El pueblo de San Pedro vivía con la certeza de que la lluvia no era solo agua. Cuando el cielo se abría en tormenta, los más viejos cerraban puertas, apagaban luces y rezaban en voz baja. No lo llamaban superstición, lo llamaban prudencia. Porque en
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Capítulo 1. Dos pasiones
En la colonia todos conocían a Jorgito. No había día que no se le viera corriendo detrás de un balón, con las rodillas raspadas y la camiseta empapada de sudor.
—¡Pásala, Jorgito! —gritaban sus amigos en la cancha de tierra.
Capítulo I: Las noches inquietas
Tadeo tenía ocho años y una imaginación tan grande como el cielo nocturno que miraba desde la ventana de su cuarto. Vivía con su mamá, Clara, en una casa sencilla frente a una calle angosta donde, al caer la noche, lo