonces ¿qué estamos haciendo todos?

A veces siento culpa por pensar así. Como si fuera una exageración, como si no tuviera derecho a sentirme cansada todavía. Pero el cansancio no siempre viene del cuerpo; a veces viene de la mente, de pensar demasiado, de anticipar cosas que aún no pasan. Imaginar la vida adulta es como ver una película larga y pesada antes de que empiece, sabiendo que no puedes salir de la sala.

Aun así, hay momentos en los que creo que comprender la vida adulta también puede ser una oportunidad. Tal vez entender el cansancio me haga más empática. Tal vez saber que no todo es fácil me ayude a no idealizar ni decepcionarme tanto. Tal vez crecer no sea solo perder cosas, sino aprender a cuidarlas mejor. Me aferro a esa idea cuando el futuro se siente demasiado grande.

Por ahora, solo sé que estoy en medio de todo. En medio de entender y no querer hacerlo del todo. En medio de crecer y resistirme. En medio del miedo y la curiosidad. Escribo esto para no sentirme tan sola en mis pensamientos, para recordarme que está bien sentirse cansada incluso antes de empezar. Que está bien tener miedo de una vida que aún no llega.

Tal vez la vida adulta no sea algo que se conquista de golpe, sino algo que se aprende poco a poco, con pausas, con errores y con mucho cansancio. Y aunque solo imaginarla me agota, también espero que, cuando llegue, no se me olvide quién fui antes de entender tanto. Porque tal vez ahí esté la clave: crecer sin dejar de sentir, avanzar sin dejar de ser.

Por ahora cierro este diario. Mañana seguramente seguiré entendiendo un poco más. Y cansándome también. Pero al menos hoy lo escribí. Y eso, por alguna razón, me hace sentir un poco más ligera.

