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En cada ciudad existen lugares que guardan historias que no aparecen en los mapas, pero que viven profundamente en la31103686079?profile=RESIZE_400x memoria de sus habitantes. Son espacios donde transcurre la vida cotidiana, donde se forman amistades, donde se descubren talentos y donde muchas veces comienza a construirse el destino de una persona. En la ciudad de La Paz, uno de esos lugares es la Escuela Secundaria José Vasconcelos, una institución que a lo largo de los años se ha convertido en un punto de encuentro para generaciones de jóvenes que han encontrado entre sus aulas algo más que educación: han encontrado una comunidad. La historia de esta secundaria no comienza únicamente con la construcción de un edificio o con la colocación de los primeros ladrillos, varillas o concreto. Su historia empieza con una necesidad colectiva, con el crecimiento de una ciudad que buscaba abrir más caminos para la educación de sus jóvenes. A finales del siglo pasado, La Paz vivía un proceso de expansión. Nuevas colonias surgían en distintos sectores Olas Altas, Diana Laura, La Phitaya, La Fuente Tabachines, Camino Real, El Progreso, Miramar y las familias que llegaban buscaban un lugar donde sus hijos pudieran estudiar, crecer y prepararse para el futuro.

Fue entonces cuando surgió la idea de crear una nueva secundaria que atendiera a los adolescentes de esa zona en crecimiento. El proyecto comenzó a tomar forma con la selección de un terreno amplio, un espacio que con el tiempo se convertiría en un lugar lleno de voces, risas, aprendizajes y recuerdos. Durante el año 2000 comenzaron los trabajos de construcción. Quienes pasaban por el lugar veían cómo, poco a poco, el terreno se transformaba. Primero llegaron las máquinas, luego los cimientos, después las paredes y los techos. Lo que antes era un espacio vacío comenzó a convertirse en una escuela. El plantel fue construido por el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPECE), la propiedad está a cargo de la Secretaria de Educación Pública y se entregó el 14 de junio del 2001; el terreno consta de 14,858 metros cuadrados. Alrededor del mes de septiembre del 2001, se empezó la construcción del aula didáctica, laboratorio, una cancha de usos múltiples techumbre metálica y el portón de acceso.

Al principio el plantel contaba con algunas aulas, sanitarios, áreas exteriores, un laboratorio y una cancha de usos múltiples. No era una escuela grande todavía, pero tenía algo que sería fundamental para su futuro: el entusiasmo de quienes creían en el proyecto educativo. Ese 2001 marcó el nacimiento formal de la secundaria, aunque su verdadera historia comenzaría meses después, cuando los estudiantes cruzaran por primera vez la puerta del plantel. Siendo inaugurado el ciclo escolar 2003 por el Licenciado Leonel Cota Montaño, las autoridades que participaron en la intervención fueron: Profesor Víctor Manuel Lizárraga Peraza, como Secretario de Educación Pública, Antonio Fonseca Amador como director y Renato Vázquez como encargado de la obra en la dirección de CAPECE. Por órdenes del Prof. José Antonio Flores Cota, Jefe del Departamento de Secundarias Generales. Les solicito a trabajadores de distintas instituciones que se unieran al cuerpo de una nueva Escuela Secundaria. Aquella primera generación estaba formada únicamente por tres grupos de primer grado: primero “A”, primero “B” y primero “C”. Para esos jóvenes, la secundaria era una experiencia nueva y emocionante. Dejaban atrás la primaria para iniciar una etapa que marcaría profundamente su adolescencia. Los primeros maestros también recuerdan ese momento con claridad. Algunos llegaron al plantel cuando todavía faltaban detalles por terminar en las instalaciones. Sin embargo, eso no impidió que las clases comenzaran con entusiasmo. Había energía, compromiso y una fuerte convicción de que la educación podía transformar la vida de los estudiantes.

