Estas últimas semanas en la preparatoria han sido muy extrañas. Todo comenzó cuando empezaron los rumores sobre un paro administrativo. Al principio nadie entendía bien qué estaba pasando. Algunos compañeros decían una cosa, otros decían algo completamente diferente, y los maestros tampoco explicaban mucho. Solo se sentía un ambiente raro, como de incertidumbre.
Después se confirmó que sí habría paro administrativo y todo se volvió un caos. Las clases comenzaron a cambiar constantemente. Un día había actividades normales y al siguiente ya no sabíamos si entraríamos o no. Creo que lo más desesperante era no tener información clara. Todos estábamos confundidos y preocupados porque nadie sabía cuánto tiempo duraría la situación.
Aunque muchas personas pensaban que dejar de tener clases sería algo divertido, la verdad es que no lo sentí así. Al principio sí pensé que sería como unas pequeñas vacaciones inesperadas, pero rápidamente me di cuenta de que no era tan sencillo. Tener la escuela detenida también significa retrasos, estrés y preocupación por lo que pasará después.
Lo que más me afectó fue la incertidumbre. Me gusta tener una rutina, saber qué actividades tengo y cómo organizar mi tiempo. Pero durante el paro todo se sentía desordenado. Algunos maestros enviaban tareas, otros no. Algunos decían que los trabajos contarían y otros todavía no sabían. Era difícil concentrarse porque parecía que todo estaba detenido a medias.
También empecé a notar el estrés en mis compañeros. Muchos estaban preocupados por sus calificaciones, especialmente quienes iban mal en algunas materias y necesitaban recuperar puntos antes del cierre de periodo. Otros estaban molestos porque sentían que perder clases afectaría su aprendizaje. Cada quien vivía la situación de manera diferente, pero todos compartíamos la misma sensación de incertidumbre.
En mi caso, hubo días en los que disfruté descansar un poco más y no levantarme tan temprano. Pero después comenzaba a preocuparme pensando en cómo recuperaríamos el tiempo perdido. Porque al final sabemos cómo funciona la escuela: todo lo que no se hace ahora termina acumulándose después. Y eso significa más presión para todos.
Lo más extraño era ver la preparatoria tan diferente. Normalmente siempre hay ruido, estudiantes caminando, maestros hablando y personas entrando y saliendo de los salones. Pero durante esos días el ambiente se sentía vacío y apagado. Era raro pensar que un lugar tan lleno de vida pudiera cambiar tanto de un momento a otro.
El paro también me hizo reflexionar sobre cosas que antes no pensaba demasiado. Me di cuenta de que muchas veces uno da por hecho que la escuela siempre estará funcionando igual, pero detrás de todo existen problemas administrativos y laborales que también afectan a las personas que trabajan ahí. A veces, como estudiantes, solo vemos la parte superficial sin entender realmente lo que ocurre.
Sin embargo, creo que lo más difícil fue sentir que estábamos atrapados entre decisiones que no podíamos controlar. Nosotros solo queríamos seguir estudiando y terminar el periodo tranquilamente, pero dependíamos completamente de lo que sucediera entre la administración y la escuela.
A pesar de todo, esta experiencia también unió un poco más a los estudiantes. Muchos comenzaron a compartir información, ayudarse con tareas y mantenerse al tanto de cualquier noticia. Incluso en medio de la confusión, se sentía cierta solidaridad entre todos.
Ahora las cosas parecen más tranquilas, pero todavía queda esa sensación de desorden. Seguramente pasarán algunos días antes de que todo vuelva completamente a la normalidad. Aun así, creo que esta situación me enseñó que no todo siempre sale como uno lo planea y que a veces debemos aprender a adaptarnos aunque las circunstancias sean inciertas.
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