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La adolescencia es una etapa de cambios y desafíos tanto para los jóvenes como para sus padres. Establecer una relación sana y estable durante estos años puede marcar la diferencia en el desarrollo de los hijos. La crianza positiva se presenta como una herramienta fundamental para lograr este objetivo.
La crianza positiva se basa en el respeto mutuo, la comunicación abierta y el establecimiento de límites claros y consistentes. No se trata de ser permisivos, sino de guiar a los adolescentes de manera que se sientan apoyados y comprendidos. Uno de los pilares de la crianza positiva es la comunicación. Hablar con los hijos sobre sus inquietudes, sueños y frustraciones crea un ambiente de confianza donde se sienten seguros para compartir sus pensamientos y sentimientos. Escuchar activamente, sin juzgar, es esencial para fortalecer este vínculo.
Establecer límites claros y consistentes es otro aspecto crucial. Los adolescentes necesitan saber cuáles son las expectativas y las consecuencias de sus actos. Estos límites deben ser razonables y explicados, fomentando así la responsabilidad y el respeto por las normas. La flexibilidad también es importante; a medida que los adolescentes demuestran madurez, los límites pueden ajustarse gradualmente.
El apoyo emocional es vital durante la adolescencia. Los jóvenes necesitan sentir que sus padres están ahí para ellos, ofreciéndoles aliento y comprensión. Celebrar sus logros, por pequeños que sean, y brindarles consuelo en los momentos difíciles fortalece su autoestima y resiliencia.
La crianza positiva también implica modelar comportamientos saludables. Los padres que demuestran respeto, empatía y responsabilidad están enseñando a sus hijos valiosas lecciones sobre cómo interactuar con los demás. Además, es importante fomentar la autonomía de los adolescentes, permitiéndoles tomar decisiones y asumir responsabilidades acordes a su edad. Esto les ayuda a desarrollar su identidad y a prepararse para la vida adulta.
La crianza positiva es una herramienta poderosa para construir relaciones sanas y estables con los adolescentes. A través de la comunicación, el establecimiento de límites claros, el apoyo emocional y el modelado de comportamientos saludables, los padres pueden guiar a sus hijos durante esta etapa crucial de sus vidas, fomentando su bienestar y desarrollo integral.
Ejemplo de Cómo Establecer Límites: Uso de Dispositivos Electrónicos
Situación: Tu hijo adolescente pasa demasiado tiempo usando el celular, afectando sus estudios y su descanso.
Pasos para Establecer Límites de Manera Efectiva:
Comunicación Abierta y Diálogo:
Acción: Habla con tu hijo sobre tus preocupaciones de manera calmada y respetuosa.
Ejemplo: "Hijo, he notado que últimamente estás pasando mucho tiempo con el celular. Me preocupa que esto pueda afectar tus estudios y tu descanso. ¿Cómo te sientes al respecto?"
Definir las Preocupaciones:
Acción: Explica claramente por qué te preocupa el uso excesivo del celular.
Ejemplo: "Me preocupa que no estés durmiendo lo suficiente, que estés descuidando tus tareas escolares y que estés perdiendo tiempo para otras actividades importantes como hacer ejercicio o pasar tiempo con amigos y familia."
Establecer Límites Claros y Específicos:
Acción: Define límites concretos y realistas sobre el uso del celular.
Ejemplo:
"Durante la semana, el celular se usará solo para tareas escolares y para comunicarte con nosotros. Después de las 9 PM, el celular se dejará en la sala para asegurar un buen descanso."
"Los fines de semana, tendrás más flexibilidad, pero deberás cumplir con tus responsabilidades y dedicar tiempo a otras actividades."
"Durante las comidas, no se usará el celular para fomentar la conversación familiar."
Explicar las Razones Detrás de los Límites:
Acción: Justifica los límites explicando los beneficios para su bienestar y desarrollo.
Ejemplo: "Estos límites están pensados para ayudarte a concentrarte en tus estudios, asegurar que duermas lo suficiente y fomentar un equilibrio saludable entre la tecnología y otras actividades importantes."
Involucrar al Adolescente en la Creación de los Límites:
Acción: Permite que tu hijo participe en la definición de los límites para que se sienta más comprometido.
Ejemplo: "¿Qué te parece si establecemos juntos un horario de uso del celular que te permita cumplir con tus responsabilidades y disfrutar de tu tiempo libre? ¿Tienes alguna sugerencia?"
Establecer Consecuencias Claras y Consistentes:
Acción: Define qué sucederá si no se cumplen los límites establecidos.
Ejemplo: "Si no cumples con los límites de uso del celular, perderás el privilegio de usarlo durante un día. Si sigues sin cumplir, tendremos que revisar el acuerdo y buscar otras soluciones."
Seguimiento y Revisión:
Acción: Realiza un seguimiento regular para evaluar si los límites están funcionando y ajustarlos si es necesario.
Ejemplo: "Vamos a revisar este acuerdo en dos semanas para ver cómo te sientes y si necesitamos hacer algún ajuste. ¿Te parece bien?"
Refuerzo Positivo:
Acción: Reconoce y elogia los esfuerzos de tu hijo por cumplir con los límites.
Ejemplo: "Estoy muy orgulloso de cómo estás manejando el uso del celular. Veo que estás más concentrado en tus estudios y que estás durmiendo mejor. ¡Sigue así!"
Puntos Clave:
Consistencia: Aplica los límites de manera consistente para que tu hijo entienda que son serios.
Flexibilidad: Ajusta los límites a medida que tu hijo demuestre responsabilidad y madurez.
Comunicación: Mantén una comunicación abierta para abordar cualquier problema o inquietud que surja.
Respeto: Trata a tu hijo con respeto y escucha sus opiniones.
Al seguir estos pasos, puedes establecer límites efectivos que promuevan el bienestar de tu hijo adolescente, fomentando un equilibrio saludable en su vida y fortaleciendo vuestra relación.

