Nunca pensé que las cosas pudieran cambiar tan rápido. A veces siento que la vida da tantas vueltas que me cuesta seguirle el paso.
Hace un año yo pensaba que lo tenía todo “seguro”: mis amigas de siempre, mi rutina en la secundaria, mis lugares conocidos. Y ahora, de repente, ya nada es igual. Algunas de esas amigas se fueron distanciando, otras cambiaron. Yo misma siento que ya no soy la misma. La vida me empujó a soltar personas y momentos, aunque yo no quisiera.
Me impresiona cómo lo que antes parecía eterno ahora solo es un recuerdo. Esa banca donde siempre nos sentábamos, los chismes de pasillo, hasta los regaños de los profes… todo quedó atrás. Y aunque me da nostalgia, también me hace pensar que nada está escrito, que la vida siempre puede sorprenderme.
A veces duele. Hay días en los que extraño cómo eran las cosas. Pero también hay otros en los que me emociono al ver lo nuevo que llega. Porque la vida, con sus vueltas, también me ha dado cosas bonitas. He conocido gente que me hace reír de verdad. He descubierto que soy capaz de adaptarme, aunque me dé miedo.
Creo que eso es crecer: aceptar que nada es permanente, que siempre estamos girando como en un carrusel. A veces estamos arriba, con todo brillando; otras veces abajo, con las luces apagadas. Pero el carrusel nunca deja de girar.
La vida da vueltas, y aunque a veces me maree, sé que cada vuelta me enseña algo. Solo espero aprender a disfrutar más el viaje, aunque no siempre entienda hacia dónde voy.
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