Te dije que no hicieras ruido (Cuento)

El silencio de la madrugada en el internado San Judas no era un silencio normal; era espeso, casi sólido. Mateo miraba la pantalla de31185559475?profile=RESIZE_400x su teléfono. 12:01 a.m.
Se suponía que todos debían estar dormidos, pero un sonido extraño lo había despertado: un rasguño rítmico, como una uña larga arrastrándose contra la madera vieja del ropero que compartía con su compañero de cuarto, Santi.
—Santi, deja de jugar —susurró Mateo, con la voz rota por el sueño.
No hubo respuesta. Solo el roce. Chrrr... Chrrr... Chrrr...
Mateo encendió la linterna del celular y apuntó hacia la litera de abajo. La cama de Santi estaba vacía, las sábanas revueltas. Supuso que su amigo había ido al baño, pero el sonido seguía viniendo del ropero.
Con el corazón empezando a latir con fuerza en su pecho, Mateo bajó de la litera. Escucho un ruido que sonó como un disparo en la habitación oscura. Se acercó lentamente al ropero. La madera parecía absorber la luz de su teléfono.
Chrrr... Chrrr...
—¿Santi? Si es una broma para TikTok, no es graciosa.
Tomó la manija de metal. Estaba helada, tanto que le caló hasta los huesos. De un tirón, abrió la puerta.
Ropa colgada. Zapatos abajo. Nada más.
Mateo suspiró, aliviado, maldiciendo su imaginación. Pero cuando iba a cerrar la puerta, su teléfono vibró en su mano. Una notificación de WhatsApp. El remitente era Santi.
Santi: Mateo, no bajes de la cama. Salí al baño y vi a alguien entrar a nuestro cuarto. Está metido en el armario. No hagas ruido.
A Mateo se le congeló la sangre. El aire se volvió extrañamente pesado, con un olor rancio, como a tierra mojada y encierro.
Miró la pantalla. Miró el armario vacío.
Entonces, se dio cuenta. Su linterna iluminaba la ropa colgada, pero no proyectaba sombra en el fondo del ropero. Como si algo plano y completamente negro estuviera pegado a la pared trasera.
Poco a poco, los abrigos colgados comenzaron a abrirse paso por sí mismos. Desde el fondo del ropero, dos manos largas, grises y con uñas negras y astilladas se aferraron al marco de la puerta.
Mateo quiso gritar, pero el miedo le secó la garganta. Intentó dar un paso atrás, pero sus pies no respondían; se sentía atrapado en una parálisis de sueño, estando completamente despierto.
Del hueco oscuro del armario emergió un rostro. No tenía ojos, solo dos cuencas vacías y profundas que parecían absorber la poca luz del cuarto, y una sonrisa demasiado amplia, llena de dientes afilados que goteaban un líquido espeso.
La criatura no hizo ningún ruido. Solo extendió un dedo largo y huesudo hacia su propia boca, imitando el gesto de silencio: Shh...
En ese mismo instante, la pantalla del teléfono de Mateo se encendió con un nuevo mensaje de Santi:
Santi: Mateo, por favor dime que estás bien. Vi que cerró la puerta por dentro. ¿Mateo?
El teléfono resbaló de las manos de Mateo y cayó al suelo, rompiendo la pantalla. La luz se apagó.
En la penumbra total de la habitación, lo único que Mateo pudo escuchar antes de sentir una mano fría cerrándose alrededor de su tobillo fue un susurro áspero, directamente pegado a su oreja:
—Te dije que no hicieras ruido.

Temas por etiquetas

Archivos mensuales

Luis Alberto Leal Espinoza published an article
28 de Jun.
Luis Alberto Leal Espinoza published an article
28 de Jun.
Luis Alberto Leal Espinoza published an article
28 de Jun.
Sofía Regina Hernández published an article
26 de Jun.
Sofía Regina Hernández published an article
26 de Jun.
Tina published an article
19 de Jun.
Sofía Regina Hernández published an article
15 de Jun.
Sofía Regina Hernández published an article
15 de Jun.
Abril Miranda posted a blog post
12 de Jun.
Tina published an article
10 de Jun.
Andar Educativo posted a blog post
4 de Jun.
Andar Educativo posted a blog post
4 de Jun.
Andar Educativo posted a blog post
4 de Jun.
Andar Educativo posted a blog post
4 de Jun.
Andar Educativo posted a blog post
4 de Jun.
Luis Alberto Leal Espinoza published an article
4 de Jun.
Más...