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La IA está transformando rápidamente el mundo educativo que conocemos, y es crucial que tanto docentes como padres de familia comprendan su impacto para preparar a las futuras generaciones. El desarrollo de los niños y jóvenes, y qué medidas podemos tomar para asegurar un futuro positivo y equitativo.
En el ámbito educativo, la IA ofrece herramientas innovadoras que pueden personalizar el aprendizaje y mejorar la eficiencia en el aula. Los sistemas de tutoría inteligente, por ejemplo, pueden adaptarse al ritmo y estilo de aprendizaje de cada estudiante, proporcionando retroalimentación individualizada y apoyo adicional donde sea necesario. Además, la IA puede ayudar a los docentes a automatizar tareas administrativas, como la calificación de exámenes y la gestión de recursos, liberando tiempo para que puedan enfocarse en la enseñanza y el desarrollo socioemocional de los estudiantes.
Sin embargo, es fundamental abordar los desafíos que plantea la IA en la educación. Uno de los principales es la necesidad de desarrollar habilidades que no pueden ser fácilmente automatizadas, como el pensamiento crítico, la creatividad, la colaboración y la resolución de problemas complejos. Los docentes deben integrar estas habilidades en la planeación e clase y fomentar un enfoque de aprendizaje basado en proyectos y experiencias prácticas.
Para los padres de familia, es importante comprender cómo la IA está afectando el desarrollo de sus hijos. Si bien la tecnología puede ofrecer oportunidades de aprendizaje y entretenimiento, también es crucial establecer límites y promover un equilibrio saludable entre el tiempo de pantalla y otras actividades. Además, los padres deben fomentar la curiosidad y el interés por la ciencia y la tecnología, alentando a sus hijos a explorar cómo funciona la IA y cómo pueden utilizarla de manera creativa y responsable.
Es fundamental enseñar a los niños y jóvenes sobre los valores éticos y la importancia de utilizar la tecnología de manera responsable y respetuosa. Los padres y docentes deben fomentar la reflexión crítica sobre los sesgos en los algoritmos y la necesidad de garantizar la privacidad y la seguridad en línea.
La inteligencia artificial ofrece oportunidades emocionantes para mejorar la educación y el desarrollo de los niños y jóvenes. Sin embargo, es fundamental abordar los desafíos y consideraciones éticas que plantea esta tecnología. Trabajando juntos, docentes y padres de familia pueden preparar a las futuras generaciones para prosperar en un mundo cada vez más impulsado por la IA, fomentando habilidades esenciales, valores éticos y un enfoque de aprendizaje continuo.
En este 2026 la IA está transformando el panorama global a una velocidad sin precedentes, y su influencia en la educación y el desarrollo de nuestros jóvenes es innegable. Para docentes y padres de familia, comprender este impacto es esencial para preparar a las futuras generaciones para un mundo cada vez más impulsado por la tecnología. Este ensayo profundiza en cómo la IA está modelando la educación, qué habilidades debemos fomentar y cómo podemos abordar los desafíos éticos y prácticos que surgen.
IA en el Aula: Personalización y Eficiencia
La IA ofrece herramientas revolucionarias que pueden personalizar el aprendizaje y optimizar la gestión del aula. Aquí hay algunos ejemplos concretos:
Sistemas de Tutoría Inteligente: Plataformas como Knewton y ALEKS utilizan algoritmos de IA para adaptar el contenido y la dificultad de las lecciones al nivel de cada estudiante. Estos sistemas identifican las áreas donde un estudiante tiene dificultades y proporcionan ejercicios y explicaciones adicionales para reforzar la comprensión.
Herramientas de Evaluación Automatizada: La IA puede calificar exámenes y tareas de manera eficiente, liberando a los docentes para que se enfoquen en la retroalimentación individualizada y la planificación de lecciones. Por ejemplo, Gradescope utiliza IA para calificar exámenes escritos a mano, proporcionando retroalimentación detallada y ahorrando tiempo a los docentes.