El 15 de agosto del 2000, se presenta a trabajar el director de nombre: Prof. Héctor Medina Castro, quince Docentes, cinco del personal administrativo y 118 alumnos, 65 hombres y 53 mujeres de nuevo ingreso a la educación secundaria. El personal estuvo integrado por; Los profesores del equipo de Docente; Profesor Héctor Medina Castro, Profesor José Alfredo Arce Rubio, Profesora Doraliz Chollet Rochin, Profesor Francisco Javier Zúñiga, Profesor Alberto Winkler Cota, Profesor José Vega Hernández, Profesor Rene Magadan Toribio, Profesora Yolanda Armenta Villegas, Profesora Selene Guadalupe Luna Ochoa, Profesora Lorena Guadalupe Carmona Güido, Profesor Norberto Castro Zazueta, Profesora María Victoria Cota Talamantes, Profesor Jesús Alfredo Torres, Profesor Gerardo Geraldo Cota. Equipo administrativo. Conformado por: Alma Consuelo González Olachea, María Teresa Orozco E., Marisela García Sánchez, Ana María Avilés Lizardi, Joel Espinoza Piñuelas.

Se convocó a toda la comunidad escolar, maestros y padres de familia, para elegir el nombre de la escuela, de la cual hubo varias propuestas, como; Jaime Torres Bodet, Francisco Villa, José Vasconcelos siendo esta última la ganadora, propuesta del Profesor Gerardo Geraldo, el 12 de diciembre del 2002; como también la convocatoria del escudo que representaría a la escuela, siendo ganador el profesor Alfredo Arce Rubio. El nombre elegido para la institución también tenía un significado profundo. La secundaria fue nombrada en honor a José Vasconcelos, uno de los pensadores y educadores más influyentes en la historia de México. Vasconcelos fue un gran promotor de la cultura, la lectura y la educación como herramientas para construir una sociedad más justa y más consciente.

Su visión educativa defendía la idea de que las escuelas debían ser espacios donde los estudiantes no sólo aprendieran materias académicas, sino también desarrollaran sensibilidad cultural, pensamiento crítico y valores humanos. Ese espíritu inspiró desde el inicio el trabajo educativo de la secundaria.

Con el paso de los primeros ciclos escolares, la escuela comenzó a crecer. Nuevos estudiantes se inscribían cada año y poco a poco la matrícula aumentaba. Fue necesario ampliar las instalaciones, agregar más aulas y fortalecer las áreas de trabajo académico y administrativo. Pero más allá del crecimiento físico del plantel, lo que realmente comenzó a consolidarse fue su identidad como comunidad educativa.

En el mes de agosto del 2002, llega como Director el Profesor Armando Ramírez Villalobos.
Para el ciclo 2003-2004 ya se contaba con los tres grados con un total de 315 alumnos
Viendo la necesidad de ampliar la escuela a un turno vespertino en este ciclo escolar 2006- 2007 con tres grupos “F, G, y H”.
En este periodo se realizó la oficina de USAER y prefectura al lado izquierdo de la entrada al pórtico para mayor visibilidad de los trabajos ante los grupos que se apoyan. Para el día 11 de marzo del 2009 llego a la institución escolar el Profesor Antonio Bareño Arce, como director del plantel.

En este periodo se realizó la Plaza Cívica y asta Bandera. El 21 de septiembre del 2010 se presenta como Directora la Profesora María de los Ángeles Contreras Verdugo; por licencia de salud se ausento en julio del 2013. El 22 de agosto de 2013 llega de Director interino el Profesor Placido Félix Cota Peralta, hasta el mes de mayo 2014 que regresa la Directora María de los Ángeles Contreras Verdugo; hasta el 28 de octubre del mismo año, presentándose como Director el Profesor Alberto Javier González Pérez.

