Hoy escribí este página pensando en mi familia, en todo lo que somos y en todo lo que hemos vivido juntos. A veces no me detengo a pensarlo porque la rutina, la escuela y mis propios problemas me absorben, pero cuando se acerca la Navidad todo parece volverse más lento y más profundo. Es como si el ambiente me obligara a mirar hacia adentro y a darme cuenta de que, aunque no somos una familia perfecta, somos mi lugar seguro.
Mi familia no es de esas que siempre están de acuerdo o que viven sin problemas. Al contrario, discutimos, nos cansamos unos de otros y muchas veces no sabemos cómo decir lo que sentimos sin lastimar. Sin embargo, cuando pienso en ellos, también pienso en apoyo, en risas inesperadas y en esos pequeños gestos que dicen más que mil palabras. Pienso en mi mamá, que siempre está pendiente de todo aunque esté agotada; en mi papá, que a veces no expresa mucho sus emociones, pero demuestra su amor trabajando y cuidándonos; y en esos momentos simples que, sin darme cuenta, se han vuelto recuerdos importantes.
La Navidad me hace pensar en todo eso. No en los regalos caros ni en las fotos perfectas, sino en la posibilidad de estar juntas, de compartir una cena sin prisas y de sentir que, al menos por una noche, todo está en calma. Espero que esta Navidad podamos dejar a un lado los enojos acumulados del año, las preocupaciones económicas y el estrés diario. Deseo que podamos reírnos sin tensión, que podamos hablar sin reproches y que el ambiente sea más ligero, aunque sea solo por unos días.
Como adolescente, muchas veces siento que no encajo del todo en mi familia. Estoy creciendo, cambiando, buscando quién soy, y eso provoca choques. A veces me siento incomprendida, como si nadie entendiera realmente lo que pasa por mi cabeza. Sin embargo, también sé que mi familia intenta acompañarme a su manera, aunque no siempre lo hagan de la forma que yo quisiera. Esta Navidad quiero darme la oportunidad de ser más paciente, de escuchar más y de valorar el esfuerzo que hacen por mí.
Sueño con una Navidad sencilla pero llena de significado. Me imagino la mesa puesta, el olor de la comida, las luces encendidas y la sensación de estar en casa. Quiero guardar en mi memoria esos momentos, porque sé que no siempre serán iguales. El tiempo pasa rápido y algún día miraré atrás deseando volver a estos instantes, incluso con sus imperfecciones.
Al escribir esto, me doy cuenta de que la Navidad también es una oportunidad para agradecer. Agradecer que tengo una familia con la que puedo compartir, que no estoy sola y que, aunque tengamos problemas, seguimos siendo un equipo. Espero que esta Navidad sea un recordatorio de que el amor no siempre es perfecto, pero sí real. Y que, pase lo que pase después, siempre tendré estos recuerdos para volver cuando necesite sentirme acompañada.
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