Plataformas de Aprendizaje Adaptativo: DreamBox Learning utiliza IA para personalizar la enseñanza de matemáticas, adaptando el contenido y la dificultad de los problemas al nivel de cada estudiante. Estas plataformas también proporcionan informes detallados a los docentes, permitiéndoles identificar las áreas donde los estudiantes necesitan apoyo adicional.
Asistentes Virtuales para la Educación: Chatbots y asistentes virtuales pueden responder preguntas de los estudiantes, proporcionar información y ayudar con tareas administrativas. Por ejemplo, algunos distritos escolares están utilizando chatbots para responder preguntas frecuentes de los padres y estudiantes, liberando al personal escolar para que se enfoque en tareas más complejas.
Desafíos y Habilidades Clave para el Futuro
A pesar de los beneficios, la IA también plantea desafíos importantes. La automatización puede desplazar ciertos trabajos, lo que significa que debemos preparar a los estudiantes con habilidades que no pueden ser fácilmente replicadas por las máquinas:
Pensamiento Crítico: Enseñar a los estudiantes a analizar información de manera objetiva, evaluar argumentos y tomar decisiones informadas es crucial en un mundo inundado de información.
Creatividad e Innovación: Fomentar la capacidad de generar ideas originales, resolver problemas de manera creativa y adaptarse a nuevas situaciones es esencial para el éxito en el siglo XXI.
Colaboración y Comunicación: Enseñar a los estudiantes a trabajar en equipo, comunicarse eficazmente y construir relaciones interpersonales sólidas es fundamental en un mundo cada vez más conectado.
Alfabetización Digital y Tecnológica: Los estudiantes deben comprender cómo funciona la IA, cómo se utiliza en diferentes contextos y cómo pueden utilizarla de manera ética y responsable.
El Rol de los Padres: Guía y Apoyo
Los padres juegan un papel crucial en la preparación de sus hijos para un mundo impulsado por la IA:
Fomentar la Curiosidad: Anime a sus hijos a explorar la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM). Visiten museos de ciencia, participen en talleres de robótica y programación, y fomenten su interés por aprender cómo funcionan las cosas.
Establecer Límites Saludables: Equilibre el tiempo de pantalla con actividades al aire libre, deportes, lectura y tiempo en familia. Establezca límites claros sobre el uso de dispositivos electrónicos y fomente hábitos saludables.
Promover la Ética Digital: Hable con sus hijos sobre la importancia de la privacidad en línea, el respeto en las redes sociales y la responsabilidad en el uso de la tecnología. Enséñeles a identificar noticias falsas y a evaluar la información de manera crítica.
Apoyar el Aprendizaje Continuo: Anime a sus hijos a seguir aprendiendo a lo largo de toda su vida. La IA está cambiando rápidamente el mundo, y es importante que estén preparados para adaptarse a nuevas tecnologías y desafíos.
Ejemplos Prácticos para Padres:
Code.org: Ofrece cursos gratuitos de programación para niños y adolescentes, desde principiantes hasta niveles avanzados.
Scratch: Una plataforma de programación visual desarrollada por el MIT que permite a los niños crear juegos, animaciones e historias interactivas.
Common Sense Media: Proporciona reseñas y recomendaciones de películas, juegos, aplicaciones y sitios web, ayudando a los padres a tomar decisiones informadas sobre el contenido que consumen sus hijos.
Consideraciones Éticas y el Futuro de la IA
Es fundamental abordar las consideraciones éticas en el desarrollo y uso de la IA. Debemos asegurarnos de que la IA se utilice de manera justa, equitativa y responsable, y que no perpetúe sesgos o discriminaciones. Los docentes y padres deben fomentar la reflexión crítica sobre estos temas y preparar a los estudiantes para ser ciudadanos digitales responsables.
La inteligencia artificial ofrece oportunidades sin precedentes para mejorar la educación y preparar a las futuras generaciones para un mundo en constante cambio. Al comprender su impacto, fomentar habilidades clave y abordar los desafíos éticos, docentes y padres de familia pueden trabajar juntos para asegurar un futuro positivo y equitativo para todos.