La vida escolar continua año tras año y con ello, los subdirectores del turno matutino; El primero fue el Profesor Juan Manuel Martínez Castro, en el año 2004, el Profesor Mario Chavira Romero, en el año 2005 hasta el 2011, La Profesora María del Jesús Castro Moller, el 22 de agosto del 2011 llega la Subdirectora Profesora Judith Grijalva Rivera, del 15 de octubre del 2016 al 15 de agosto del 2017 Profesora María Vitoria Cota Talamantes, en el periodo 2017 hasta 2023 la Profesora Karina Elizabeth Susarrey. Actualmente la Profesora Alejandra Abaroa Camacho en agosto 2023 llega a nuestra institución. Los Subdirectores del turno vespertino; el Profesor Marco Antonio Villegas Ibarra, Profesor José Hernández Zúñiga, Profesora María Guadalupe Alemán González, Profesor Martin Hipólito Sánchez Escopinichi, Profesor Alfredo Arce Rubio, Profesora Zaira Inclán Angulo, Profesora María Victoria Cota Talamantes del 01 de marzo al 14 de octubre 2016, actualmente se encuentra Profesor Rumualdo Gutiérrez Ramírez.

Cada lunes por la mañana, estudiantes y maestros se reunían en la cancha para realizar los honores a la bandera. Bajo el cielo azul característico de La Paz, la comunidad escolar se formaba en filas para iniciar la semana con un acto cívico que recordaba la importancia de la identidad nacional, el respeto y la responsabilidad. En esos momentos se escuchaban discursos, se reconocían logros académicos y se motivaba a los estudiantes a continuar esforzándose en sus estudios. Para muchos jóvenes, esos actos formaban parte de la rutina escolar, pero con el tiempo se convertirían en recuerdos imborrables.

Las aulas, por su parte, comenzaron a llenarse de historias. Cada salón tenía su propio ambiente: estudiantes que participaban activamente, otros más reservados, algunos que descubrían su talento para las matemáticas, otros que encontraban en la lectura o la escritura una forma de expresarse. En el ciclo escolar 2016-2017 se empezó el proyecto de la Biblioteca comunitaria por un grupo de alumnos asesorados por la Profesora Manuela Ávila Espinoza; los alumnos que representaron al grupo fueron: Alvares Maldonado Francisco Javier, García Cervantes Luis Alberto, Ortega Sánchez Julián Gabriel, Sánchez Reyes Andrómeda Jazel, Núñez Mexia Noelia Adahy y Moreno Vázquez Francisco Emiliano este último con discapacidad, por tal motivo se hizo énfasis en que fuera una biblioteca inclusiva, así en este proyecto se involucró a toda la comunidad escolar como a la vecinal se llevó a cabo su inauguración el 15 de marzo del 2018 por el gobernador Carlos Mendoza Davis. En el 2019 como acto de memoria de una muy querida Directora de nuestra escuela se le puso el nombre de Profesora María de los Ángeles Contreras Verdugo.

Los maestros desempeñaban un papel fundamental en ese proceso. No sólo impartían conocimientos; también escuchaban, orientaban y acompañaban a los estudiantes en una etapa de la vida llena de cambios. Muchas veces, detrás de una clase de historia o de ciencias, existía también una conversación sobre los sueños de los alumnos, sus preocupaciones o sus metas para el futuro. Con el tiempo, las actividades culturales comenzaron a ocupar un lugar importante en la vida escolar. Festivales, presentaciones artísticas y celebraciones tradicionales se convirtieron en momentos de convivencia que fortalecían el sentido de pertenencia.

Uno de los eventos más esperados por los estudiantes era el festival de Día de Muertos. Durante esa celebración, los alumnos elaboraban altares, presentaban bailables y compartían con orgullo una de las tradiciones culturales más importantes de México. La escuela se llenaba de colores, flores de cempasúchil, música y creatividad. También los eventos deportivos se volvieron parte esencial de la vida del plantel. En la cancha de usos múltiples se realizaban torneos de fútbol, básquetbol y voleibol donde los estudiantes demostraban su energía y espíritu competitivo. Para muchos jóvenes, esas actividades deportivas eran una oportunidad para fortalecer amistades y aprender valores como el trabajo en equipo, la disciplina y la perseverancia.

A lo largo de los años, las primeras generaciones comenzaron a egresar. Aquellos estudiantes que llegaron cuando la escuela apenas comenzaba terminaron su educación secundaria y siguieron su camino en preparatorias, universidades o en el mundo laboral. Sin embargo, muchos de ellos nunca olvidaron su paso por la secundaria. Algunos regresaban tiempo después para visitar a sus maestros, recorrer los pasillos o recordar anécdotas con antiguos compañeros.

