Hoy decidí escribir porque siento que mi cabeza va a explotar. No sé si es normal, pero cada vez que me gusta alguien siento un torbellino en el pecho que no me deja en paz. Lo raro es que a veces no sé ni siquiera si de verdad me gusta o solo es la idea de sentirme querida. Es como si confundiera la emoción con el cariño verdadero. Me pregunto si alguna vez lograré distinguir lo que es amor de lo que es solo ilusión.
Hace unos meses pensé que había encontrado a alguien especial. Él era atento, siempre me preguntaba cómo estaba, y en sus mensajes sentía un calorcito que me hacía creer que le importaba de verdad. Pero luego, cuando lo veía en persona, parecía diferente, como si yo fuera invisible entre tanta gente. Eso me confundía más que nada. ¿Era mi imaginación? ¿O él también estaba jugando a mostrarse de una forma en línea y de otra en la vida real?
Me atormenta porque yo soy de las que da mucho, aunque ni siquiera tenga claro qué estoy recibiendo. Escribo cartas que nunca entrego, imagino conversaciones que nunca pasan y, lo peor, pienso demasiado en lo que significan los silencios. ¿Un “visto” es rechazo? ¿Un “me gusta” en mis fotos es interés? Me siento atrapada en un rompecabezas sin instrucciones.
La confusión me lleva a preguntarme si de verdad estoy hecha para esto del amor. A veces me convenzo de que no necesito a nadie, que puedo sola y que mi felicidad no debe depender de alguien más. Pero en las noches, cuando cierro los ojos, me descubro deseando que alguien piense en mí tanto como yo pienso en esa persona.
No sé si esto es amor adolescente, inmadurez o solo miedo. Tal vez sea un poco de todo. Lo que sí sé es que cada emoción que siento me hace crecer, aunque duela. Porque al final, entre la confusión y la incertidumbre, estoy aprendiendo algo importante: que no puedo mendigar cariño, y que si alguien me hace sentir invisible, quizás nunca estuvo destinado a quedarse en mi vida.
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