 

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La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una de las tecnologías más transformadoras del siglo XXI. Su desarrollo acelerado está revolucionando múltiples sectores, desde la industria y la medicina hasta la educación y el entretenimiento. El impacto de la IA es profundo y multifacético, afectando tanto la economía como la vida cotidiana de las personas. Este ensayo explora los principales efectos de la inteligencia artificial, destacando sus beneficios, desafíos y consideraciones éticas.
En primer lugar, la IA ha impulsado una gran eficiencia en procesos productivos y administrativos. Automatizar tareas repetitivas y análisis de grandes volúmenes de datos permite a las empresas optimizar recursos y tomar decisiones más informadas. Por ejemplo, en el sector salud, los sistemas de IA contribuyen a diagnósticos más precisos y personalizados, mejorando el tratamiento de enfermedades y salvando vidas. Asimismo, en la industria manufacturera, la robótica inteligente ha aumentado la precisión y la velocidad de producción, reduciendo costos y errores humanos.
Sin embargo, este avance tecnológico también presenta desafíos significativos. Uno de los principales es la preocupación por la pérdida de empleos debido a la automatización. Muchas tareas que antes requerían intervención humana están siendo sustituidas por sistemas inteligentes, lo que puede generar desempleo y aumentar la desigualdad social si no se gestionan adecuadamente las transiciones laborales. Además, la dependencia creciente de la IA plantea riesgos en términos de privacidad y seguridad, ya que el manejo de datos personales sensibles puede ser vulnerable a abusos o ciberataques.
Otro aspecto crucial del impacto de la IA es el debate ético. La toma de decisiones automatizada puede involucrar sesgos presentes en los datos con los que se entrenan los algoritmos, lo que podría perpetuar discriminaciones o injusticias. Por ello, es fundamental desarrollar marcos regulatorios y normativas que garanticen la transparencia, la responsabilidad y el respeto por los derechos humanos en el uso de estas tecnologías.
En conclusión, la inteligencia artificial representa una herramienta poderosa que puede transformar positivamente la sociedad si se utiliza con responsabilidad y ética. Sus beneficios en eficiencia y avance científico son innegables, pero también es necesario abordar los retos sociales y éticos que conlleva. Solo así se podrá maximizar su potencial para mejorar la calidad de vida de las personas y construir un futuro más justo e inclusivo.

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Un nuevo comienzo

Hoy empiezo a escribir porque31082694655?profile=RESIZE_400x siento que algo dentro de mí necesita ordenarse. No solo mis apuntes, mis horarios o mis tareas atrasadas, sino también mis pensamientos. Comenzar el segundo semestre de la preparatoria se siente diferente al primero. Ya no es ese inicio lleno de nervios por no conocer a nadie o por no saber dónde están los salones. Ahora es más profundo, más interno. Es como si este semestre no solo fuera una nueva etapa escolar, sino una oportunidad real de mejorar, de demostrarme que puedo hacerlo mejor que antes.

El primer semestre fue un golpe de realidad. Llegué a la prepa con muchas expectativas, creyendo que sería parecido a la secundaria, pero no lo fue. Las materias son más pesadas, los profesores exigen más y nadie te está recordando a cada rato que entregues tareas o estudies para un examen. Al principio me sentí perdida. Hubo días en los que llegaba a casa cansada, con la mochila llena de libros y la cabeza llena de dudas. Me preguntaba si de verdad era capaz, si estaba a la altura, si no me estaba quedando atrás sin darme cuenta.

Reconozco que no di lo mejor de mí en el semestre pasado. Me confié. Dejé trabajos para después, estudié a medias y muchas veces preferí el celular o dormir en lugar de repasar. No fue que no me importara la escuela, sino que no supe organizarme ni manejar la presión. Cuando llegaron las calificaciones, sentí una mezcla de alivio y decepción. Pasé, sí, pero sabía que podía haberlo hecho mucho mejor. Y eso fue lo que más me dolió: no haber dado todo.