Con cada generación que pasaba por sus aulas, la escuela acumulaba nuevas historias. Historias de amistad, de superación, de descubrimientos personales y de sueños que comenzaban a tomar forma. Como toda institución educativa, la secundaria también enfrentó desafíos. Cambios en los programas educativos, nuevas exigencias académicas, necesidades de infraestructura y transformaciones sociales que impactaban la vida de los estudiantes. Pero en cada uno de esos momentos la comunidad escolar buscó mantenerse unida, recordando siempre el propósito fundamental de la escuela: formar jóvenes con conocimiento, valores y sentido de responsabilidad social.

Hoy, después de más de dos décadas y media desde su fundación, la Escuela Secundaria José Vasconcelos sigue siendo un espacio lleno de vida. En la actualidad cuenta con una matrícula de 932 alumno de ambos turnos, 512 alumnos turno matutino 281 hombres, 231 mujeres y 410 alumnos turno vespertino 210 hombres y 200 mujeres. Nuestra Escuela ha sobresalido en actividades deportivas, culturales, cívicas y académicas tanto que ha pasado que en un ciclo escolar no existieron reprobados por el gran compromiso que cuenta los Docentes como todo el personal, es un orgullo para la comunidad y para todos los que de alguna forma participamos para lograrlo.

Cada inicio de ciclo escolar, nuevos estudiantes cruzan por primera vez la puerta del plantel. Algunos llegan con nervios, otros con entusiasmo, pero todos comparten la misma expectativa: comenzar una nueva etapa en su formación. Los pasillos vuelven a llenarse de conversaciones juveniles, los salones se convierten nuevamente en espacios de aprendizaje y la cancha vuelve a reunir a estudiantes y maestros en ceremonias y actividades escolares. La escuela continúa escribiendo su historia día tras día. Cada clase impartida, cada generación que se gradúa, cada actividad cultural o deportiva forma parte de una memoria colectiva que pertenece a toda la comunidad.

En el corazón de La Paz, esta secundaria permanece como un símbolo del valor de la educación y del compromiso de una comunidad, de los maestros y personal que labora ahí, que cree en el poder del conocimiento para transformar vidas. Y mientras nuevas generaciones sigan llegando a sus aulas, la historia de la Secundaria José Vasconcelos seguirá creciendo, manteniendo vivo el espíritu educativo que inspiró su nombre: el legado de José Vasconcelos, quien soñó con un país donde la educación fuera el camino para construir una sociedad más libre, más consciente y más humana.

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Loreto constituye un enclave histórico de primer orden en el noroeste de México. Fundado en 1697 por el jesuita Juan María de13675040880?profile=RESIZE_400x Salvatierra, fue el primer asentamiento misional permanente de la península de Baja California y, durante varias décadas, funcionó como la capital política, religiosa y administrativa de las Californias.

La historia de Loreto no puede comprenderse sin el contexto cultural de los pueblos indígenas que habitaron la región: Cochimíes, Guaycuras y Pericúes, cuyas formas de vida fueron profundamente transformadas a partir de la llegada de los misioneros. En esta publicación se busca exponer la interacción entre estas comunidades y los proyectos coloniales de la Monarquía Hispánica, subrayando la centralidad del mar como elemento articulador.

Antes de la llegada europea, la península de California estaba habitada por grupos seminómadas con base en la caza, la recolección y el aprovechamiento de los recursos marinos.

Cochimíes: ubicados principalmente en la zona centro y norte de la península. Su lengua, hoy extinta, pertenece a la familia yumana (Aschmann, 1959). Se organizaban en bandas móviles y practicaban la recolección de semillas, frutas de cactus y raíces, así como la pesca en temporadas.

Guaycuras: asentados en la región centro-sur, particularmente entre Loreto y La Paz. Eran nómadas estacionales que alternaban entre las sierras y la costa (Del Barco, 1973). Se distinguían por el uso de balsas primitivas para la pesca y por una organización social basada en clanes.

