La juventud eterna no es un don del cielo; es una renta altísima que se paga con la sangre de los justos. Julieta lo sabía perfectamente a sus cincuenta y ocho años. Quien la mirase caminar por las calles empedradas del pueblo de Todos Santos juraría
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El silencio de la madrugada en el internado San Judas no era un silencio normal; era espeso, casi sólido. Mateo miraba la pantalla de su teléfono. 12:01 a.m.
Se suponía que todos debían estar dormidos, pero un sonido extraño lo había despertado: un
La pantalla de tu teléfono brilla en la oscuridad del cuarto. Son las 3:14 a.m.
Llevas media hora ignorando ese extraño presentimiento, ese frío repentino que te eriza los vellos de la nuca. Intentas convencerte de que es sugestión psicológica, el e