Ahora, al iniciar el semestre dos, siento una especie de compromiso conmigo misma. No es solo “echarle más ganas”, como dicen los adultos, sino entender que mi esfuerzo tiene consecuencias reales. Quiero mejorar escolarmente porque quiero sentir orgullo de mí, no solo cumplir. Quiero abrir mis libretas y saber que ahí está reflejado mi esfuerzo, mis desvelos, mis intentos, incluso mis errores, pero sobre todo mi crecimiento.

El primer día de clases de este semestre me senté en el salón con otra actitud. Observé a mis compañeros, a los mismos de siempre, pero algo era distinto. Algunos hablaban de las materias que reprobaron, otros de lo poco que durmieron en vacaciones. Yo, en silencio, pensé en mis metas. No son metas imposibles ni exageradas. No quiero ser perfecta ni sacar puros dieces, solo quiero mejorar, entender más, participar sin miedo y dejar de subestimarme.

Una de las cosas que más quiero cambiar es mi forma de estudiar. Antes lo hacía solo cuando ya no había opción, cuando el examen estaba encima. Ahora quiero intentar algo diferente: repasar poco a poco, preguntar cuando no entienda y no quedarme con la duda por vergüenza. Me cuesta aceptar que no entiendo algo, porque siento que eso me hace ver menos inteligente, pero estoy aprendiendo que preguntar también es una forma de ser valiente.

También quiero mejorar mi organización. Tener una agenda, anotar fechas importantes y no confiar solo en mi memoria. Parece algo simple, pero para mí es un reto. A veces mi mente está tan llena de pensamientos que se me olvidan las cosas más básicas. Quiero aprender a darme tiempo, a no saturarme y a entender que descansar también es parte del proceso, pero sin caer en la procrastinación.

Este semestre también quiero trabajar en mi confianza. Muchas veces sé la respuesta, pero no levanto la mano. Tengo miedo de equivocarme, de que se rían o de sonar tonta. Pero he entendido que equivocarse es parte del aprendizaje. Nadie nace sabiendo y la prepa no es solo para memorizar, sino para aprender a pensar, a cuestionar y a crecer. Quiero atreverme más, hablar más, creer más en mí.

A veces siento presión, no solo por la escuela, sino por el futuro. Todos preguntan qué quiero estudiar, qué quiero ser, qué voy a hacer después. La verdad es que no siempre lo sé. Hay días en los que tengo todo claro y otros en los que me siento completamente perdida. Pero he aprendido que no tener todas las respuestas no significa que esté fallando. Significa que estoy en proceso, y eso también vale.

Mis ganas de mejorar escolarmente no vienen solo de las calificaciones, sino de lo que quiero construir para mí. Quiero demostrarme que puedo ser constante, responsable y disciplinada. No porque alguien me obligue, sino porque yo lo decido. Quiero dejar atrás la versión de mí que se rendía fácil y darle espacio a una versión más fuerte, más segura y más comprometida.

Sé que no será fácil. Habrá días en los que me sienta cansada, desmotivada o frustrada. Habrá exámenes difíciles, tareas largas y momentos en los que quiera tirar la toalla. Pero esta vez quiero recordarme por qué empecé. Quiero recordar esta sensación de inicio, de esperanza, de ganas de hacerlo mejor. Quiero volver a este diario cuando dude de mí y leer estas palabras como un recordatorio de que sí me importa y de que sí puedo.

El semestre dos representa para mí una segunda oportunidad. No para borrar errores, sino para aprender de ellos. Para crecer no solo como estudiante, sino como persona. Quiero aprender a ser más responsable, más paciente conmigo misma y más consciente de mis capacidades. No sé exactamente cómo terminará este semestre, pero sí sé cómo quiero vivirlo: con esfuerzo, con intención y con ganas reales de mejorar.

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