Pericúes: concentrados en el extremo sur de la península y en las islas cercanas. Su economía estaba fuertemente ligada al mar, con especial énfasis en el buceo para obtener conchas, moluscos y perlas, actividad que posteriormente interesó a los colonizadores (Mathes, 1989). Se les atribuye una de las manifestaciones culturales más complejas de la península y protagonizaron la rebelión indígena de 1734-1737, que puso en jaque el sistema misional.

Estos pueblos también dejaron como legado las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco y la Sierra de la Giganta, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que evidencian una cosmovisión ligada a la caza, los rituales y la vida comunitaria.

Tras varios intentos fallidos de colonización en los siglos XVI y XVII (expediciones de Hernán Cortés en 1535 y Sebastián Vizcaíno en 1596), fue la Compañía de Jesús la que logró establecer un asentamiento duradero.

El 25 de octubre de 1697, el padre Juan María de Salvatierra, acompañado por un reducido número de soldados y marineros, fundó la Misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó, considerada el origen del sistema misional en las Californias (Clavijero, 1852). Desde Loreto partieron expediciones para fundar nuevas misiones hacia el norte, constituyendo una cadena que se extendería hasta la actual California estadounidense.

Las misiones buscaban integrar a los indígenas a la vida sedentaria mediante la enseñanza de la agricultura, la ganadería y diversos oficios. Sin embargo, este proceso también significó la erosión de sus costumbres ancestrales y, sobre todo, el impacto devastador de enfermedades introducidas, que diezmaron drásticamente a la población nativa (Mathes, 1970).

Durante el virreinato, Loreto fue designado como la capital política y administrativa de las Californias, categoría que abarcaba tanto la península como los territorios septentrionales. Desde este puerto se organizaron expediciones, se supervisó el avance de las misiones y se mantuvo la comunicación con el resto de la Nueva España.

La centralidad de Loreto se mantuvo hasta 1777, cuando la capitalidad se trasladó a la Alta California, y posteriormente, en 1829, a La Paz, debido a los daños que un huracán ocasionó a la infraestructura de Loreto. No obstante, su papel fundacional lo consolidó como el corazón histórico de las Californias.

El Mar de Cortés, también conocido como Golfo de California, ha sido un elemento central en la historia loretana. Para los pueblos originarios fue fuente de subsistencia y espiritualidad; para los colonizadores, una ruta estratégica y una fuente de riqueza mediante la extracción de perlas (Mathes, 2006).

En la actualidad, el mar continúa siendo parte de la identidad de Loreto, gracias al Parque Nacional Bahía de Loreto, con sus islas Carmen, Coronados, Danzante, Monserrat y Santa Catalina, reconocidas como Patrimonio Mundial.

Loreto representa el punto de convergencia entre tres dimensiones históricas:

La herencia indígena de los cochimíes, guaycuras y pericúes, cuyas culturas dejaron huellas materiales y espirituales en la península.

El proyecto misional jesuita, que transformó profundamente las estructuras sociales y sentó las bases de la colonización novohispana en el noroeste.

El papel político y estratégico de Loreto como primera capital de las Californias y centro de expansión hacia el norte.

De esta manera, Loreto no es únicamente un sitio turístico o natural, sino un espacio fundacional que articula pasado y presente, raíces y modernidad, tierra y mar.

Referencias bibliográficas
Aschmann, H. (1959). The Central Desert of Baja California: Demography and Ecology. Ibero-Americana 42. University of California Press.

Clavijero, F. J. (1852). Historia de la Antigua o Baja California. México: Imprenta de Juan R. Navarro.

Del Barco, M. (1973). Historia Natural y Crónica de la Antigua California. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Mathes, W. (1970). California Mission Documents: Collection of Jesuit Letters and Reports. Dawson’s Book Shop.

Mathes, W. (1989). Las misiones de Baja California, 1683-1849. México: Secretaría de Educación Pública.

Mathes, W. (2006). Californiana I: Documentos para la historia de la demarcación comercial de California, 1583-1632. México: Universidad Autónoma de Baja California Sur.

UNESCO (2003). Rock Paintings of the Sierra de San Francisco. World Heritage List.

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